jueves, 17 de enero de 2013

Como vasija hundida en un mar seco


   

 

  El oftalmólogo me derivó a un reumatólogo porque se sospecha que padezco de un síndrome que lleva el nombre del científico sueco que lo identificó, Sjögren. Mejor no hagan como hice yo mientras espero el resultado de los análisis, que incluso pueden resultar imprecisos para el diagnóstico, y se pongan a googlearlo en internet, porque se pueden llegar a asustar, como me pasó a mí. Confórmense con lo básico: es una enfermedad autoinmune sistémica que se caracteriza por afectar principalmente a las glándulas exócrinas que conduce a la aparición de sequedad en ojos y boca principalmente y es bastante común en mujeres en la cuarta y quinta década de la vida. Sus causas se desconocen aunque se supone que son hereditarias. Y aún no hay una cura.

  Mientras espero más precisiones y junto todo el pelo que se me cae, también por el sueco éste o por la chifladura, como especuló la dermatóloga ayer, aunque ahora, por si acaso, me va a ver un endocrinólogo ya que estamos, los días se me hacen interminables y recibo muchas palabras que sé bienintencionadas, pero que me confunden aún más que la idea de cómo puede verse afectada mi vida si en efecto padezco de este mal que puede traer otros bemoles. Me dicen que no tema, ya que el miedo es lo opuesto del amor, que somos nosotros los arquitectos de nuestro propio destino, que nuestra mente puede alcanzar todas las metas que nuestros anhelos añoren con sólo proponérselo y que puede sanar todas las heridas y males que ella misma recrea, aunque inconscientemente. No lo entiendo. No entiendo nada. Será mi ignorancia emocional, esa que hace que sea de esas débiles criaturas que se sienten como vasija hundida en un mar seco al enfrentarse cobardemente con la enfermedad. 

  Prefiero creer que tememos porque amamos la vida y lo que vino con ella,  la única bella y terrible realidad que conocemos, y que el destino es aquello que, como dedicados artesanos, construimos día a día con los materiales que nos han sido dados, sin un plan ni un diseño demasiado elaborado; y que la creencia de que querer es poder vende mucho pero en verdad no cura todo los males y es humildad y sabiduría aceptarlo: los ejemplos abundan. 

  Todo esto no invalida, sin embargo, la férrea decisión de dar batalla, a la que reconozco como voluntad, hermanada con el impulso vital más profundo. Quisiera hacer con estos mitos, si se me permite, lo que hace el joven alfarero de una tribu india con la vasija que recibe de manos del experimentado y añoso artista alfarero que sabe que llega su ocaso: hacerlos añicos para moldear mi propia vasija, una que salga a flote, ya que son ideas que generan más culpa y más insatisfacción de la que suele acompañarnos cuando el oleaje de lo cotidiano se presenta plácido y manejable, pero resultan confusas y desesperantes cuando las aguas se agitan y nos sentimos como encallados en las profundidades de un mar seco del que deseamos emerger, precisamente por amor al aire fresco que de vez en cuando, aún en veranos sofocantes de esperas e imprecisiones como éste, nos refresca cuando estamos a flote.

  Cuenta Eduardo Galeano:

"A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla."


   Romper la vasija no es una exigencia: es una necesidad para el crecimiento personal del ser que somos, para el empuje que precisamos para emerger de lo profundo y lo oscuro, para encontrar la salida del laberinto. La vasija debe ser rota aunque los pedazos de aquellas que sirven como matriz se incorporan, rediseñados por nosotros mismos esta vez, ya adultos y maduros gracias al haber hecho trizas el ánfora dada, para lograr aquella que será finalmente nuestra propia obra y finalmente nuestro legado que otro hará trizas para reciclarlo y recrearse. Y sospecho que ésto nos pasa varias veces en la vida. En mi caso lo asocio con estos períodos en los cuales pierdo la brújula y me enfrento con la enfermedad.


  Dice Jorge Bucay al respecto de esta historia que él incluye en una versión más extensa en una reflexión recortada y atesorada de una vieja e imprecisa edición de la revista Viva que me encontré en estos días de poca lectura y mucha desorientación con respecto a qué hacer para llegar a la orilla de la sanación, sea como la recuperación de la salud perdida o la aceptación de un mal que no mata pero que me cambiará para siempre:

"... hayamos sido arrasados o bendecidos, nunca hay otro remedio que no sea construir desde y con lo que realmente ha quedado.
Todos los pueblos del mundo que han padecido catástrofes, guerras o graves períodos de crisis se han rehecho desde los cimientos de lo que les quedaba.
Cada persona que ha debido superar una hecatombe interna o externa sólo ha podido rehacerse cuando desde su interior aprendió a confiar en los recursos que aún guardaba.
Nadie resurge contando solamente con sus esperanzas o confiando en la ayuda que los de afuera habrán de acercar.... nada nos servirá si no echamos mano a nuestra propia riqueza, a nuestros más guardados recursos, a nuestra sapiencia y creatividad, a nuestra capacidad y nuestro trabajo."

 Ese es el trabajo que me ocupa en estas vacaciones. De todos modos, tomo la ayuda de las manos que busco y encuentro en el camino. Es un camino que debo recorrer una vez más, como cuando leí esta reflexión y decidí guardarla para siempre porque también me sentía vasija hundida y reseca. Es tiempo de reencontrar ese sentido de fluido equilibrio que no es más que la salud y de hacerlo con lo que cuento en mi haber y lo que ya he aprendido en otras oportunidades en las que se perdió, aunque esas herramientas que empleé entonces exitosamente para rastrearlo no salgan a la superficie en esta exploración tan fácilmente como el impulso que me llevó a releer y a hidratarme otra vez de estas enseñanzas que ya forman parte de los cimientos de mi identidad.



A boca de jarro

16 comentarios:

  1. Hace año y medio le diagnosticarón a mi padre un cancer en las cuerdas vocales. Su más preciado tesoro pues nada agradece más en esta vida que arrancarse a cantar rodeado de la familia o amigos. Después de prestarse a un muy molesto tratamiento de raioterapia todo pareció quedar solucionado, pero a principios de este mes le dierón la noticia de que se le había reproducido. El próximo martes pasará por el quirófano.

    Mi padre nunca durante este tiempo perdió un ápice de su humor y con esa mágia a logrado hacernos mucho mas llevadero a todos su enfermedad. El propio médico se sorprendió cuando le confesó que esto no cambiase en nada su vida. Doctor -le dijo- el cancer es cosa suya; yo lo que tengo que hacer es vivir.

    Mi padre tiene la enfermedad, pero no la sufre.
    Debemos pensar que esto no es tan complicado.

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    1. Creo que la condición de buen humor de tu padre frente a su mal es también, como lo que me sucede a mí, una condición que está escrita en los genes. Te aseguro que soy absolutamente conciente de que, de todos los males posibles que podrían haberme tocado, éste es uno menor. Pero por ahora estoy procesando el impacto y me siento emocionalmente inestable: hay momentos en los que pienso que saldré adelante sin mayores complicaciones ni molestias y otros en los que me da mucho temor y mucha rabia. En lo profundo de mi ser sé que lo que no te mata, te hace más fuerte.

      Le deseo lo mejor a tu padre el próximo martes y te envío un abrazo.

      Gracias por tus palabras, que me ubican en la realidad de la vida más allá de mi propio ombligo.

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  2. Fer, tienes todo el talento necesario para escribir un libro apasionante, independientemente del tema que trates. Sabes describir con precisión y con pasión las sensaciones y los sentimientos, el dolor y la esperanza. Cuando el Alfarero del universo, en el que depositas tu fe, termine tu nueva ánfora serás una nueva Fer...pero mientras tanto descansa en vacaciones y también después y deja que la vida fluya suavemente con todos sus encantos.
    bsssosss

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    1. Verás, mi querido Spa (me gustó el diminutivo que usó Towanda, tanto como su aporte a tu última publicación): yo no soy la persona indicada para juzgar mis talentos, pero te digo que escribir se ha hecho una necesidad vital para mí, un cable a tierra, un fluir que me colma de satisfacción y me hace volar. Eso es lo que yo entiendo por felicidad. Lo de escribir un libro es otro cantar y adoro cantar también. Hay muchos logros soñados que poco tienen que ver con el talento en su realización.

      Has sido muy sensible al notar que la imagen del alfarero se refiere en definitiva a ese Dios en el que creo profundamente pero con quien estoy un poco decepcionada y hasta enojada, porque siento que ha apartado sus ojos de mi vasija. Hasta Jesús sintió lo mismo al enfrentarse con el miedo al sufrimiento, el dolor y la muerte, tan humanos. Él tampoco se lo tomó a la ligera, así que ¿por qué habría de hacerlo yo? Pero tengo en claro que Jesús sufrió unos días, y el resto del tiempo se la pasó de comida en comida, poniendo vino y alimento donde faltaban, sanando y regalando felicidad y amor incondicional sin esperar nada a cambio, viajando y haciendo migas con toda clase de gente a pesar del qué dirán. Esa es la vida de Jesús: una vida intensa, llena de alegría, de seres amados, de palabras dichas a bocajarro sobre ciertas cuestiones políticamente incorrectas, de viajes y festejos alrededor de mesas compartidas, aunque lo que más popular se ha hecho fue su calvario y su muerte en cruz. Yo quiero una vida intensa.

      Dicen los que saben que el enojo y la decepción son sentimientos normales en el enfrentamiento de la enfermedad, aunque la mía no sea una condición fúlmine, como tantos se empeñan en recordarme. Lo único que puedo decir es que sé perfectamente que soy muy cobarde y tiendo a agigantar las dificultades en mi mente, ese lado oscuro de mi naturaleza lo conozco muy bien y hago mucho por combatirlo, aunque parece que cuanto más lucho contra esa sombra más fuerte la hago. Y sé también que no hay nada peor ni más terrible que lo que nos sucede a nosotros mismos, de la piel para adentro, así que la experiencia de los demás poco ayuda aunque se valora y se agradece.

      La vida fluye lenta y por estos días no saboreo todos sus encantos. Son rachas. Todos transitamos por nuestros desiertos de tanto en tanto. Pero no me cabe duda de que será una cuarentena renovadora y emergerá una nueva y fortalecida persona de esta aridez.

      Muchísimas gracias, querido amigo, y besos mil!

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  3. Fer no se que alcance puede tener esa enfermedad, y creo que en este momento tu tampoco lo tienes muy claro, creo que debes esperar los resultados de las pruebas, y agobiarte después...porque puede que no sea tan grave como tu mente imagina...
    en cualquier caso, debes afrontarlo con buen animo y no con pesimismo, creo que los consejos que has elegido son los adecuados...
    Tengo que leer algo más de Galeano...de Bucay tengo todos sus libros, me encanta su forma de contar las cosas, y sobre todo su actitud positiva...
    un abrazo y espero que todo sea menos grave de lo que temes...

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    1. Yo tampoco sé mucho, Julia, por eso estoy un tanto desorientada y asustada, aunque hasta donde me han dicho no es grave: faltan los resultados de los análisis médicos.

      Todos me dicen buenamente cómo debo afrontarlo. Te aseguro que hago lo mejor que puedo para sacar coraje y pensar en positivo, pero se fluctúa.

      Un abrazo y muchas gracias por tu apoyo y tus palabras de aliento!

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  4. No cabe duda que esta carrera de obstáculos que es la vida nos pone muchas veces a prueba y no cabe otra que salir hacia adelante, buscar hasta el ultimo recodo de nuestro ser y encontrar esa fuerza necesaria para conseguirlo, seguro que si tú fallas tendrás otros enchufes cercanos donde recargarte.
    Hacía mucho que no pasaba por aquí, ya sabes que el tiempo es ese amigo que nos visita, a veces, y no todo lo que quisieramos. Desearte una pronta recuperación y desde aquí mandarte muchos besos de gofio.

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    1. Hola, Gloria!

      El tiempo: ¡maldito villano!

      Por suerte, como bien apuntas, tengo varios enchufes donde recargo. Este jarro y todos quienes acuden aquí a comentar conforman una enorme fuente de energía, así es que te agradezco las buenas vibras que me transmites.

      Un beso grande!

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  5. Nunca está tan oscuro como antes de amanecer.

    Desde afuera se ve todo más fácil, es así, por eso creo que uno debiera tratar de ser "el observador", como dicen los budistas. Cómo carajo se hace eso, no lo sé, pero casi podría segurar que ese es el rumbo.

    El comentario de "desastre manifiesto" respecto del humor del papá, me genera dos reflexiones: a) cada uno es como es y hay gente más valiente que otra -yo soy un cagón, si hay un pic nic de cagones yo manejo el micro, así que no me estoy poniendo de ejemplo, ni mucho menos-. Un amigo personal, médico cirujano, está peleando hace varios años contra un cancer que va y vienen -últimamente viene más que va- y al tipo lo ves "entero" incluso cuando pesa 30 kilos menos de lo que llegó a pesar y b) volviendo a los budistas, pero principalmente al sentido común "el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional" . Seguramente es difícil, pero creo que se puede hacer algo para que el dolor (físico o emocional) no se transforme -al menos totalmente- en sufrimiento.

    No me putees, ya dijimos que de afuera todo se ve más fácil.

    Un beso grande y a tu disposición

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    1. Jamás te putearía, amigo. Hay momentos en que logro esa observación, aunque lejos estoy de la iluminación y el nirvana... Es un oleaje donde hay que remarla por un tiempo, hasta ver el horizonte. Pero tenés razón: no hay dolor, hay sufrimiento en este caso.

      Un beso enorme y gracias!

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  6. Hola Fer, hace mucho que no blogueo, hoy tuve ganas de hacerlo y lo primero que hice fue entrar a tu espacio. Sólo quiero decirte lo siguiente: la transformación es posible siempre y a cada momento. Los diagnósticos son sólo una foto de un momento. Fuerza, ánimo y mucho amor! abrazo fuerte.

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    1. Hola, Lore! Cuánto tiempo!!! Te extraño mucho. Tus comentarios siempre me enriquecen. Comprendo la metáfora de la foto, el tema es que subjetivamente se siente mucho más largo que un momento...

      Muchísimas gracias por la visita, el apoyo y te mando un beso enorme!

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  7. Sí lo se... no es fácil! pero, por sobre todo, confiá en el poder de transformación que esta experiencia y vos misma pueden ejercer sobre tu cuerpo físico-emocional.
    Gracias por decirme que me extrañas, me impulsas a volver a este espacio! tengo ganas de empezar a escribir otra vez.
    Estoy por acá, otro abrazo más fuerte aún!!!!!

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    1. Gracias por volver, Lore! Me regalaste las palabras justas que necesitaba oír este domingo por la mañana. Es claro que la lección de vida más importante que esta situación me impone es aprender a confiar, sobre todo, en mí misma. Es el próximo paso en mi crecimiento como persona, sin duda alguna. Te aseguro que hago todo lo mejor que está en mí para alcanzarlo. Y además no estoy sola en ésto, lo cual es fantástico.

      Me haría mucho bien contar además con vos, Lore, siempre me hace bien leer tus escritos, comer de tu jardín de cerezas, ya es tiempo de más cerezas jugosas, Lore:¡dale, volvé! Imagino que tu vida floreció más allá de los límites de este jardín, pero sería sensacional para mí y creo que para otros e incluso tal vez para vos misma que volvieras.

      Beso gigante desde el alma!

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  8. Si uno está sometido a una tempestad en medio de un océano convulso de poco le va a servir recurrir a la paz interior. Por eso tantas palabras tópicas de consuelo demuestran su banalidad cuando uno vive en medio de un huracán.En estas situaciones es cuestión de apretarse bien fuerte a los que están cerca y dejar que no te arrastre la emotividad o las perversiones de la mente desbocada.
    He visto además en que consiste tal síndrome y lo veo cercano a otra enfermedades de tipo indeterminado con características muy diferentes y manifestaciones variadas. En mi entorno inmediato tengo personas con dolencias semejantes y llevan una vida perfectamente normal.
    No te asustes, Fer, eso es lo más importante.

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    1. Gracias, Doc., por ser tan buen doctor de mi alma. Lo que dices es lo que trato de hacerles entender a todos quienes buenamente me dicen lo que "debo" hacer, y lo intento, pero no estaré en paz hasta que se aquieten las aguas. No dudo del hecho de que voy a continuar llevando una vida normal con ciertas molestias, pero no puedo evitar preocuparme por cuán molestas serán. Y decirme que no me asuste a mí, a la más miedosa del barrio, llega tarde, Doc. Ya estoy cagada en las patas (muy asustada), como decimos aquí. Los doctores me asustan, aunque no el Krapp, la enfermedad me da miedo y soy muy cobarde cuando de perder la salud se trata. De todos modos trato de hacer lo mejor dentro de lo que humanamente puedo.

      Un beso.

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."