jueves, 22 de agosto de 2013

Francisco marca tendencia en Twitter


 Según un informe del diario argentino La Nación del 19 de agosto del corriente, unos 8.660.000 de seres humanos alrededor del mundo "leen los mensajes que el Papa envía por esa red de microblogging, entre ellos, las 3.417.200 personas que lo leen en español, en @Pontifex_es.". Ayer me sumé yo a seguir a Francisco también en Twitter, y ahora le encuentro sentido a tener activa mi cuenta en esa red por primera vez, aunque hasta ahora seguía a algunas fuentes de información y opinión relevantes en lo personal. El día 9 de agosto Francisco pío un mensaje que lo siento como escrito para mi jarro de barro. Esto sólo sucede con los mensajes de los buenos comunicadores: aunque apuntan a millones dan en lo más profundo del corazón de los individuos sin altisonancias, rivetes demagógicos o banalidades populistas. Lo difundo porque creo que vale la pena seguir a Francisco también en Twitter:

Tweet de Papa Francisco ‏@Pontifex_es 9 ago

Somos vasijas de barro, frágiles y pobres, pero dentro llevamos un gran tesoro.

 De acuerdo a un estudio del Proyecto Reputation Metrics de Media Reputation Intangibles (MRI) de la Universidad de Navarra (España), se supo que si bien no es el usuario con más seguidores y que sólo ha hecho 100 publicaciones en esta red social, el Papa Francisco definitivamente es el líder mundial con mayor influencia en Twitter. Esta información procede del sitio www.elsiglodetorreon.com, que asevera en una nota del 6 de agosto que Francisco es la figura más popular en Twitter, y que ha desbancado del podio de los primeros puestos a otras personalidades con un alto nivel de seguimiento, tales como los presidentes Obama, Maduro, Cristina Fernández de Kirchner, adicta a Twitter, y hasta al líder espiritual Dalai Lama, quien ahora lo secunda. 

 Me colma de esperanza y de alegría genuina que Francisco le haya roto el récord, con todo respeto, a gente como CFK, Maduro y Obama en Twitter. Lo lamento por el Dalai Lama, pero estar segundo no está nada mal. Si estas son las tendencias en el mundo, celebro unirme a Twitter, y me hago activa en responder y retransmitir sus breves y contundentes mensajes cargados de humanidad, que son además realmente prolijos y poco intrusivos, ya que suele twittear los miércoles y los domingos: Francisco es prolijo hasta para piar.

 ¿Por qué es popular Francisco, cabe preguntar? Sin ser una experta en la materia, creo que la respuesta pasa por el nivel de hartazgo y desencanto que generan en la humanidad las palabras agresivas y a veces devastadoras que recibimos de tantas figuras políticas como la presidente de la Argentina. Ya nos alimentamos de demasiadas palabras agresivas a diario en los medios de comunicación masivos de todo el mundo. En los titulares de La Nación del domingo, por ejemplo, uno se encuentra con los siguientes ejemplos: "El voto bonaerense: la disputa central. La puja entre Massa e Insaurralde es decisiva para el Gobierno"; "Otra tragedia en Rosario: dos muertes en un juego"; "Gibraltar, una frontera de tensión y contrastes: La crisis entre Londres y Madrid (...) desnuda desigualdades"; "Caen más policías en días de franco: Al 75% lo mataron cuando no estaban de servicio..."; "La polarización asedia a Chile"; "Lesiones en Los Pumas"; "Caso Ángeles: Managgeri, peor, A dos meses del crimen, más de 20 indicios contra el portero" (¡Y el crimen no se resuelve!). 

 En los noticieros centrales de la televisión argentina se dedica más tiempo a las noticias del triste crimen de la joven Ángeles que a las noticias provenientes del Ministerio de Economía, de Salud o de Educación argentinos todos los días, a pesar de que se trata de un caso policial más, en el cual sólo se expone la constante inoperancia de la Justicia local. Otros temas relevantes son el consabido opio para las masas posmodernas, por supuesto, el fútbol, las noticias de la farándula local e internacional y el parte meteorológico, mientras que a la gravísima situación en Egipto se le dedica un segmento de tan sólo tres minutos en un noticiero de las 9 de la noche, horario central o prime time, como lo llaman los expertos, que ya casi ni me molesto en sintonizar: a esa hora cenamos en familia y con el televisor apagado, y conversamos sobre nuestras cuestiones del día, sean buenas o malas noticias. 

 Pasen y vean los titulares del día acá. Comparemos ahora las palabras que resuenan con las palabras claves que usa Francisco, para nada alienado de la realidad:


http://www.lanacion.com.ar/1564822-las-diez-frases-mas-impactantes-del-papa-francisco-en-la-misa-de-asuncion


 Más allá de las palabras de espiritualidad cristiana, las palabras claves de este hombre son claves para la humanidad toda. A estas palabras en la jerga especializada del Mass Media se las conoce como "tags", o etiquetas, o bien se las denomina "hashtags".  A quienes escribimos blogs se nos recomienda que, para hacer mayor número, usemos y abusemos de nuestras propias palabras claves: cosas del marketing que poco tienen que ver con la calidad de los mensajes, sino con su énfasis temático. Lo cierto es que tanto en Twitter, como en otras redes sociales, como en los blogs, como así también en los medios de comunicación, no necesitamos de fórmulas maestras para hacer rating: queda demostrado claramente que lo que hace número es la calidad de los mensajes. Tampoco resultan necesarias las anestesias publicitarias pegadizas y entradoras que nos invitan a consumir para abordar o evadir la realidad. Necesitamos respuestas y herramientas para enfrentarla desde el compromiso con los valores, la sustentabilidad y la austeridad: alguien que nos propone ser custodios de la creación, que nos habla de amor, responsabilidad, apertura, confianza, voluntad, corazón, signos, respeto, designios, vocación, escucha, presencia, padres, representantes, espíritu, ternura, luz y ser resulta un personaje más que interesante para informarse sobre la realidad. Esas son buenas noticias que no evaden los grandes males endémicos del mundo a los que hacen referencia: pobreza, destrucción, miedo, debilidad y muerte.

 Todo un ejemplo en tendencias el Papa Francisco. Le agradezco sus mensajes de diálogo, solidaridad, fraternidad, introspección a través de la oración comunitaria y acción alegre, activa y dispuesta, y me quedo en la virtualidad de Twitter para seguirlo, no por seguir la tendencia, ya que ese no es mi estilo, sino para nutrirme de sus mensajes desde allí, como lo hago también en mi realidad cotidiana, en las calles de mi barrio y en la ciudad que camino como caminó él tantos años en sus zapatos de goma gastados como pastor ejemplar: una ciudad cuyo puerto alguna vez se dio en llamar Santa María de los Buenos Ayres.

A boca de jarro

jueves, 15 de agosto de 2013

¡Que viva la imperfección!


Cortito hoy
porque no hay tiempo
porque el tiempo del día se me hace imperfecto
porque las imágenes de casi setenta entradas 
se me piantaron todas por mi imperfección

¡Que viva la imperfección!

Porque quiero enraizar y me voy por las ramas
porque quiero escribir y leer y no duermo en el vano intento
porque hay que lidiar con el trajín cotidiano 
porque hay que poner prioridades para elegir despiojar a la hija
de la perfecta imperfección

¡Que viva la imperfección!

Porque quiero abarcar más de lo que puedo apretar
porque no duermo lo suficiente
porque no pienso claramente
porque me dejo llevar por el caos de la acción en el amor
porque me hundo y me salvo en cada latido de mi imperfecto corazón

¡Que viva la imperfección!

Porque se me fue el corrector al demonio
porque me enfrento sin miedo a la imperfección ortográfica
sintáctica semántica 
métrica higiénica sanitaria
estética y la de puntuación

¡Que viva la imperfección!

Y así me encuentro cara a cara con mi propia imperfección:
¡Que viva la imperfección!

Imperfección que me enseña a no obsesionarme 
con lo inalcanzable, con lo que no es humano
con lo que dicta el mercado con lo que manda el experto
con los resultados con los éxitos huecos 
con hacer más número con dejar de ser yo

¡Que viva la imperfección!





A boca de jarro

domingo, 11 de agosto de 2013

Tiempos de teatro: Final de Partida y El Crítico en el San Martín



  Mientras todo mi país da PASO hoy a un nuevo acto electoral, en lo que interpreto desde el más literal de los sentidos de la palabra "acto", o tal vez un mero "ensayo", yo me voy a dar con mucho gusto el derecho y el permiso de hablarles de teatroEstos últimos meses han sido para mí tiempos de teatro. El Complejo Teatral General San Martín de Buenos Aires nos ha brindado espectáculos de una calidad superlativa esta temporada que se da por acabada, y quisiera rendirle su debido homenaje. El arte que de allí emana está al alcance de todos y a casi el mismo precio del cine, que en nuestra cartelera es mayormente foráneo. Es una arte que enriquece a nuestra cultura en tiempos que se nos hacen de incultura socio-política, por la abundancia de mensajes repetidos, huecos y poco interactivos, falta de debate real y profundo de muchos de sus principales protagonistas, y campañas basadas en slogans marketineros que ante el análisis de su esencia, muchos sentimos que carecen de sustancia, unidad y diálogo real y abierto, y parece que nunca nos terminaran de explicar cómo se pondrán de acuerdo para hacer lo que siempre nos prometen que harán.

  No percibí lo mismo en el Teatro San Martín en este invierno que, afortunadamente, no ha sido el invierno de mi descontento. Durante los meses de junio y julio pasados tuve la inmensa dicha de asistir a dos puestas maravillosas en este teatro que es nuestro, no solamente por acción del gobierno porteño a través de nuestros impuestos, sino principalmente por el inmenso nivel de entrega de sus actores, autores y directores, quienes, a pesar de la austeridad y la ausencia de parafernalia y publicidad masiva que caracteriza al circuito teatral de la calle Corrientes, brillan por el descomunal talento de lo que allí ponen en juego.

Alfredo Alcón como Hamm y Joaquín Furriel en la piel de Clov en Final de partida



 La propuesta es siempre juego, sea Samuel Beckett o sea el español Juan Mayorgasean Alcón y Furriel o sean Peña y Audivert: todos genialidades ellos, cada cual en su arte. La propuesta de Beckett, dirigida, protagonizada y devorada por la magna presencia escénica de Alfredo Alcón, sin duda el mejor actor de la escena nacional de nuestros tiempos, en Final de partidadesde el intenso universo que abre el anfiteatro circular que ofrece la Sala Casacuberta, es una invitación a dejarse llevar, a experimentar y sorprenderse gratamente en los ecos que la obra genera en quienes, absortos ante la bizarra propuesta beckettiana, siempre vigente, como todo clásico, fluimos por el túnel que recrean esos fantasmas familiares, políticos y sociales que desde el escenario se nos develan como espejos ineludibles de nuestra realidad personal y social. Resulta arduo resumir el mensaje de una obra tan grande como Final de partida: tal vez el mejor resumen sea decir que es el principio y no el fin de nuestra partida en el ajedrez de la búsqueda singular y plural a la que todos estamos llamados, aunque, como Clov, hayamos sido castrados por un Hamm ciego de ojos y corazón, figura paternante asfixiante en sus demandas de atención, autoritaria, intolerante, desleal, narcisista, incapaz de conectar con la figura filial, sumisa y sumida, que encarna un impecable Joaquín FurrielFue Furriel quien desde su genuino y contagioso entusiasmo por la obra instó al veterano Alcón a realizarla por una razón que a tantos espectadores argentinos y personas sensibles y pensantes de este siglo se nos hace más que obvia. Es una banquete para paladares negros la obra de Beckett, y, sin embargo, resuena en toda la audiencia, que aplaude de pie al autor, al sabio director y a sus actores, sin tirar al rey en ese Endgame que propone Beckett. Así todos reciben el merecido halago del aplauso y la ovación de pie y a sala llena con humildad y alegría, en ese intercambio intergeneracional tan intenso que se evidencia en la puesta y que se retroalimenta así como se potencia, como debería suceder en cada acto que protagonizamos en la vida privada y pública de todos los días.


  Por su parte, El crítico, de Juan Mayorga, uno de los dramaturgos más destacados de habla hispana de los últimos años, es una propuesta que se nos hace a los espectadores mismos a protagonizar la obra, poniéndonos como principales artífices del hecho actoral magnífico consumado febrilmente por los actores en el minúsculo e íntimo recinto de la Sala Cunill Cabanellas, bajo la acertada dirección de Guillermo Heras. Con la soberbia y descollante actuación de Horacio Peña, uno de mis actores favoritos desde que tengo memoria, cuando en televisión, allá por los 70, hacía ya de las suyas en "Este es mi mundo", "Rosa de lejos" y "Alta Comedia", y la descomunal labor de su singular compañero, Pompeyo Audivert, actor difícil de clasificar, que entrega hasta su sudor y saliva a los espectadores, a quienes nos encandila a una distancia mínima que nos une en plena complicidad, rematando su actuación con un knock-out metafórico que reverbera en la memoria de la obra y de su libro, estos actores nos dan ejemplo de cómo abordar cada acto que nos toca protagonizar en nuestra cotidianeidad: con entrega, trabajo, pasión y convicción plena. Y les creo de principio a fin de partida, como crítica y coprotagonista del hecho actoral que allí se juega. El crítico es una obra dentro de la obra, dinámica, atrapante e intensa, en la cual la ausencia de un personaje femenino se convierte en omnipresencia, aunque nos tome por sorpresa en el knock-out final. A tal punto que entonces, como mujer omnipresente en la obra, me dieron ganas de gritar mi propia línea: -¡Ojalá supiera cantar! Tengo más que en claro que en mi sociedad, tal como reza el subtítulo de la obra, "Si supiera cantar, me salvaría". Fiel a la verdad que el teatro desnuda y refleja, en El crítico nadie se salva: todos quedamos expuestos a los ignotos sentidos de una vida que vivimos sin terminar de asumirlos, y por eso somos y hacemos todos y cada uno El crítico.


 A todos ellos, mi más profundo agradecimiento, admiración y reconocimiento por su extraordinaria labor, trayectoria y talento, por su mensaje abierto y su invitación a la permanente retrospección y al sano cuestionamiento de la vida que también a través del aporte de este teatro me remplanteo hoy, y que cada uno protagoniza en el pequeño gran teatro de la vida, donde, en palabras de William Shakespeare, sinónimo de teatro atemporal para tantos y para  ellos, se siente:


               "Todo el mundo es un escenario,
               Y todos los hombres y mujeres 
simplemente actores..."

  Les recomiendo que no se pierdan de repasar la próxima cartelera del Teatro General San Martín de Buenos Aires cuando estén de PASO: muy accesible y reconfortante encontrar asiento en ese gran espacio de la cultura argentina a la que todos estamos convidados.

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