viernes, 6 de septiembre de 2013

La histora de mi árbol hoy (III)



 Mi jardín es una escuela de vida, muerte y resurrección. No hay libro mejor para hacerse jardinero que el que se lee en los árboles y las plantas, hijos de la Madre Naturaleza. Sólo el jardinero que riega y cuida a sus plantas las conoce por su nombre, las llama, les toca la raíz para nutrirlas de amor, se mancha con su savia, y a veces, en el afán de cuidarlas, las expone también al dolor, a la enfermedad y hasta a la muerte. Esto lo sabe el jardinero porque a él le sucede igual que a sus plantas, pero son sus plantas, con sus pestes, sus muertes y sus resurrecciones, quienes se lo recuerdan constantemente. Es menester recordar que como llegamos un día, nos vamos, que enfermamos, que a veces en el intento de sanar o fortalecer, malogramos a algún ser viviente sin querer, que el dolor es parte de la vida y que todo esto es un hondo misterio que nos excede y para el cual no existe explicación racional alguna. Hay que aprender el arte de la humildad para aceptar y abrazar al misterio sin entenderlo y sin siquiera cuestionarlo. Y el buen jardinero poco a poco lo va aprendiendo.

  Estoy muy pendiente de mi árbol. He hecho de todo con él. Consulté con los expertos, lo podé, le cambié el sustrato, lo fumigué, y parece que todo esto le ha hecho más mal que bien. Y no era mi intención prolongar una agonía que podría habérsela obviado al pobre árbol pegándole un buen hachazo cuando se enfermó. Yo deseo que reviva con la entrada triunfal de la primavera, pero parece que él no da más con su alma. Y se me viene mi abuela asturiana a la cabeza, que decía sabiamente: "Julio los prepara y agosto se los lleva". Se ve que tenía razón mi abuela. Ella se fue un agosto frío y gris, antes de la primavera, allá por el 85. Pasó una larga estadía en casa y ya no nos conocía. Mi mamá la atendía como a una hija pequeña y desvalida: la levantaba de mi cama, que ocupó por varios meses, mientras que a mí me mandaron a dormir al living comedor, la llevaba al baño, la vestía, le daba la comida, la sentaba en el sillón de la cocina, la bañaba como podía, le lavaba el pelo, le cortaba las uñas, la miraba en silencio, a veces lloraba y otras tantas puteaba, maldecía y le pedía a Dios por favor que se la llevara pronto, cosa que le dio culpa cuando justo la mañana en que iba a internarla en un geriátrico de la vuelta de casa porque ya no podía más con ella, se le murió como un pajarito sentada en el inodoro del baño principal de la casa chorizo, que menos mal que era grande. Nunca escuché a mi mamá quebrarse en un llanto partido en un grito tan desgarrador como aquel que dio ese día, un 11 de agosto. Mi viejo nos echó de la cocina a mi hermana y a mí, y nosotras nos quedamos abrazadas, sintiéndonos chiquitas y temblorosas en nuestra pieza, sentaditas las dos sobre mi cama toda deshecha y tibia todavía, refugiándonos en el calor donde había dormido por última vez mi abuela.

  ¿Por qué tuvo que sufrir así la pobre y noble asturiana? ¿Por qué mi vieja tuvo que cargar con semejante fardo y encima sentir culpa cuando pasó lo que tenía que pasar? ¿Por qué a mí, en mi último año de secundaria, cuando estaba decidiendo mi futuro y necesitaba acompañamiento, me tuvieron que desterrar de mi lugar en mi casa para dárselo a mi abuela? ¿Por qué nos desconocía y se ponía agresiva con nosotros, su única familia? ¿Por qué se murió en el baño en brazos de su única hija devenida en su madre por esos meses eternos, y no dormida, para ahorrarnos a todos ese garrón? No sé. Nadie lo sabe. Pero las preguntas siempre quedan, hasta que por fin un día ves que pasa en las mejores familias, que otros la pasan peor todavía, y pensás que dentro de todo la tuviste fácil. Pero no se siente fácil cuando la estás pasando.

  Hoy me pasa lo mismo con mi árbol. Estoy pendiente de él todo el día, hasta me quedo despierta hasta tarde para acariciarlo, hablarle, susurrarle cosas lindas, darle fuerza, pero no quiere o no puede frondar. Mi esposo ha llegado a hacer una incisión en su empalidecida madera, que se siente fría y muerta, para ver si había verde en el interior de su corteza e intentar darme esperanza. Y el verde está. Sin embargo cada día cuando cae el sol, a esa hora del crepúsculo que huele a angustia por ser el heraldo de la muerte del día, pierdo otra vez el verdor de la esperanza y me voy. Me voy por ahí a dar una vuelta, a distraerme con alguna compra, con alguna tarea mecánica, con alguna canción, con las plantas sanas y fuertes de la terraza. Todos le escapamos al dolor.

 Y al volver a la cocina para preparar la cena, enciendo las luces de mi jardín urbano para extenderle el día a mi árbol de manera artificial, para darle calor, lo riego más que a las otras plantas y lo observo con angustia a través de mi ventana. En casa me dicen que estoy demasiado pendiente, que me involucro demasiado, que al fin y al cabo es un árbol y que se tiene que morir algún día. Pero a mí me parece que como lo he plantado, lo he cuidado, lo he mudado cuando tuve que hacerlo, lo he engalanado para las navidades familiares, lo he usado de escondite de regalos para mis hijos y sobrinos chicos y he ido a celebrar mis alegrías y a llorar mis penas bajo sus ramas cargadas de hojas, lo que hago es simplemente lo que se debe hacer. Nunca es demasiado hacer a la hora de dar amor y cuidados a un enfermo, ¿no? 

  Han llegado hasta a darme un buen reto delante del árbol mismo, diciéndome que tanta cosa le podía hacer peor, que así yo le generaba una dependencia tóxica y egoísta de cuidados paliativos, que tenía que dejar guiarme por los caminos de la Naturaleza, que no siempre coinciden con los deseos propios. Yo la verdad no los entiendo cuando me dicen todo eso. ¿Que saben ellos de mi árbol? Ellos hablan desde afuera, y los de afuera son de palo. A mí eso se me hace tibio, cómodo, hueco, diría casi desalmado. Pero si hasta son capaces de aparecerse con otro árbol para sacarse al muerto de encima, porque no hay nada peor que un muerto en vida.

  Lo que más me duele es irme de viaje a encontrarme con mis raíces y dejarlo solo acá entre las otras plantas sanas o sanadas y resucitadas por mis propios dedos verdes. ¡Pobre árbol! ¿Quién le va a dar charla? ¿Quién le va a hacer compañía y prodigarle contacto físico, caricias y miradas, aunque sea por unos días, como lo hago yo? A nadie en el mundo le importa tanto este árbol como a esta boca de jarro. Y de tanto hablar del árbol enfermo y de lo que debe hacerse, sólo para defenderme de los comentarios que se sienten como bofetadas a mi sensibilidad de jardinera, ¿saben lo que me pasó? Me enfermé yo. Nada grave esta vuelta, por suerte. Una simple faringitis. Pero créanme que es recurrente. Siempre que me voy de boca por defender lo que considero mis principios más nobles y férreos, mis ideales de amor y vida y mi dignidad de jardinera dedicada, me pesco una faringitis y me quedo muda por unos cuantos días, para alegría de unos cuantos que me conocen y me soportan. Cosas de la enfermedad que siempre viene a darnos una lección de silencio frente al misterio que significa y de humildad frente al sufriente, aunque no seamos capaces de entender o siquiera aceptar el misterio que a todos no envuelve y nos revuelve.



A boca de jarro

34 comentarios:

  1. Me interesa más el lado humano que el botánico.Creo que es ley natural ocuparse de los padres cuando los hijos ya pueden ocuparse de si mismos...por ser de la misma especie, o del mismo tronco...además es una ley justa, porque nos pone al lado de los más débiles.
    El lado botánico, lo que respecta a tu árbol, mantenerlo vivo por medios artificiales, fertilizantes o productos químicos o lo que sea va ya contra natura. La vida se acaba, es una sucesión finita de segundos, que se consumen rápidamente entre el nacimiento y la muerte...de nosotros depende el uso que hagamos de ese tiempo.
    un bsazo.

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  2. Lo mío también va más por el lado humano, Spa. Es una especie de alegoría, aunque lo del árbol y lo de mi abuela es todo cierto. He comenzado a transitar el camino del acompañamiento de ancianos enfermos en un hospital cercano a mi domicilio, y me estoy enfrentado con todas estas emociones, cuestionamientos, con estas preguntas sin respuesta, con estos hondos misterios que nos superan a todos, en mí misma y en quienes acompañan a sus enfermos, a quienes también intento apuntalar como mejor puedo. De ahí viene todo esto y causalmente coincide con la muerte de mi árbol, que le abre paso a uno nuevo, ya que en esto encuentro un nuevo jardín para sembrar amor que dé fruto abundante, y acá me quedo a plantar y a aprender de mis nuevos maestros, los enfermos. Para eso he decidido ir dejando gradualmente el rol de maestra que llevo al hombro hace ya más de 20 años, y estoy contenta de hacerlo, aunque ayer me despedí de un grupo de alumnos y lloré amargamente esa pequeña gran muerte personal e identitaria.

    Un bsazo y gracias!

    Fer

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  3. Un escrito lleno de sensibilidad, María Fernanda.
    Al hilo del árbol, los recuerdos de la abuela asturiana y sus últimos meses me han llegado al alma, pues todos tenemos, o hemos tenido, familiares mayores a los que cuidar, personas indefensas que, aunque nos llenan de faenas, nos provocan una grandísima ternura. Es triste llegar a viejo, muy triste, dejar de valerse por uno mismo, ser casi una criatura a la que hay que hacer todo. La vida tiene muchos puntos feos y este es uno de ellos.
    En cuanto al árbol, entiendo muy bien tu apego, tus cuidados... No es más que apego a la vida, aunque todo jardinero sabe que a veces no hay remedio, aunque duela. Ojalá se reponga tu arbolillo.
    He leído tu respuesta al anterior comentario y te deseo mucha suerte en esta nueva andanza vital.
    Un abrazo enorme y que tengas un viaje maravilloso.

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    1. Muchas gracias, Isabel. Me llevo tu libro en mi iPad. Me has abierto, tú también, un mundo nuevo, y deseo hacerlo público, ya que te estoy profundamente agradecida. Te admiro como escritora, Isabel, admiro tus logros, el modo sutil, personal y perfumado con el que sabes contar la historia de tu árbol. Por eso la llevo conmigo. Mi anhelo, Isabel, es poder algún día escribir la historia de esos seres que, con sus luces y sombras, con sus fragancias agridulces, con sus vidas, muertes y resurrecciones, me han dado la noble savia que me alimenta y me hace desear ir por más. El presente es un signo de pregunta. Creo que el apego a él proviene de la falta de certezas. Pero aquí estoy, en pie, como mi árbol, sin saber bien qué me depara la primavera. Son las raíces subterráneas ahora las que me sostienen. Y confío en ellas.

      Un fuerte abrazo también para ti, y recuerda: viajas conmigo!!!

      Gracias.

      Fer

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  4. La vida Fer, la vida. Afortunadamente much@s podemos compartir vivencias en común, aún respirando tan distantes, ¿verdad?. Te espero por aquí (Madrid) para darte un gran abrazo. Por cierto, alrededor de los cuarenta abandoné la enseñanza inglesa, con la garganta hecha trizas, el silencio me la cura. Bss.

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    1. Gracias, eme. Estamos empardadas en eso de la garganta, sí. El silencio es un remedio maravilloso para los males y los misterios del alma...

      Ojalá pueda hacerse ese abrazo real!!!

      Te mando un beso grande y cuídate mucho!

      Gracias por todo!

      Fer

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  5. Sí que te desahogaste, Fer. Por suerte. Te entiendo todo lo que estás pasando, hay cambios en tu vida y eso moviliza. Dejar un trabajo, enfrentar un viaje a las propias raíces, acompañar a ancianos que están cerca de la muerte y ver morir a tu árbol. El gran conflicto que nos aqueja a muchos es saber soltar a tiempo. Porque hay un tiempo para cada cosa. También está el tiempo que nos debemos a nosotros mismos: el tiempo de ser felices.
    Y ahora te lo digo clarito y en criollo: no le rompas más los cocos a tu familia con el árbol. Disfrutá y agradecé lo que te brindó, su verde, su sombra y dejá que la naturaleza siga su curso. Entregate a la experiencia de una nueva vida que se abre con un abanico interesante de posibilidades, menos laburo, más solidaridad con los que necesitan, la preparación de un viaje.
    Entonces preguntate qué simboliza ese árbol, que pusiste en él que no podés soltar. Y seguí tu camino Fer, que la vida te sonríe.
    Un abrazo enorme.

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    1. Gracias, Mire. Mire que se intenta, Mire... Soltar, dejar morir a lo viejo y dar paso a lo nuevo, pero se me frunce el alma y se me cierra la faringe. Me quedo sin la herramienta que usé toda una vida para moldear mi identidad, para dar verde, para dar sombra, para dar sostén... Se me va la voz, se me va el árbol que fui, y me siento medio en el aire. El camino está abierto: tengo que aprender a caminar de nuevo, ni más ni menos.

      Prometo no romperle más los cocos a nadie con mi árbol. Lo que tenga que hacerse, lo haré solita, sin decirle nada a nadie. Es un buen consejo familiar, laboral y literario.

      Un abrazo enorme para vos también.

      Fer

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  6. Fer soy consciente de que un día voy a morir, y que seguro que tendré que asistir a la muerte de alguno de mis seres queridos...y me gustaría que fuese rápida, creo que tenía que ser un acto como el nacimiento, algo que no se demorara mucho por el bien de todos, del que se va y de los que se quedan...y ya se que no es muy cristiano, pero estoy a favor de la eutanasia, cuando ya no hay solución creo que se debe hacer una transición y volver a la nutrir la tierra...para otras nuevas generaciones la pueblen...
    Seguro que cuando vuelvas de tu viaje, algunas de tus plantas te habrán dicho adiós...y quien sabe quizá tu árbol haya vuelto a florecer...si no es así, quizá debas gastar tus energía en otra cosa...tu madre peleo por tu abuela, pero cuando murió, la enterró y no la dejo a muerta en tu cama, en espera de que un buen día se levantase corriendo...
    la vida es un abrir y cerrar puertas, y hay que saber cuando hay que hacerlo...
    No se cuando vienes, yo a partir del lunes estaré desconectada del internet, pero me puedes localizar con el móvil que te mande por si necesitas algo, luego el día 16 volveré al trabajo y a casa...
    un abrazo y por si te vienes ya, disfrútalo...

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    1. Mi querida Julia: todas las personas que crecemos además de cumplir años nos planteamos la muerte, tanto la propia como la de quienes más amamos. Es deseable que así sea, porque nos prepara para enfrentarnos con ella. Es la única certeza con la que contamos, Julia. Sabemos que moriremos algún día, pero no cómo ni cuándo. Y tanto la muerte en sí, como el cómo y el cuándo, meten miedo. La muerte es sin dudas el más grande de los miedos humanos.

      Creo que nos hace bien hablarlo, compartirlo, analizarlo desde el puro sentir en voz alta. Tendemos a esconderlo en los geriátricos, en los hospitales, en las casas funerarias y en los cementerios. Y pasamos de largo sin mirar o intentando ver lo menos posible... Eso también es hasta cierto punto entendible, pero no resulta muy sano.

      No hace mucho tiempo, la gente moría en su casa, rodeada de su familia. Los niños veían morir a sus ancianos, a sus padres, a sus hermanos y a sus vecinos. La muerte era un hecho natural y cotidiano, parte de la vida. Era común ver morir a un ser humano. Yo confieso que, con la edad que tengo, aún no he visto morir a nadie, y creo que no está bien. No es bueno negarnos a ver esa realidad de la vida. Es tan natural morir como nacer, aunque celebramos los nacimientos y lloramos los entierros en nuestra cultura.

      Esta reflexión está impregnada de muchas hondas cuestiones que rozan con todo eso que tú valientemente nombras. El poder elegir cómo morir, la eutanasia, el sufrir, el dolor de ver morir sufriendo a quienes amamos, el trabajo que damos a quienes amamos al morir de ciertas maneras que no elegimos, el prolongar la agonía de los moribundos con los avances de la medicina, el buen morir y el mal morir... Tanto, Julia. Todo lo que nos envuelve y nos revuelve a todos.

      Cuando vuelva, Julia, me encontraré con lo que me tenga que encontrar, y haré lo que deba hacer. Asumiré esa responsabilidad. Eso es crecer y en eso estoy.

      No te preocupes, Julia: estaremos bien. Disfruta de cada valioso minuto que estás viviendo ahora, que es un tiempo precioso. Y yo intentaré hacer lo propio. Dejaré el formulario de contacto abierto en el blog para que estemos conectadas, por las dudas, porque yo soy muy miedosa, y me tranquiliza saber que hay personas allí con quienes puedo contar en caso de necesidad. No he recibido ese mensaje tuyo y quiero que estemos conectadas. Hoy mismo por la noche lo pongo.

      Muchas gracias por todo, Julia, por tanto...

      Un fuerte abrazo: ¡un aporte riquísimo el tuyo, Julia!

      Fer

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  7. La familia es eso cuidar los unos de los otros, aunque con el paso del tiempo los roles van cambiando y el cuidador acaba siendo el cuidado.
    Os toco vivir una triste experiencia con tu abuela, la vejez no es mala si respeta la esencia de la persona y van pasando los años con los achaques y las manías propias que van añadiendo los años pero cuando se cruza una enfermedad tan cruel no es justo para el que la padece ni para el resto de la familia. Por desgracia es algo que no podemos elegir.
    Sigo con interés la historia del árbol, Fábula de lucha y vida. Tu familia tiene razón, es sólo un árbol, pero para ti es mucho más es TU árbol y estas esperando su respuesta.. Quizás este paréntesis os irá bien a los dos, a la vuelta verás si ha decidido enraizarse a la vida o no, en cuyo caso deberás hacerte a la idea y dejarlo morir en paz.
    Una abraçada ben forta.

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    1. Gracias, Rosa. Ya estás de regreso. He recibido tu bello mail, pero aún no he tenido tiempo de leerlo cuidadosamente y responderte, auqnue he visto las preciosas fotos y te las agradezco todas.

      Estoy liada con el viaje y eso me quita tiempo. Creo que a ti te va interesar leer algo que escribí una vez y que reedité:

      Ser madre

      Espero que te guste.

      Gracias: luego me comunico contigo en privado ;)!

      Una abraçada ben forta.

      Fer

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    2. Gracias por enriquecerme con esta bella palabra "maternar"
      Precioso texto Fer, que bien que me lo hayas enlazado.
      Un petó y hasta la vuelta,

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    3. Tú eres madre de esa forma, Rosa ;)!

      Por eso te lo he compartido: porque eres pan y te partes.

      Un beso grande y hasta la vuelta!

      Fer

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  8. Me encantó lo del "reto delate del árbol mismo", es un argumento genial para ahondar en tu mirada y exponer la de otros. Muy buen toque.
    Por cierto felicitaciones hoy Día de la Virgen María. Que ella te de lo que ayer te dije:
    Fuerza
    Felicidad y
    Fe.
    Pd. Comparto este enlace con el mayor agrado.

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    1. Gracias, Isaías, por la deferencia de también comentar en el jarro: ¡me honras!

      Te voy a contar una cosa: no es un toque lo del reto. Es "el toque", Isaías, porque eso me sucedió de verdad frente a un enfermo a quien vengo acompañando porque está solo, no tiene a nadie en el mundo que le haga un rato de compañía en la soledad de su internación. Y mis compañeras me retaron frente a él porque le di una cosa material que sentí que le haría bien y ellas pensaron que le podía hacer daño dándosela. Volví llorando como una colegiala ese día del hospital, Isaías. Y luego, como es mi costumbre, me fui de boca al querer poner los puntos sobre las íes. Y me quedé sin voz, como me suele pasar cuando me voy de boca...

      Gracias por los buenos deseos en el Día de la Natividad de María, un nombre que siempre llevé de adorno hasta hace poco, cuando decidí comenzar a encarnarlo con mis humanas limitaciones, claro.

      Capté el precioso sentido de las letras en tu deseo y me lo guardo en el alma, mi profeta en las letras.

      Gracias por compartirme: eso quiero para mi vida, no tengo duda alguna de eso, Isaías. Es, te diría, mi única certeza en este momento.

      Un abrazo!!!

      Fer

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  9. tu arbol? o el arbol tu dueño?,
    ¿la vida nuestra? o ¿ nosotros de la vida?

    besos muchos ♥♥♥

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    1. Buenas preguntas, Tramos. Intentaré encontrar las respuestas ;)!

      Gracias de ♥ a ♥.

      Muchos besos!!!

      Hasta la vuelta!

      Fer

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  10. No hace mucho una persona maravillosa me enseñó a amar las plantas y hasta me regaló alguna de las suyas, creo que nunca le estaré suficientemente agradecido. Con las plantas y los animales que nos hacen compañía nuestra humanidad crece más allá de esos límites por los que estamos delimitados. Es como una paternidad/maternidad difusa pero llena de sentido y por tanto nos hace mejores.
    Entiendo tus sentimientos, tu ansiedad y tu congoja pero hay un momento en que los seres vivos, cualquier ser vivo, puede llegar a entender que su vida ha perdido sentido en este mundo aunque siga deambulando en este mundo.
    Lo de la muerte de tu abuela es tan semejante a algo que me ha tocado a mí desde demasiado cerca que casi prefiero no tocarlo.
    Sin embargo no quiero dejar de olvidar aquella hermosísima película japonesa de Shohei Imamura titulada "La Balada de Narayama" en que los viejos cuando creían que su vida había perdido todo su sentido cogían sus cosas y se iban al monte Narayama para bien morir.
    No debes resignarte, debes seguir luchando por ese árbol, pero sabiendo que no hay fracaso posible cuando el destino no está en tus manos.
    Muchos besos

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    1. Me llevo tus palabras en mi maleta y en el alma, amigo Krapp: "...no hay fracaso posible cuando el destino no está en tus manos." Que así sea.

      Ya sabes donde encontrarme si te apetece: la rollona de un metro cincuenta y seis seré yo.

      Muchos besos!!!

      Fer

      Eliminar
  11. Pero está... y los dos sabéis. Dile que te vas y que te espere. Y si no lo hiciese, allá donde fuere, quizás en el 'cielo de los árboles', siempre habrá una espléndida sombra para ti.

    Un beso, Fer.

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  12. Felicidades por esta entrada todo un canto de amor y es que según he leído uno elige morir en el momento que desea y con la persona que quieren hacerlo. Un amor tu mamá que hasta el último momento estuvo con ella a pesar de la carga que suponía eso hace que luego una se sienta mejor cuando pierde a un ser querido.
    Tú otro amor, cualquier ser vivo necesita de ese amor que lo hace especial para nosotros hay quien no lo entiende pero otros si lo hacemos porque compartimos el amor con la naturaleza.

    Un fuerte abrazo y gracias por compartir esta bella historia parte de tu vida.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Carmen. Es una necesidad vital para mí compartir estas historias de vida y muerte. Y me alegra que así las recibas tú.

      Un fuerte abrazo!

      Fer

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  13. ¿¿¿Cómo que desde Madrid???
    Y ni avisas ni nada!!!! jajajajaja
    Bueno, unas vacaciones al árbol de vos, le van a venir bien. Y si no, rodéale de plantas sanas para que se contagie de salud y se olvide de su sequedad.

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    Respuestas
    1. ¿Y qué voy a avisar si anduve de un lado pa otro sin parar? No sabes... si hasta me constipé por no tener tiempo de hacer mis necesidades tranquila. Además de Madrid nos fuimos para el norte: ese era el verdadero motivo de mi viaje. Ya te voy a poner al tanto ;)!

      Un abrazo, Alson, y gracias!

      Fer desde Buenos Aires ya...

      Eliminar
  14. Tu árbol es muy afortunado al tener tanto cariño en su entorno.

    Besos, Fer

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    Respuestas
    1. Pues creo que sí, lo ha sido. Ahora habrá que plantar uno nuevo...

      Besos, mi querido Luis Antonio, y gracias por tu cariño de siempre!

      Fer

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  15. No se como hacerte llegar, esta página que me resulta interesante, así que por el camino más recto, en tus comentarios
    :http://virgendelcastellar.blogspot.com.es/
    él llego a mi blog, no se ni como, pero me gusta y te lo recomiendo, besos Fer¡¡ ♥♥♥

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  16. Gracias mil, querida Tramos. Estoy intentando ponerme al día con todo luego del viaje a España. Quedamos reventados de tanto andar y ha sido también muy intenso en lo afectivo. Te agradezco el bello gesto y ya mismo voy a ver de qué se trata. Si viene de tí, no dudo de que será algo bueno y nutricio para mi alma.

    Besos de ♥!!!

    Fer

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  17. Precioso blog María Fernanda, acabo de conocerlo y me ha gustado mucho, así que con permiso me he registrado como seguidor. Un fuerte abrazo y feliz fin de semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienvenido y muchas gracias, Pepe!!! Hace tiempo que no publico porque me fui de viaje a España. Pero pronto comenzaré a publicar con más frecuencia, como antes. Es un gusto que te quedes por aquí y sobre todo que comentes: todo blogger se alimenta de los comentarios ;)!

      Feliz finde y fuerte abrazo!

      Fer

      Eliminar
  18. wow está muy lindo :)
    ese sentimiento tan fuerte por tu árbol, realmente espero que haya sanado.

    saludos :D

    ResponderEliminar
  19. Lamentablemente, no logré salvarlo. Pero hoy descubrí un árbol fuerte y noble que me hace compañía. Te agradezco mucho la lectura y el comentario. Nos seguimos leyendo, Francisco.

    Muchas gracias y un abrazo!

    Fer

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."