viernes, 31 de mayo de 2013

Las palabras que nos dan miedo


Salvador Dalí , "Durmiente, caballo, león invisibles", 1930.


"The matter is difficult to put into words. For fear, real fear, such as shakes you to your foundation, such as you feel when you are brought face to face with your mortal end, nestles in your memory like a gangrene: it seeks to rot everything, even the words with which to speak of it. So you must fight hard to express it. You must fight hard to shine the light of words upon it. Because if you don't, if your fear becomes a wordless darkness that you avoid, perhaps even manage to forget, you open yourself to further attacks of fear because you never truly fought the opponent who defeated you."
                                               Yann Martel, Life of Pi, CanonGate, 2003.

"La cuestión es difícil de poner en palabras. Ya que el miedo, el miedo real, tal como el que hace temblar tus cimientos, tal como el que sientes cuando te ves confrontado cara a cara con tu mortalidad, anida en tu memoria como una gangrena: intenta pudrirlo todo, aún las palabras con las que lo nombra. Entonces debes luchar denodadamente para expresarlo. Debes luchar denodadamente para hacer brillar la luz de las palabras sobre él. Porque si no lo haces, si tu miedo se convierte en una oscuridad muda y sin palabras que evitas, y que quizás hasta te las ingenies para olvidar, te abres a más ataques de su parte, ya que tú nunca luchaste verdaderamente contra el enemigo que te derrotó."
                                                               
                                               Mi traducción. El subrayado es mío también, para mi mamá y Lola

  Estas palabras provienen de un bello libro que recibí de regalo porque adoro su magistral versión cinematográfica, titulada en español "Una aventura maravillosa". Me orejeó la página donde se lee este soberbio pasaje mi compañero de vida, quien sí lo está leyendo y disfrutando, y quien lo compró para mí. Pero yo no tengo suficiente tiempo para leerlo ahora, ya que vivo dando y recibiendo palabras en diversas lenguas, incluso las no verbales, desde mis diversos roles de madre, esposa, ama de mi casa, hija natural, política y adoptada, hermana, tía, cuñada, profesora de lengua inglesa, empleada, compañera de trabajo, vecina, ciudadana, autora de un blog, comentadora de unos cuantos, etc. Esas palabras son la sabia savia del libro de la vida que voy escribiendo con alegría en este tramo. Pero me quitan tiempo de absorber esa otra savia que viene de los libros y poemas que me obsequia o recomienda gente entrañable que también ama y honra la palabra a diario. 

  La palabra que más nos asusta, creo entender, es MIEDO. El miedo, como reflexionaba hace un par de días con alguien que me llama "mujer valiente", y sobre el cual escribí mucho, leí bastante, enfrenté, vencí y combato permanentemente en la realidad que me ha tocado vivir, tiene muy mala prensa, y sin embargo, he logrado amigarme con él, aún cuando emerge y me hunde en sus abismos de tanto en tanto. Como tantas emociones del espectro llamado "negativo", ha sido bastardeado, patologizado y empastillado. No obstante, es muchas veces una voz que debería ser escuchada, aún en aquellos casos en los que encuadra dentro de lo que nos paraliza y nos desborda, como alguna vez me ha sucedido como al mejor. Es una señal de alarma que todas las especies animales acatan por puro instinto de supervivencia. Y si nos desborda, no hay que salir corriendo al Borda. Hay que mirarlo a los ojos y entablarle una guerra a brazo partido hasta vencerlo, para que emerja de vez en cuando otras muchas veces, pero entonces, contaremos con las armas necesarias para ponerle coto. Como la luz del sol, la oscuridad del miedo, aunque no la veamos "...siempre está."

  Tenemos en la Argentina a un excelente médico y psicoterapeuta serio, Norberto Levy, quien escribió una serie de libros titulados La sabiduría de las emociones, breves reflexiones sabias al alcance del lego. Lo que escribe sobre el miedo es una biblia emocional para mí, ya que a pesar de que algunos me creen "valiente", me sé miedosa. Levy le dedica un capítulo a lo que caratula como "La dignidad del miedo", donde lo reivindica sin vanagloriarlo. Una breve cita de esa carátula basta para darse una idea del bien que hace esta emoción tan humana y útil:



"El miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla. Sin embargo, nuestra confusión e ignorancia lo han convertido en una emoción negativa que debe ser eliminada."


  El peor miedo que conozco es el miedo al miedo, ese que los psicólogos denominan "miedo anticipatorio", es decir, la certeza de la emoción asfixiante que se aproxima ante un hecho que hemos de enfrentar, y que genera ese angostamiento en la garganta tan tangible para el cual la palabra es angustia, otra que mete miedo. Se trata de un sentir muy humano, muy poco hablado a calzón quitado entre nosotros, pero espeluznante y difícil de combatir. Levy me enseñó que mi abuela tenía razón al decirme tantas veces que el miedo no es zonzo, o sonso, (ya no le tengo miedo a la RAE), ya que no existen miedos injustificados, ni siquiera esos que nos paralizan porque desconocemos su origen, y que nadie está totalmente libre de miedo, sino que quien se cree o es considerado valiente, es en verdad un ser que maneja las armas para luchar contra el miedo que ya ha sentido hasta los tuétanos y enfrentado otras veces, o bien quien lo reprime y sublima sólo para que le termine explotando en la cara como una olla a presión que indefectiblemente lo hará en alguna curva sinuosa del camino de la vida. El decirle a alguien de quien este gigante negro del alma se ha apoderado que no debe temer es un sinsentido mayúsculo e inútil, que además conlleva una descalificación de la dignidad de su persona y de la emoción misma, ya que el miedo ya lo tiene atrapado entre sus garras sencillamente porque no ha contado con los recursos para nos ser atrapado por él. El mejor consejo que se puede dar en esos casos es: 
-Enfrentate con tu miedo, escuchalo, intentá dialogar con él y cuando descubras su inutilidad y su efecto sobre tu luz, hacelo un bollo y tiralo al cesto de la basura, aunque no sea nada fácil y lleve tiempo. 

 Tiempo: otra palabra que asusta, ¿cierto?

  Este mes de mayo, dedicado a la palabra, hoy termina con un hecho que me dejó pasmada y le abrió las puertas a mi viejo amigo, conocido por todos, el miedo a la muerte, una muerte inesperada e insospechada, aunque así es el tobogán de la vida, hecho sobre el cual voy a escribir por necesidad en breve, como hago siempre. Pese a todo, este vibrante mes de la palabra no se me va a olvidar fácilmente, como no se deja atrás al miedo, porque este mayo he logrado vencer unos cuantos miedos antiguos y cronificados: el miedo a darle a quienes admiro el crédito que merecen y a decirles que los quiero por el amor que compartimos por la palabra compartida y por ser quienes somos y compartirnos a través de ella, el de destapar la olla de algunos miedos "Bíblicos" que me avergonzaba sentir, el de llamar a las cosas por su nombre públicamente y en diversas lenguas, como lo hago en privado, el miedo a decirles a mis padres y a otros seres relevantes en mi vida real y virtual, que se me hace cada vez más concreta, lo que sentía que debía ser dicho a tiempo, el de mostrarme tal cual soy en mi sentir por mi reñida pero sentida argentinidad, sin temor a que mis escritos sean tildados de sentimentalismo o patrioterismo, y abriéndome al acuerdo en el desacuerdo constructivo o la incomprensión que respeto de quienes se consideran apátridas, y hasta al de desafinar al agregarle mi voz a mis letras, cantando a gritos junto a la dulce voz de mi hija y a capela, desnudando por fin mi más auténtico ser en palabras que el viento echa a correr. Finalmente, derroté el miedo a manifestar mi gratitud en mayúsculas, con signos de complicidad y admiración que no me animaba a usar por el temor a lo poco serio o literario, el miedo que compartimos muchos a que la palabra "escritor/a" nos quede grande,  aunque de hecho escribimos y garabateamos emociones, como muchos lo hacen como oficio y sin demasiado talento, recibiendo mucho dinero por ello, con editor y editorial que los respalda y los coloca en el escaparate de la hoguera de las vanidades, todo esto sin el miedo de emplear esta magna palabra para autodenominarse así sin siquiera merecerlo. Ya no temo expresar mis sentimientos, como por ejemplo ahora, que llegó el momento de decirles de verdad, como siempre lo hago:


GRACIAS ;) !!!

                                                                  
A boca de jarro

30 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente, más ahora me pregunto si cuando el miedo trascendental y el miedo cotidiano se diluyen también lo habrá hecho nuestra vida, al menos en su aspecto más convencional. Ojo, no afirmo, tan se trata de una interrogante que me ha surgido tras la lectura de tu entrada. Bsss.

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    1. Es una excelente pregunta, en absoluto convencional, que habrá que responder a fuerza de seguir viviendo y enfrentando nuestros miedos uno a uno mientras tengamos la enorme dicha de seguir viviéndola, querida emejota. Gracias por pensar conmigo sobre estas cuestiones tan trascendentales como cotidianas.

      Bss & kisses!

      Fer

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  2. Irresponsablilidad, libertinaje, soberbia, incompetencia, insconciencia..., estas son algunas de las palabras que a mí me dan miedo, porque cuando estas desgracias se generalizan en una sociedad siento que la gente como nosotros, la gente que responde por sus actos, que sigue una disciplina, que respeta a sus iguales, que se involucra en lo que hace, que le preocupa lo que pasa..., somos los que vamos a padecer las consecuencias; y esa es la injusticia más atroz de todas lass imaginables.

    Un abrazo.

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    1. La lista es muy larga, Manuel, y ya hemos hablado de todas esas cuestiones políticas y sociales en otros posts que a mí también me meten miedo, y seguamente volveremos a hacerlo. Este va para mí misma, ante todo, y para personas que quiero y que enfrentan miedos más personales y viscerales que proceden de la confontación con la enfermedad y la muerte, "palabra fuerte"...

      Gracias por tu aporte y un beso grande!

      Fer

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  3. Hola Fernanda, encantada de conocerte, también yo te enlazo, es un placer leer lo que escribes. Yo también, como tu, siento que tantas cosas que soy me hayan impedido leer tantos sabios libros, me siento aliviada de ver que no soy la única, quizá la enseñanza de la propia vida sea tan sabia como los libros, bien es verdad que nos gustaría alargar más nuestro tiempo para meterlo todo dentro de él. También comparto tu decisión de perder el miedo a llamar a las cosas por su nombre, creo que eso me ha ido ocurriendo a través de mis cumpleaños, cada día soy más clara en mis sentimientos y palabras y descubro los grandes beneficios que ello me produce, seguramente dirán que son cosas de viejos pero ya dejó de importarme
    Un abrazo desde Canarias!!!

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    1. Hola, Rita!

      Encantada de tenerte en el jarrito y de que seas tú la número 200, que había 200 el jueves, pero una se arrepintió por miedosa, se la perdió, y yo perdí lo que le aposté al 200 ese día... poca cosa... nunca juego, pero creí que era mi día de suerte. Lo cierto es que como jubilada me entenderás: no importa tanto la cantidad como la calidad. Así que encantada de que seas tú la número 200 y de que quedemos mutuamente enlazadas!!!

      Te agradezco tus cálidas palabras sobre mi escrito. Ya has visto que a veces me indigno y me harto, y entonces no resulto tan dulce ni comprensiva con la naturaleza humana. Pero esta es otra cuestión y va dirigida a mi madre y a una abuela que es como una mamá virtual y adoptiva.

      Y lo que me dices es muy valioso, Rita. Primero, concuerdo que no hay mejor libro del cual aprender sobre las emociones que la vida misma, aunque hay tramos oscuros en los que hace falta algún bastón o un farol, y ahí están hombres como Levy y sus libros para apoyarte en ellos y alumbrar la oscuridad para encontrar el camino de salida del pozo. Y segundo, me dan ganas de seguir cumpliendo años, para deschavetarme cada año un poco más hasta terminar en pelotas por el living de casa bailando y cantando con el miedo encerrado en su jaulita... Si esas son las mal llamadas "cosas de viejos", pues bienvenidas sean.

      Canarias: ¡qué bonito lugar para vivir! Me encantaría conocerlo algún día... Todo llega, dicen... veremos. Como va el euro aquí, dificulto por ahora, aunque como bien dice el poeta:

      "Todo pasa y todo queda,
      Pero lo nuestro es pasar,
      Pasar haciendo caminos,
      Caminos sobre la mar...

      Golpe a golpe, verso a verso..."


      Muchísimas gracias, bienvenida y un abrazo fuerte desde Buenos Aires, Argentina, el culo del mundo, literalmente hablando ;)!!!

      Fer

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  4. Gracias por visita y por tus comentarios,sinceras.
    Le hago un mas uno a ti blog.
    Saludos desde el culo del mundo.

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    1. Pienso, Brooklyn, y te juro que pienso mucho en Brooklyn y lo tengo en la mira, que es un noble gesto de tu parte haberte llegado hasta el culo del mundo a dejarme un comentario. Muchos me hicieron "más uno" en la entrada y en el blog, y lo agradezco infinitamente, pero me vale más un "tête à tête" así como el que emprendiste: ese es el arte de bloguear para mí, sinceramente, como suelo despacharme, ahora más que nunca antes.

      Saludos y gracias por compartir el buen humor, que no abunda, a diferencia del miedo, y es su mejor antídoto!!!

      Tu nueva seguidora Fer.

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  5. Querida amiga, como ya comentamos y coincidimos -creo- el miedo es una emoción humana, que nos prepara para lidiar con determinadas circunstancias, enfrentándolas, huyendo de ellas, esquivándolas, o lo que salga. Hay miedos existenciales -como el miedo a la muerte, que se va corporizando a medida que nos vamos poniendo viejos, o cuando la salud comienza a fallar-, hay miedos patológicos -como los que continúan a pesar que el peligro haya desaparecido-. Todos tienen algo en común: son reacciones humanas normales. Tener miedo no es ser cobarde, ni cagón, cada uno es como es. Lógicamente que hay gente que tiene menos miedo que otra, de la misma forma que hay gente más alta que otra. El que tiene menos miedo no es mejor que el que tiene más miedo, solamente que el que teme menos, sufre menos. Eso y nada más.

    Leí una vez algo con lo que concuerdo: todos los miedos se resumen en uno sólo o, si querés, todo miedo nace como la creencia que no podremos afrontar las consecuencias que determinado suceso puede tener.

    Me encanta la valentía y franqueza con que escribís. El estilo es impecable, pero eso es lo de menos.

    Besos & abrazos

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    1. Muchas gracias, amigo del alma: creo que en el fondo de la formas coincidimos plenamente, y te sigo recomendado el librito de Levy, te va a gustar. Después por mail te digo dónde se puede conseguir baratito.

      Besos y abrazos de sábado, y arriba con las fotos que viajo gratarola con vos ;)!!!

      Tu amiga Fer

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  6. Vaya el temiste que te elegiste, Fer.¡Si hasta tengo miedo de contestar!
    Comparto tus reflexiones y me identifico con un montón de miedos, empezando por el anticipatorio, que me hizo sufrir mucho en la niñez y en la adolescencia y que ahora he logrado dominar bastante.
    Los miedos por un lado son necesarios como arma de preservación, pero si son exacerbados le quitan el sabor a la vida, la espontaneidad, coartan posibilidades, restringen experiencias. Nos vuelven inseguros y de eso sé un montón.
    Si lo centramos en la palabra, que fue el tema que trataste en este mes, también sé un toco. Tal vez por eso me gustó, desde que pude, escribir. Por un lado tuvo su beneficio: aprendí a escuchar, pero también el miedo a a hablar me limitó en la expresión.
    De algún modo zafé, porque me gustaba toda manifestación artística y en la experimentación y exploración traté de plasmar muchas cosas no dichas.
    Sin embargo los años no sólo traen arrugas, también madurez, entonces uno va comprendiendo el valor de la palabra hablada y qué bien hace cantar cuatro verdades, parar el carro y mostrar lo que se siente, ya sea bronca, un elogio, amor, comprensión... hasta hablar del miedo que nos paraliza.
    Así que sé sobre este tema, lo que no quiere decir que lo haya superado, pero tengo conciencia y sigo aprendiendo.
    GRACIAS a vos, Fer!!!
    Un bsazo.

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    1. Gracias por tu auténtico y sincero testimonio de vida, Mirella. Yo creo que todos sabemos de esto porque esto es lo más humano de nuestra frágil humanidad. Pero es bueno conocerse. ¿Te acordás lo que aprendimos en alguna vez en el cole sobre el aforismo sobre la puerta del Templo griego de Delfos, que reza: "Conócete a tí mismo"? No hay mejor forma de conocernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean que hablar a calzón quitado de nuestra vulnerabilidad y enfrentarla para fortalecerla. Por algo te conté sobre mi insomnio, que se podría usar para escribir una historia que parecería de ciencia ficción... O como la peli con Pacino, "Noches Blancas": ¡cómo me pegó esa peli!

      Todos los que tenemos alguna inclinación artística tendemos a ser temerosos e inseguros, y buscamos la aprobación, aceptación y el reconocimiento de los demás que no encontramos en nosotros mismos, o en nosotras mismas.

      Y las arrugas son maravillosas, Mirella querida, cada día me gustan más, junto a mi celulitis, mis rollitos, mi flaccidez, mis tetas más caídas y toda la enorme liberación en sabiduría de vida que me dan. Ya no dependo de eso para "ser", y es un gran alivio, porque en la adolescencia y la juventud se sufre terriblemente el miedo a no encajar, a no ser aceptado y no resultar atractivo de acuerdo a los parámetros frívolos de belleza que nos imponen. Podría seguir horas charlando con vos, pero justamente me llama la cena del sábado, hipercalórica, y ya logré superar la culpa que solía darme comer lo que se me canta el sábado a la noche y en algunas otras cuantas ocasiones más.

      ¡Feliz noche de sábado, mi escritora de ficción argentina! ;)

      Un besazo enorme y mil gracias por darme las gracias!!!

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  7. Antes de contarte mis miedos, FER, mejor te doy las gracias por hacerte eco del anuncio para los hipotecados preciosa. Ha sido bonito ver las ganas que tiene todo el mundo de ayudar, aunque sea en una cosita así. Ojalá le sirva a alguien y le de un poquito de oxígeno en ese pavor, porque debe ser eso lo que se siente cuando ves peligrar tu casa física y con ella tu hogar.

    El miedo es un enemigo/amigo con el que convivimos desde que nacemos. Es cierto que es una señal que nos alerta y nos hace estar en guardia, pero yo a eso no le llamaría miedo, más bien respeto, precaución, prudencia. Para mi el miedo es invalidante, al menos esta vertiente es la única que considero negativa, cuando algo nos asusta al punto de imposibilitarnos afrontar lo que sea, miedo en grado pánico. Este es al que hay vencer de verdad, ahí sí que hay que sudar sangre para poder con él. Por ejemplo, a mi me produce verdadero pánico las alturas. No supe que tenía vértigo hasta hará unos 4 años, pero físico, mental y visceral, me bloqueé completamente. Fue al bajar una montaña, no creas que escalando, no, solo andando y trepando un poquito. Subí sin problema, fueron como 4 km en zig zag por una ladera, pero al ir a bajar, no pude. Me era imposible ponerme en pie, si me incorporaba todo me daba vueltas, me iba hacia adelante, me mareaba como jamás me ha ocurrido, absolutamente paralizada por el pánico. Me recuerdo acurrucada en el suelo sin poder levantarme, fue terrible. Intentaron convencerme de todas las formas posibles y no hubo forma. Les pedí que me dejaran a mi aire y ¿sabes cómo bajé? con el culo arrastras, las manos por detrás y los pies por delante, qué mal ha sonado eso jajaja pues así. Imagínate cómo me quedaron las manos, pero llegué abajo:-)

    Y luego la otra versión terrible del miedo, la angustia, pero angustia de esa que somatizas, lo peor de lo peor. Ataca por sorpresa, no es como esa angustia tipo tristeza que va apretujando por dentro, no, esa a mi me suele durar poquito. La que me asusta es la me ataca tras situaciones de mucho estrés, de muchísima tensión, justo cuando todo ha pasado... ¡¡zass!! Me ha ocurrido tres veces en mi vida. Es un dolor terrible en el pecho que va a más y más hasta que a penas puedo respirar. La primera vez que me ocurrió me llevaron a urgencias cianótica perdida, no sabía lo que me ocurría, creí que me estaba muriendo y era esto, una crisis de ansiedad de libro. Las otras dos veces, como ya lo sabía no llegué a ese punto y ¿sabes qué, FER? tooodo está en nuestra cabeza, nuestro cerebro entra en barrena y si no lo controlas, te arrastra y eres tú misma, tú, tu única enemiga. He tenido que pasarlo muy mal para darme cuenta que todo está dentro, el problema y la solución. Ahora que lo sé, y lo tengo a raya, creo:))

    Me gusta eso de la sabiduría de las emociones de Levy. Mucha gente las desprecia y yo pienso como él, sin ellas no somos nada, si las escuchamos, conocemos y conseguimos controlarlas, no hay nada que se nos resista;))

    Me alegro que hayas superado tus miedos, al menos algunos que ya es mucho y sí que eres valiente FER, ya lo creo. Te vengo comentando que te noto un antes y un después tan claro, que a veces me dejas impresionadísima y me gusta, me encaaanta sentirte así, tan viva, tan echada para adelante, es un gusto verte/leerte, FER. Genio y figura mi querida argentina ;)) Graacias a ti siempre, cielo.


    Muuchos muuchos besos y muy feliz finde FER.

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  8. Querida María: Nada que agradecerme. Creo que si no nos involucramos todos en esas pequeñas grandes causas que tú has tenido la valentía de dar a conocer en palabras, es simplemente por miedo. Por miedo, los argentinos solemos responder al eslogan maldito del "No te metás", y así nos va... Hay que meterse así, bien, pacífica, ordenada y persistentemente. Creo que es la única esperanza que tenemos de cambio para mejor, ustedes, nosotros y el mundo.

    Te agradezco el compartir tus miedos conmigo, como lo hago yo aquí con ustedes: es la mejor manera de exorcizarlos que conozco.

    Conozco el miedo paralizante, María, lo he sufrido en carne propia, el pánico, y he ido a para a una guardia médica donde me trataron de loca... Y mi hermana padeció por años la misma fobia que tú. ¿Sabes lo que hizo una vez para vencerla? En una playa mejicana, se pagó un parachute que levantaba vuelo sobre el mar arrastrado por una lancha off-shore. Firmó los papeles que te hacen firmar de responsabilidad por tu integridad física, psíquica y de vida, pagó en dólares, que no era poco entonces y menos ahora, se cagó en las patas, gritó en las alturas como una loca, pero lo hizo. Después de eso, se fue a Venecia y Florencia con su flamante esposo de luna de miel, cuando todavía se podía hacer eso para la gente de nuestra clase social en la Argentina. Trepó las escaleras de un sitio del cual no recuerdo el nombre, ya que no he tenido la dicha de visitar Italia "todavía", y, como tú, se quedó sin aire y tuvo que bajar asistida por su esposo, perplejo en su incomprensión, que no se puede culpar, y finalmente bajó arrastrándose de culo y aferrada a la barandilla, pero bajó, igual que tú. Cualquier psicólogo les cobraría fortunas a ambas para curarlas de su fobia a las alturas por una "terapia de afrontamiento", que así le llaman, y les diría que hagan exactamente lo que ustedes han hecho: hacer lo que les da pavura, y listo. En uno de estos últimos veranos, en Córdoba, con su familia, se atrevió a la tirolesa con hijo encima y todo. Se suda sangre, es cierto, pero se logra ¿Quién no lo hace por algo en esta vida? Hasta Jesús sudó sangre y entró en pánico en el Huerto de los Olivos, otro lugar al que deseo ir de visita, la noche en la que sabía que venían por él para crucificarlo, mientras sus amigos dormían... Escalar es una buena cura para tu fobia a las alturas: sigue escalando tanto como te sea posible, y verás como puedes derrotarla, aunque sea haciendo culopatín en el descenso o llamando a la guardia forestal para que te bajen en andas, pero no claudiques. Ese es mi consejo no profesional y gratuito ;)!!!

    Continúa...

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    1. Sobre la angustia, mi querida amiga, debería escribir un capítulo aparte, porque le conozco bien la cara y esas manos gigantes que te acogotan y te sofocan y que en mi caso me mantuvieron insomne cinco días consecutivos con sus respectivas y temibles noches, las del alma angustiada y angostada, durante mi segundo postparto. Quedará para otra vuelta, cómo no, que no he de dejar nada en el tintero mientras Dios me de vida para compartirlo.

      Esta entrada fue por mi mamá, que está con miedo por una cosa de nada, esas nadas que se agigantan para quienes somos miedosos, como le sucede a Lola, aunque lo suyo es más delicado. No se si has pasado a visitarla, pero te pido que tengas a bien hacerlo si aún no has estado por ahí. Por que todo lo que tiene de sabia e íntegra lo tiene de dura: ¡ni siquiera ha contestado los comentarios! Es el miedo el que nos cierra así, lo digo por haber estado ahí, tú me lo has dicho, tú lo notaste, así es que no te sorprendas de que haya encontrado la salida y de encontrarme aquí en la luz, por ahora, amiga del alma!!!

      Un beso enorme de domingo y buen comienzo de semana!!!

      GRACIAS!!!

      Fer

      P.D.: En un rato me voy a leer lo que contestaste sobre mi comentario de Javier Bardem... Mm... Porque conociéndote, se que algo me has contestado. Se viene una entrada "hot" para el invierno del hemisferio sur. Ojalá no te me vayas lejos y puedas leerla y comentarla. Será una gran diversión deschavetarnos un poco y ver qué pasa, ¿no crees?

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    2. Jo, Fer! lo siento, te he leído esto y no quisiera que por mi falta de perspicacia en intuir que necesitabas explayarte con nuestro querido Bardem te prives de semejante placer jajaja ¡¡ venga dale, tú, sin miedo!! ya sabes;)) Además... entre él y Brosnan, xD ¡¡no hay color!! con su aire de medio bruto hondo adorable, sanote, duro, tierno... Bueeeno, ahora, porque en su primera época tenía una pinta de macarra tremenda, MIRA ( no te me desilusiones:)) Como ves el jamón, jamón de Pe, es mucho jamón:-) ... años ha se conocieron en esa peli ( creo) supongo que de aquellos lodos vieron estos casorios entre la bella y la bestia y esto es un decir, porque a mi ella, más allá de lo buenísimos que estén sus jamones que no discuto ( de esos no entiendo) no me gusta naada de naada, es como una Barbie latino/mediterrénea.. Sí, como tú, sin duda me quedo con Bardem. Si se divorcian, te aviso y además ibas a tener una suegra muy simpática, toda marchosa ella. Como ves, miedo a decir tonterías, no he tenido jamás.. debería pillarle un poquito:))

      Espero que Lola esté bien, hace mucho que no sé nada de ella, pero sé de sobra que puede con sus heridas, sus miedos y lo que sea... es todo elasticidad y energía esta increíble mujer;))


      Muuchos muchos besos FER... he visto tu invitación para el teatro, nos vemos a la puerta... iré de blanco, para que me reconozcas... con dos bocadillos de jamón pata negra en cada mano ¿tenéis ahí jamón de este rico? bueeno, no importa, yo te invito :))

      Muaaaaaakkss!! y muy feliz semana bonita.

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    3. Ay, cómo me haces disfrutar, María!!!

      Y yo escribí "BARDEN", y ya no temo cometer faltas ortográficas, priorizo la legítima comunicación como esta, entre amig@s...

      Lo voy a ver a mi Javier Bardem hecho un reo, jamón del medio igual, como diríamos acá, a falta del buen jamón serrano, que se vende pero cuesta un ojo de la cara... Jamón pata negra me va: tengo de ese en casa y duerme en mi cama. Para comer, me van todos los jamones, no así los quesos, aunque le soy fiel al pata negra. Pero definitivamente no me van los de Penélope, que sí, es una Barbie híbrida y "hollywoodizada", como se ha "hollywoodizado" Bardem, pero a él le sienta bien, y qué bien...

      Voy a tener que encender las estufas y escribir esa entrada pronto, antes de que te me vayas de vacaciones. Pondré manos al teclado, aunque tal vez salga algo mezclado con otros amores reales y no de pantalla que he recordado porque me enteré de que uno bien fuerte en el sentir murió el 30 de mayo, el mismo día que mi Amor de hoy cumplió sus 45, y lo bien que le sientan... ¿Tú crees que estas son meras casualidades? Yo no puedo... Ayer habría cumplido 56 años.

      Así es la vida, para él, para su esposa, sus hijos, su hermana, todos sus compañeros, mi padre, que le conocía mucho y le quería bien, para Lola, para tí, para mí, para todos: un tobogán que hay que aprovechar y del que hay que subir y bajar tantas veces como se pueda. Por eso me voy al teatro el sábado, y lamento que no te deje bien ningún bondi... (=colectivo u ómnibus). No faltará oportunidad de compartir un jamoncito aquí o allá si el tobogán nos da cuerda ;)

      Un beso grande y feliz semana para tí también!!!

      Fer

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  9. Me temo que he metido la pata, como es mi costumbre, y he borrado dos comentarios que habían tenido a bien dejarme. Disculpen, e insistan si lo desean, que no meteré la pata en el mismo hoyo dos veces.

    Gracias!!!

    Fer ;)

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  10. No, no soy partidario de mirar al miedo desafiándolo y diciéndole que le vas a dar batalla. Eso es darle demasiada importancia y menudo es él de vanidoso y soberbio para que uno le otorgue más relevancia de la que tiene al considerarlo su principal enemigo.
    Me parece más oportuno ser hospitalario. Invitarlo a comer o un tomar un té con pastas a la media tarde y entonces si podemos mirarle a los ojos y descubrir su verdadera naturaleza. A veces el mismo no tiene tanto valor como creemos, es un simple mensajero de la muerte que tanto nos asusta o del sentimiento de inferioridad o de ese pasado que tanto nos abruma o ese futuro que tanto nos inquieta. Por ello si vamos a la pelea con él podemos gastar nuestras energías en la lucha y no tener suficiente fuerzas para combatir a lo que se esconden detrás.
    Muchos besos luneros

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    1. Buen punto, mi querido Doctor de Almas. Dar batalla no tiene por qué pasar por hacer la guerra tal como la conocemos, mi querido amigo Krapp, ni tampoco las armas serán necesariamente granadas de mano, revólveres o ametralladoras, por mencionar algunas, ya que no conozco del tema: la palabra que me nombra es Paz. En ese tipo de batalla se aloja el peligro del propio suicidio. Y como tú eres el socio fundador del Club de los Suicidas Perezosos, está muy bien hacer de la batalla algo más tranquilo y placentero. El té está muy bien, un capuccino, mejor, las pastas, aún a media tarde, ni que hablar, una buena copa de vino, una rica torta casera, un chocolate con avellanas, un buen paseo por el bosque o por el río o la montaña, o aún en plena ciudad un domingo, llevarlo de la mano como a tu niño Krapp a ver el mar,mirar el cielo nocturno desde algún rincón de tu casa, ir con él al teatro, a un museo, a un vivero o a Viveiro (!!!), regalarle un buen libro que acompañe y nos preste las palabras para hablarle, que de eso sabes y mucho. Y no faltará a la cita la música, de la buena, esa de la cual tú disfrutas, como el poder curativo de Buckley que me voy a escuchar en un rato, o simplemente sacar algún sueño olvidado "de la vieja chistera" (;), y ponerlo sobre la mesita de luz, dejarlo allí y hacer el amor sin miedo y con la luz encendida. Hay mil formas de hacer la guerra mucho más civilizadas que las que conocemos... Por algo hemos llegado a estas alturas del siglo XXI a pesar de todo...

      Muchas veces pienso en aquellos hombres prehistóricos que dormían sobre árboles para no ser devorados por las bestias salvajes durante la noche. Ese miedo ha quedado impreso en nuestros genes, y no se si te pasará a ti, pero a mí me sucede muchas veces que despierto sobresaltada apenas comienzo a conciliar el sueño soñando con una caída y recuerdo a aquellos primitivos: ¡esos sí que no tenían psicoanalistas ni ansiolíticos para el pánico o la angustia y, sin embargo, aquí estamos, gracias a ellos, que nos pasaron su ADN!

      Gracias, Doc.!

      Un beso bajo un sol perezoso en Buenos Aires por estos días!

      Fer

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  11. Querida Fer,
    Gracias a ti por los bellos textos y reflexiones con que alimentas este blog.
    Me han gustado tus palabras sobre el miedo, que en gran parte comparto, y la frase de Norberto Levy.
    Yo lo divido en “dos grandes familias”:
    -Los miedos habituales que van cambiando con nuestra edad y situación personal. No dejan de ser señales de alarma y por eso comparto que es bueno tener miedo, pero sin caer en paranoias irracionales que nos paralicen dejándonos sin saber qué hacer. Hay que asimilarlo y ver cuál es la mejor manera de resolver el problema o la situación que nos produce ese miedo.
    -Luego están los miedos importantes. Más que el “miedo a la muerte”, que a todos nos tiene que llegar pero cuanto más tarde mejor, lo que más tenemos es “miedo a sufrir, a padecer” y más aun a ver sufrir a los que queremos. Estos miedos son muchas veces de difícil solución y nuestro instinto de supervivencia nos ayuda a convivir (o malvivir) con ellos. Es algo muy emocional que me cuesta expresar por escrito.
    Otra gran palabra “disfrutar”. Que disfrutes de la mejor compañía y de la semana!!!
    Petonets,

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    1. Querida Rosa (¡qué lindo es empezar así cuando es auténtico el sentir recíproco!):

      Lo mío es alimento para mí antes que nada, y me alegro de que resulte nutricio para un alma sensible que me regala poemas y preciosuras vía mail como la tuya.

      Sabes, querida Rosa, que lo que dices es todo muy sabio en teoría, pero es que muchos no podemos evitar caer en esos miedos de los llamados "patológicos", porque esa es precisamente la etiología del miedo: es ingobernable cuando ataca. Se puede tratar y se aprende a tomar el té con él,como dice Krapp, a ponerle coto, como digo en la entrada, pero quien cae en el pánico o en una fobia no es un ser irracional, sino un alma que se cayó al abismo de su oscuridad y necesita mucho tiempo y luz para emerger del foso. Se puede: doy fe.

      Con el segundo grupo convivimos a diario y es cierto que van cambiando según la estación de la vida en la que te sientes que te encuentras. Algunos que se creen "forever young", no se asumen como adultos ni finitos y no temen, o simulan no tener miedo...

      Y sobre el sufrimiento, creo que es inherente a la vida, Rosa, todos le tememos porque por más que deseemos evitarlo, es el precio que hay que pagar por esos ratos de felicidad con los que "...De vez en cuando la vida nos besa en la boca...", como canta el Nano.

      Es sumamente arduo ponerle palabras a las emociones, pero lo has hecho muy bien: te he comprendido perfectamente y seguiría charlando de esto contigo por horas, pero tienes tu almuerzo pendiente, y a mí me toca revuelto con lentejas, garbanzos y pancetita ahumada, todo mezclado con huevo revuelto y quesito rallado, más unos fideos que sobraron de anoche... Hoy el gas saldrá de aquí... Así que mejor dejamos ya y cada una a lo suyo sin miedo!!!

      Gracias!!!

      Petonets mil!

      Fer

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  12. Ohhhh, ohhhh, que rico!!!
    La pasta es de lo más agradecido que hay, con cuatro cosas que haya por casa y un poco de imaginación se pueden hacer maravillas y acostumbra a gustar a todos. Aquí como vamos de cara al verano viene la temporada de las ensaladas de pasta.
    Por cierto, hoy he vuelto a comer lentejas jaja Es cómodo para llevarlo al trabajo y me encantan. Con unas setas, cebollita, zanahoria y calabacín cortado bien pequeñito. Dieta mediterránea ;-)
    Gracias por la foto!!!! Y aunque dicen que una imagen vale más que mil palabras me encanta poder combinar ambas cosas.
    Un petó y bona nit,

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  13. No soy una persona que tenga muchos miedos, o al menos que los tenga presentes, pero sé que en mi infancia vivía acosado por ellos... problemas familiares que mucho no importan.
    Creo que sabés llevar un tema tan complejo al oído de los legos de una forma excepcional, decí que yo hace años estoy peleado con la psicología, si no te pedía que pasaras en limpio algunas reflexiones teóricas (más bien lacanianas) que alguna vez escribí sobre diferentes temáticas.
    Un beso.
    HD

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    1. Uf... Los miedos de la infancia... Esos dan para escribir largo y tendido, y yo los padecí igual que vos, ferozmente, y ahora los revivo como mamá, acompañando a mi hija niña y sosteniéndola como mejor me sale en esto de enfrentarlos y vencerlos en la medida de lo posible.

      Los problemas familiares sí importan, Humberto, cuanto más les restemos importancia, más joden. Si aceptas el consejo de una mujer que se hizo adulta hace poco y no sabe nada más que lo que entendió de lo que leyó como bastón para atravesar las quebradas oscuras del alma, te diría que los mires de frente e intentes ver qué sentís y qué podés hacer con ellos.

      (Mirame a mí, dándote consejos a vos: ¡qué zarpada! Ni yo lo puedo creer, pero es que, de verdad, sos un Dibino y me la dejás picando!!!)

      No es fácil conectar con ese espectro de emociones que viven en la sombra. No se cómo te cae Jung, pero a mí me iluminó mucho. No me resultó fácil ni breve este proceso, los problemas están, no se esfuman aunque te los fumes,y fijate que los dos fumamos, pero logré mirarlos como heridas que llevo como cicatrices que me hacen quien soy en esencia, me hacen la adulta capaz de maternar a mis hijos y a mis padres también, porque esa es la ley natural de la vida, y eso es lo que vale para Uno.

      De Lacan no leí nada: me encantaría aprender algo acerca de él de vos. Entiendo que te hayas peleado con la psicología. Yo me amigo y me peleo con ella constantemente, la muy casquivana. Pero al final, en el fondo de las formas, no es más que otro espejo donde se ve un mero reflejo de nuestra compleja, bella y digna humanidad.

      Te agradezco enormemente tu valoración de mi humildísimo aporte, que lo hago, ante todo, por necesidad personal, a modo de terapia, y por otros a quienes quiero y me importan.

      Y gracias por hacerte tiempo para venir a visitarme y dejar tu valiosa huella en mi jarrito ;)

      Un beso grande, hermano!

      Fer

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  14. Espero no llegar a deshora. En realidad estos textos no pierden vigencia. Una amiga muy explícita me suele decir: No insistas,no veo películas de miedo por que me dan miedo.
    No conozco un argumento más contundente. Las raices del miedo son profundas. Hasta el punto de que la propia semántica que lo rodea puede llegar aprovocar ese horror vacui.
    Y en otras ocasiones no alcanza explicación alguna, es puramente irracional. O muy racional.
    Leí una vez que es un axioma infalible que quien teme con pavor a ciertos animales(ratas, cucarachas, arañas) y pega un salto de pavor, no le teme a las personas. Y viceversa. Es curioso, por cuanto las personas pueden llegar a ser mucho más peligrosas. De ahí el dicho de que hay algo peor que el hombre sea un lobo para el hombre, y es que sea un hombre para el hombre. Tal es de contradictoria y sorprendente la naturaleza humana. Un abrazo.

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    1. Nunca es tarde cuando la dicha de tenerte aquí es siempre buena, amigo Víctor.

      Yo no puedo ver películas de miedo: me quitan el sueño. Ví de adulta "Sexto sentido" ("The Sixtth Sense"), y fue tal mi aprehensión que dormí muy mal por unas cuantas noches soñando que la criatura se aparecía al lado de mi cama. Se me mueve toda la estantería con el tema de la muerte, es algo feroz, brutal, y no se cómo voy a manejarlo cuando deba enfrentar la muerte de mis seres queridos, si es que no llega la mía antes y me salva de esa "desdicha fuerte".

      Por eso comprendí a mi hija pequeña, de diez años, a quien llevé erróneamente a ver esta película que me fascinó, "Una aventura maravillosa" ("La vida de Pi" en España), pensando que sería una de aventuras, pero su sueño y consecuentemente el mío se vieron afectados por un par de noches hasta que la olvidó. Dicho sea de paso, me encantaría saber tu opinión acerca de esta vista.

      Yo temo a los animales, en efecto, y razono que son muchos más peligrosas las personas, pero es tal como tú dices: el miedo es un lobo sentado a la puerta de tu habitación de noche, en la penumbra, indomable y pavoroso.

      Gracias, amigo!

      Un abrazo.

      Fer

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  15. Fer he andado deambulando entre la ciudad y el pueblo...para pasar tiempo con la familia...ya que estuvo aquí mi cuñada americana...ademas de acompañar a los chicos a médicos y a mirar carritos y cunas...hoy por fin tengo un momento para pasar de visita...y me encuentro con que se ha desatado tu alma blogera y tengo un montón de entradas por leer...así que he vuelto hacia atrás para no perder ripio de tus retahílas que son sin duda alguna mucho más profundas que las mías...
    Debo confesarte que tengo algún que otro miedo,pero suelo afrontarlo con una huida hacia adelante...que no se si es cobardía o valentía...dejo que tu misma lo juzgues...y no tengo miedo a mi propia muerte...si a que sea una agonía lenta y dolorosa...si tengo que irme, prefiero que sea de forma rápida y sin tiempo para pensar...
    si me aterra la muerte de mis seres queridos, que se que tendré que afrontar algún día...pero prefiero no pensar en ello...cuando llegue el momento veremos como lo afrontamos...
    En cuanto a los que se denomina escritores y no lo son, a pesar de que se llenen los bolsillos con su falta de arte, yo los perdono...porque la culpa es de los lectores que se emocionan con ellos...y que llaman literatura a cualquier cosa...y luego son incapaces de leer cualquier novela de los grandes clásicos por considerarla aburrida o pesada...pero ya se sabe, no de puede " echar margaritas a los cerdos"...
    me voy a la siguiente entrada...

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    1. A mí me sucede igual, fijate, con el tema de la muerte propia y de quienes amo, Julia. Me aterra la idea de que se vayan, sobre todo los más jóvenes, hijos y sobrinos, creo que no lo soportaría y moriría de dolor llorándolos. Me pasa con mi propia muerte lo mismo que a tí: no me asusta el hecho de irme sino de cómo y cuándo, pero en ese menú de opciones no podemos elegir, es claro. Eso también asusta.

      Creo que todos tenemos algo de valientes y algo de cobardes, y ambas cosas nos sorprenden en los momentos menos esperados, como la muerte, precisamente. Así que no te juzgo, somos todos muy humanos y en eso reside nuestra mayor riqueza, Julia.

      Un beso y mil gracias por compartirte tan íntima y tan entera!!!

      Fer

      Tienes razón con respecto a quienes la palabra "escritor" les va grande. Es como el cuento de "El traje nuevo del emperador", ¿verdad?

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."