domingo, 12 de junio de 2011

Ser madre, y cuarta carta a "Yo Lector" publicada en el año en LNR



Gustav Klimt: "Las tres edades de la mujer" ("Three ages of woman")
   

    "No hay nada que sobrepase a la madre.

    La conexión con ella es la base de todo éxito en la vida"

Bert Hellinger

  Para Hellinger, pensador que introdujo el concepto de "constelaciones familiares", y sobre el cual hoy muchos terapeutas trabajan, el tratamiento psicoterapéutico de un miembro de eso que el considera una "constelación", se aborda como un emergente, como un síntoma o señal de algo que no está funcionando bien (o, como se dice en la jerga "Psi", "dis-funcionando"), en todo el engranaje familiar. Para este filósofo, la conexión con la madre es esencial, en tanto es la clave de todos los vínculos que entablamos en la vida, y sobre todo, el vínculo que logramos establecer con nosotros mismos . Y, por consiguiente, la clave de nuestra propia felicidad. Hellinger también se ocupa de la figura paterna, pero hoy quisiera acotar mi reflexión a LA MADRE, aunque "padre y madre" por estos días se me hacen lo mismo, y encuentro muchas similitudes en las diferencias.
 Yo por estos días estoy "maternando" profusamente, como, creo, todas las mujeres hacemos, con o sin conocimiento de causa, y con o sin hijos. Y ésto me hace "des-cubrir", es decir, "sacar a la luz", el hallazgo de que,  hoy por hoy,  me estoy encontrando fundamentalmente y cara a cara, con LA MADRE QUE HABITA DENTRO MÍO Y ME MATERNA A MÍ; y que es, nada más ni nada menos, que la encarnación y re-creación de todas y cada una de las figuras maternas que pasan y han pasado por mi vida.

"Yo misma, madre de mi propio ser gracias a todas las madres encarnadas con las que  conecto, conecté y re-conecté, y gracias a la madre que soy y que materna y me materna desde la luz."

 Está, en  principio, y eternamente omnipresente MI MAMÁ. Una Mamá con quien la conexión ha sido siempre profunda, fluida, y nutricia. MI MAMÁ, quien hasta hoy funciona como MI MAMÁ, a quien necesito como la niña que fui y que vive en mí, necesitando de su mirada, su palabra, su escucha y su presencia, y que ahora también veo desde otro lugar más maduro y equilibrado, en todo su esplendor y humanidad de FIGURA MATERNANTE  para mí, para mi papá, para sus padres y suegros, cuando les llegó el turno de ser maternados amorosa y lealmente hasta el fin por ella, para su tía, a quien cuidó en su enfermedad siendo ella muy joven, para mi hermana, niña de ayer y mujer-niña hoy,  para sus yernos, que se nutren de sus ricas comidas y detalles maternos, para mis hijos, para mis sobrinos, y para ella misma, ahora con un nido que es "tomado por asalto" por todos sus "hijos" varias veces por semana, porque sigue funcionando como nido no vacío.
 Están mis abuelas, madres de mis padres, con quienes debí "re-conectar", y lo hice, de hecho, como su presencia en fotos y referencias se refleja en este blog.  Abuelas que maternaron a sus hermanos al quedar huérfanas, a sus propios padres, a sus hijos, a sus esposos, a sus nietos, y a sí mismas, en los mares del destierro, la inmigración, la soledad de la maternidad por aquellos días, la pérdida de seres queridos, la enfermedad, la escasez, la viudez...
 Está mi suegra, madre de mi esposo y figura maternante de su esposo ahora enfermo, de todos y cada uno de sus hijos aquí o más allá, de su hermano y su familia, de su madre y su suegra ya idas, a quienes también debió maternar hasta el final, y ahora figura maternante de sus nietos, mía, y de sí misma, tratando de darse lo que necesita para maternar a su esposo en el camino de la enfermedad hacia la salud.
 Está mi hermana, madre de sus hijos, figura maternante para su esposo, para nuestros padres, para sus sobrinos, para su hermana mayor, para sus amigas, para sus suegros y sus cuñados, para sus pacientes, y para ella misma.
  Están estas amigas que una va encontrando en el camino, madres que aparecen y elegimos para que nos "maternen" con su sabiduría y experiencia de vida distinta a la propia, con los detalles autobiográficos íntimos de sus historias de maternaje que comparten con nosotras y que nos hacen más y mejores madres en el compartir, en el enlazar, y que funcionan como puente para ese encuentro tan necesario y conmovedor con la madre que encarnamos cada una de nosotras para tantos seres.
 Amigas como Ale, una amiga que eligió no tener hijos, como ya dije, pero que materna a su esposo, a su propia madre, ahora ya mayor, a su hermana, a sus mascotas, a su amiga Fer, aunque no se dé cuenta, y a ella misma.
 Mujeres que una no conoce personalmente, pero que ha leído o escuchado, y desde allí me maternan de diversas maneras. Los ejemplos abundan, y si mencionara algunos, sería injusta con los que omito mencionar. Laura Gutman sería el mejor ejemplo.
 Maternar es una rueda alimenticia de exquisito perfume, suave textura, agudo olfato, reconfortante tacto, oído afinado, y resonancias místicas. Todo esto me recuerda a esa preciosa novela que ya alguna vez cité, How to make an American Quilt, de Whitney Otto, adaptada al cine como "Donde reside el amor", y que tendría que releer y volver a ver, porque me habita.
 El maternar se convierte en una empática y fabulosamente nutritiva "cadena de favores". Es esa red de mujeres en la que las mujeres nos dejamos caer para rebotar y volver a lograr hacer pie para así enfrentarnos con los vaivenes que conlleva toda vida. Y lo más maravilloso del fenómeno es que el varón es también parte de él, y que también es capaz de maternar, o paternar, que en esencia son la misma cosa, con distinto envase, aroma y espectro.
 Mi compañera Graciela me manda un video de su nieto recién nacido León, y veo a dos ex-alumnas a quienes "materné" mientras guíe su aprendizaje y quién sabe hasta dónde y cuándo, porque ser educador es ser en un hacer maternante en esencia. Y allí las veo devenidas madres, tía, y abuela. 
 MUJERES: ¡QUÉ MARAVILLA!
                                    
 Cada vez que me enfrento con una escena de la vida cotidiana en la que se manifiesta esta simbiótica fusión bien lograda aunque siempre imperfecta, no puedo dejar de conmoverme y sonreír desde la complicidad y el saber de lo que allí está sucediendo.
 Hoy doy gracias a todas y cada una de mis madres, y gracias a la vida y a la Fuente de Vida, Madre Primordial y Primera, es decir, DIOS, que ha generado el encuentro conmigo misma como mi propia madre en la LUZ.


 Casual, o causalmente, ya que cada vez creo menos en las coincidencias, hoy me publican una cuarta carta a "Yo Lector" en La Nación Revista que el editor correctamente plasma así:




  Tal vez te interese leer mi entrada del miércoles 1° de junio, en donde me explayo sobre este tema e incluyo el artículo al cuál mi carta de hoy responde, titulada :


Reflexión sobre el fragmento del libro de Maritchu Seitún publicado en LNR.



  A boca de jarro                                                   

4 comentarios:

  1. Estoy muy sensible ultimamente y por supuesto me emociona leerte.
    Te mando un abrazo y te felicito por tu carta de lectores.
    Moni

    ResponderEliminar
  2. GRACIAS, MONI! Desde ya que el maternaje bien ejercido,y algo sé de tu situación actual por lo que contás en tu blog,y empatizo con vos 100%, nos hipersensibiliza, y está muy bien que así sea, en las buenas y en las malas: mis hijos a veces no entienden por qué también lloro por pura felicidad!
    Un beso grande,
    Fer.

    ResponderEliminar
  3. Hola Fer,

    Hoy lei tu comentario en YO LECTOR en La Nacion y me encantó.
    Debo agregar a todo lo que expresaste en tu post que tambien como escritora nos estas de alguna manera "maternando" a todas.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. ¡Hermoso comentario! Eso sí que no me lo imaginaba, o al memos, no había llegado a hacerse algo conciente:¡cuánto me alegra poder ser útil desde mi experiencia y vivencia auténtica de la maternidad a otros seres maternantes!
    Infinitas gracias, Vanina, INFINITAS!!!
    Un gran abrazo!
    Fer.

    ResponderEliminar

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."