lunes, 5 de febrero de 2018

Todavía me desbordo



A continuación, dos extraordinarios poemas de la ítalo-brasileña Marina Colasanti:


De carne líquida



Mis senos toman la forma

del momento que los contiene. 

Si tomados por la boca, 

se estira el pezón que arde. 

Si apretados en la mano, 

incorporan a su propia curva 

la curva dulce de la palma. 

Si sueltos al viento 

en mi cuerpo que corre, 

flamean 

como agua en la cuenca. 






De carne líquida


Meus seios tomam a forma 

do momento que os contém.

Se colhidos pela boca 

alon-gam ardidas pontas. Se aprisionados na mâo 

acrescem à própria curva 

a curva doce da palma. 

E quando soltos ao vento 

no meu corpo em correria 

ondejam

                     como a maré que a agua faz na bacia.




Frutos y flores


Mi amado me dice

que soy como manzana

cortada al medio.

Tengo las semillas,

es cierto.

Y las curvas simétricas.

Tuve cierto rubor

en la piel lisa

que no sé

si aún conservo.

Pero si en abril florece 

el manzano,

yo manzana hecha

ya madura,

todavía me desbordo

en flores blancas

cada vez que su cuchillo

me traspasa.




Frutos e flores

Meu amado me diz 

 que sou como maçâ 

 cortada ao meio. 

 As sementes eu tenho 

é bem verdade.

 E a simetría das curvas. 

Tive um certo rubor

 na pele lisa 

que nâo sei 

 se ainda tenho. 

 Mas se em abril floresce 

a maceira 

 eu maçâ feita 

 e pra lá de madura 

ainda me desdobro 

em brancas flores 

cada vez que sua

faca 

 me traspassa.









A boca de jarro

lunes, 8 de enero de 2018

Día de definiciones





"Momentos felices", Gabriel Celaya


Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo 
tirando todo al fuego: poemas incompletos, 
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos, 
fotografías, besos guardados en un libro, 
renuncio al peso muerto de mi terco pasado, 
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego, 
y así atizo las llamas, y salto la fogata, 
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento, 
¿no es la felicidad lo que me exalta? 

Cuando salgo a la calle silbando alegremente 
-el pitillo en los labios, el alma disponible-
y les hablo a los niños o me voy con las nubes, 
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando, 
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos 
desnudos y morenos, sus ojos asombrados, 
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando, 
salpican de alegría que así tiembla reciente, 
¿no es la felicidad lo que siente? 

Cuando llega un amigo, la casa está vacía, 
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso, 
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco, 
y yo asisto al milagro -sé que todo es fiado-, 
y no quiero pensar si podremos pagarlo; 
y cuando sin medida bebemos y charlamos, 
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos, 
y lo somos quizá burlando así a la muerte, 
¿no es felicidad lo que trasciende? 

Cuando me he despertado, permanezco tendido 
con el balcón abierto. Y amanece: las aves 
trinan su algarabía pagana lindamente: 
y debo levantarme, pero no me levanto; 
y veo, boca arriba, reflejada en el techo 
la ondulación del mar y el iris de su nácar, 
y sigo allí tendido, y nada importa nada, 
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo? 
¿No es felicidad lo que amanece? 

Cuando voy al mercado, miro los abridores 
y, apretando los dientes, las redondas cerezas, 
los higos rezumantes, las ciruelas caídas 
del árbol de la vida, con pecado sin duda 
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio, 
regateo, consigo por fin una rebaja, 
mas terminado el juego, pago el doble y es poco, 
y abre la vendedora sus ojos asombrados, 
¿no es la felicidad lo que allí brota? 

Cuando puedo decir: el día ha terminado. 
Y con el día digo su trajín, su comercio, 
la busca del dinero, la lucha de los muertos. 
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa, 
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos, 
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi, 
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio, 
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne, 
¿no es la felicidad lo que me envuelve? 

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones, 
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice: 
"Estaba justamente pensando en ir a verte." 
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores, 
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme, 
sino de cómo van las cosas en Jordania, 
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento, 
y al marcharme me siento consolado y tranquilo, 
¿no es la felicidad lo que me vence? 

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo; 
pasar por un camino que huele a madreselvas; 
beber con un amigo; charlar o bien callarse; 
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro; 
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha, 
¿no es esto ser feliz pese a la muerte? 
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo 
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo, 
¿no es la felicidad que no se vende?




A boca de jarro

lunes, 20 de noviembre de 2017

Mi religión




"O Rose thou art sick."

"The Sick Rose", William Blake.



Florece el cactus entre espinas 
cuando tu muerte se me avecina. 
¡Bendita flor, dulce consolación, 
 inocente de la última herida, 
le opone vida a tu partida! 


En toda su amarilla iniciación 
hace de la flor mi religión, 
en pleno nacimiento me desmadra, 
letal ironía de agonía, 
y me convierte en huérfana de dios. 



A boca de jarro


lunes, 5 de junio de 2017

Yo te cielo... Ciélame

"Estuary In Summer", John Miller



"¿Se pueden inventar verbos?
Quiero decirte uno: 
Yo te cielo,
así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida."

Frida Kahlo




"Ciélame, móndame, 


miamórame, mivídame, 


amanéceme, lamparéame,


gerúndiame, núblame, 


omblígame, alcoholízame, 


pellízcame, arranca estos días de mí, 


acurrúcame, tóseme, 


respírame, entíbiame, 


báñame, péiname, 


escúrrete en mi noche, 


piméntame, azúlame, 


azucárame, desnúdame, 


bésame con las manos, 


ensalérame, vérbame, 


arbólame, líbrame, 


cierra la puerta tras de ti, 


cuélame, cálame, 

tóntame, 

trae del olvido el olvido, 


arrúllame, piénsame, 


cántame una canción de cuna, 


articúlame, léeme, 


acaríciame las nalgas, 


siénteme, ábrete, ciérrate,


tuéstame, agilibíame


tráeme del viento la luz, 


delírame, arrebátame, 


ceféame, lluéveme, 


apriétame, lúname, 


estréllame, floréame, 


si he de morir, peréceme, 


águame, anochéceme, 


minóviame, ojéame, 


cómeme, bébeme, 


viájame, acolúmbrame, 


maréame, cuélame, 


manoséame con la boca, 


pestañéame, cervecéame, 


respírame en la nariz, 


escríbeme, 


lámeme, miélame, 


bárcame, avíspame, 


seme, déjame ser en ti, 


púnzame, sacúdeme, 


si he de vivir, víveme, 


acalámbrame, arrúllame, 


arróllame, ríeme, muérdeme, 


regálame tu risa bella, 


méceme, rízame, 


fúmame, tuérceme, 


viernésame, 


ámame, otóñame, 


dame tu risa, huye, 


cúrame, sálvame, 


vísteme, 


pronómbrame, 


llévate de mí toda la oscuridad, 


poémame."



 Martha Rivera-Garrido, Los amantes del inbox de papel, 2016.





A boca de jarro

sábado, 4 de marzo de 2017

Un striptease






"Torpeza", Begoña Abad




"¿Qué te quito?", dijiste, tentándome la ropa.

"La torpeza", pensé, asustada,

mientras te respondía:

“La piel y la cordura, mi amor…”








    Su fuerte no era lo sensual, y lo sabía. Sus amigas separadas, expertas en las artes del picoteo incidental, le daban consejos infalibles para triunfar en el amor que validaban todas las películas de amor que había visto en su vida, pero, debajo de la ropa interior sexy que se había estrenado para la ocasión, llevaba desnuda la cicatriz del verdadero amor. En días húmedos como el de hoy, aún dolía. Al subirse al ascensor del edificio donde él la invitaba en noches como la que caía, se volvió a mirar al espejo por centésima vez, tratando de disimular los nervios que la invadían, nervios mezclados con una seguridad en sí misma que le resultaba tan fuerte como inusitada. No volvería atrás, estaba decidida. Tocó el timbre con valor, y él, ansioso y fingiendo no estar esperándola al otro lado de la puerta, no demoró más que segundos en atender.



La recibió con un breve beso en la boca, apoyó su mano blanda en su cintura encendida y la ayudó a quitarse el abrigo que ya sobraba. Le preguntó si quería tomar algo, pero ella no aceptó. La invitó a ponerse cómoda y le propuso poner algo de la música que usaba para lograr el clima ideal, según decía, pero ella ni siquiera quiso tomar asiento. De pie en medio de la penumbra de la habitación, sobre piernas firmes y ligeramente abiertas, eligió ir directo a la cuestión y empezar a desnudarse como nunca antes lo había hecho en su vida.



Primero se quitó las gafas y se soltó el cabello que traía recogido en una colita.

- Lo mío no viene de reproche, porque si estoy acá, es claramente porque yo quise llegar hasta acá. Así que te voy a decir cómo lo veo. Yo veo que merezco más que lo que me das. Merezco más que unos cuantos besos mojados, tres minutos entre piernas y luego un mensaje para ver cuándo quedamos otra vez.

De las prendas que traía, cuidadosamente elegidas, eligió quitarse ante todo el orgullo.

- La verdad: me desconozco. Ni sé con qué fuerzas llegué hoy hasta tu casa, pensé que no tendría el valor. Vengo callando lo que siento por no quedarme sola otra vez, por no perderte, pero por fin entendí que prefiero perder tu compañía a sentir que soy indigna de amor.

Luego, y no sin cierta dificultad, desabotonó el pudor que pensaba haber perdido hace tiempo.

- Yo beso espejos, abrazo almohadas, me acaricio a mí misma pensando en vos, y hasta mientras estoy haciendo las cosas de todos los días, tengo ensoñaciones con vos.

Entonces, bajo la tenue luz de su mirada, fue por el miedo que la cubría, lo arrojó con fuerza al suelo, sobre las otras prendas, y lo aplastó con su tacón.

- Hacemos que parezca amor en nombre de una libertad que nos ampara de no ser un fracaso, como otras veces que nos nos jugamos por lo que sentíamos y nos fue mal. ¿No será miedo a fallar una vez más lo que nos pasa? Que es muy pronto, que es poco inteligente, que así estamos bien para nuestra edad, que de otra forma es muy arriesgado: ¿No será cobardía más que libertad?

Por fin cayó la última prenda, dejándola mansamente desnuda.

- Me gustaría ir por más con vos, pero no fue por eso que vine. La intención es únicamente hacerte saber que estoy dispuesta a ir más allá de que seas un huésped en mi cuerpo y en mi vida, que estoy para más que pasar el rato, porque la vida es eso, un rato nada más, pero merece ser tomada en serio, como yo, y que no temo que, debajo de mi ropa, te encuentres con quien verdaderamente soy. Si algún día te animás a desnudarte como yo, avisame que regreso, y retomamos donde dejamos. Por ahora lo dejamos acá...

Y salió del departamento sintiéndose más mujer que nunca.


Inspirado en un texto de Martha Medeiros:

Martha Medeiros: Strip-Tease Chegou no apartamento dele...





A boca de jarro

miércoles, 22 de febrero de 2017

La hermandad de la aspiradora



Bajo el yugo del encierro
y el deber como bandera,
cada día, hermanadas,
 las mujeres nos rendimos
a pasar la aspiradora
cuando el polvo nos confronta
con la soledad del nido,
bajo lúcida sospecha
de caer en lucha vana:
volverán los que han marchado
a sus guerras mal habidas
con el polvo que, sabemos,
hemos de morder mañana.



Fútil, invisible empresa,
desde su ruidoso reino,
cada ama de su casa
se conecta con las dudas
que a todas nos asaltan:
"¿Y de qué me habrá valido 
tanto álgebra aprendido,
para qué los dos idiomas,
las teorías, los teoremas,
tanto cuento de princesa,
si lo mío se reduce 
a profesar la abnegación
sin percibir compensación?" 



A la hora en la que el ruido
como el polvo se propaga
por las ventanas abiertas
de las casas de mi cuadra,
la certeza se me instala:
no hay motor de aspiradora
que a la voz de la conciencia,
que al destino se rebela,
sea capaz de silenciar
— voz que aún no fue acatada —,
aunque no se oye tan fuerte
como el mandato aprendido
de esa voz que nos inicia
en el arte del barrido. 



De manera misteriosa
el pasar la aspiradora
nos conecta con los sueños
que algún día arrumbamos
con los trastos de limpieza,
sueños de quien nunca fuimos,
de la que aún deseamos ser,  
de una igualdad más limpia
que seguimos incumpliendo
cada vez que nos negamos
el derecho a reparto
para limpiar el camino
de quienes vendrán mañana.








A boca de jarro

lunes, 2 de enero de 2017

Digresión filosófica en elegía




Pintura: “Digresión filosófica”, Edward Hopper , 1959.




Elegía 1938


Trabajas sin alegría para un mundo caduco, 
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.
Practicas laboriosamente los gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.
Los héroes llenan los parques de la ciudad en que te arrastras,
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
Por las noches, si llovizna, abren paraguas de bronce
o se recogen entre los volúmenes de siniestras bibliotecas.
Amas la noche por el poder aniquilador que encierra
y sabes que, durmiendo, los problemas te exoneran de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Gran Máquina
y te repone, diminuto, ante indescifrables palmeras.
Caminas entre muertos y con ellos conversas
sobre cosas del futuro y asuntos del espíritu.
La literatura arruinó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.
Corazón orgulloso, tienes prisa en confesar tu derrota
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la distribución injusta
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.


Del poemario "Sentimiento del Mundo",1940.

Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), Brasil.
   
Homenaje al poeta Carlos Drummond de Andrade en 
la Playa de Copacabana, Río de Janeiro.


Elegia 1938

Trabalhas sem alegria para um mundo caduco, 
onde as formas e as ações não encerram nenhum exemplo.
Praticas laboriosamente os gestos universais,
sentes calor e frio, falta de dinheiro, fome e desejo sexual.
Heróis enchem os parques da cidade em que te arrastas,
e preconizam a virtude, a renúncia, o sangue-frio, a concepção.
À noite, se neblina, abrem guarda-chuvas de bronze
ou se recolhem aos volumes de sinistras bibliotecas.
Amas a noite pelo poder de aniquilamento que encerra
e sabes que, dormindo, os problemas te dispensam de morrer.
Mas o terrível despertar prova a existência da Grande Máquina
e te repõe, pequenino, em face de indecifráveis palmeiras.
Caminhas entre mortos e com eles conversas
sobre coisas do tempo futuro e negócios do espírito.
A literatura estragou tuas melhores horas de amor.
Ao telefone perdeste muito, muitíssimo tempo de semear.
Coração orgulhoso, tens pressa de confessar tua derrota
e adiar para outro século a felicidade coletiva.
Aceitas a chuva, a guerra, o desemprego e a injusta distribuição
porque não podes, sozinho, dinamitar a ilha de Manhattan.



Del poemario «Sentimento do Mundo», 1940.
Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), Brasil.

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