martes, 26 de mayo de 2015

Femenina y singular


Baruch Vergara, Metarrelatos (2), acrílico sobre lienzo, 2011
ašrê ( אשרי)

Era como llegar a un orgasmo que no alcanzaba con su hombre hacía largo tiempo, el ritual consumatorio de la felicidad posmoderna, femenina y singular: pararse frente al espejo del gimnasio vestida de pende vieja deportiva, con su Gatorade helada y sus pesas apoyadas en el piso, ya lista para largar una sesión más hasta alcanzar la absoluta perfección y brillar por lo único que importa, curvas, firmeza y resistencia, a pesar de haber traspasado la barrera de los cuarenta. Entre una amplia mayoría femenina más joven que ella y el profesor gay de la clase de la noche, cerraba por fin su aburrido día de trabajo en la oficina, y este era el momento más esperado del día. Se posicionaba bien adelante y se miraba el cuerpo semidesnudo cuidadosamente durante el calentamiento, evitando que sus ojos se encontraran con la envidia de todas las que había logrado dejar detrás y observando cuánto le faltaba a sus trabajados rollitos para desaparecer totalmente. Pensaba en la bikini y el verano próximo, así se daba más ganas de empezar a transpirar. La música, estridente y latosa, servía para poner la cabeza en blanco. Después de la clase, la ropa Nike iba al lavarropas, ella, a tomar una larga ducha, luego una buena ensalada con un vaso de agua mineral baja en sodio y un jugo de naranja exprimido con unas gotas de edulcorante despatarrada en el futón del living mientras hacía un poco de zapping por los canales de aire y de cable en busca de programas sobre la farándula. Apagaba, se mandaba a la compu y le daba a Facebook con café descafeinado y galletas de arroz hasta que se le caían los ojos de sueño. Estar agotada a la hora de meterse en la cama en su baby doll de satén era la excusa perfecta para no pensar que no había compartido ni una hora de su día con su hija adolescente, aunque sí había logrado conservar intacta su existencia anorexígena de privaciones y sacrificios en pos de la anhelada y siempre bien preciada belleza de onda que se le hacía lo más cercano a la bienaventuranza que vendía su dios en las publicidades.




A boca de jarro

6 comentarios:

  1. Una cosa es el binestar físico otra la obsesión. Personalmente practico deporte todos los días. Es una rutina adquirida de hace años, antes de ser madre, y ya tengo un hijo de 22. Me gusta, lo mismo que leer una buena novela. Envejezco como el resto de los mortales, gracias a dios, pero creo que el problema no está tan sólo en relacionar belleza con delgadez sino con juventud. La gente tiene miedo a envejecer.
    Muy buena descripción de esta pandemia del siglo XXI
    Un abrazo

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    1. Comparto la afición por el ejercicio y es de allí, precisamente, que conozco a personajes como la obsesiva protagonista de este relato, Marybel. Una cosa es hacer ejercicio por el bienestar que proporciona, y otra es convertirlo en el centro de la existencia en pos de un ideal de belleza ridículo y dañino impuesto comercialmente hace demasiado tiempo ya. Las mujeres somos presa fácil de estas modas, y noto con mucho pesar el enorme mal que nos infringimos, a nosotras mismas y a los nuestros. Da para estudiarlo a fondo desde el punto de vista sociológico, te diría.

      Abrazo y muchas gracias.

      Fer

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  2. Hay una alumna obesa en una de mis clases. Es carne de fracaso y tal vez su vida sentimental sufra de los sentimientos de fragilidad de la adolescencia. Un día me dijo que odiaba al mundo. Me identifiqué con ella. Procuro estar cerca de ella porque puedo intuir su zozobra por su aspecto físico. Sin embargo, es una persona a la que considero muy atractiva físicamente siguiendo otros criterios, distintos a los convencionales. No se lo puedo decir por supuesto. Solo puedo manifestarle mi apoyo. Recuerdo que hace años una alumna que padecía complejos físicos me lo preguntó: que si, como hombre, yo la apreciaba físicamente. No sé exactamente cómo fue la pregunta, pero sí que sé que no había ninguna insinuación de ningún tipo. Le dije que me parecía atractiva. Sé que aquello fue importante para ella. Hay bellezas que solo se entienden desde una visión más adulta. Creo. No sé. En todo caso en mis clases de bachillerato he hablado varias veces sobre la potencial desgracia que puede representar ser demasiado hermosa y ser foco de atracción para todos los moscones del universo. No es fácil gestionar la teórica no belleza pero también es muy difícil, si no más, gestionar la belleza superlativa. Realmente ser mujer es difícil.

    Un abrazo, Fer.

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    1. Estoy de acuerdo, Joselu. Es muy difícil ser mujer. En general, las mujeres somos más duras con nuestros juicios hacia nosotras mismas y hacia las demás mujeres que los hombres lo son con nosotras. "La suerte de la fea" es algo que se ve muy a menudo, supongo que porque el hombre buen mozo que lleva a su lado no la verá tan fea. Juzgamos muy categóricamente por lo físico y nos dejamos embelesar por todo lo que se nos vende como "bello".
      De chica también fui objeto de burlas que sentí mortificantes debido a mi sobrepeso y tengo un tremendo complejo de gorda siempre que no me cuido o abandono el ejercicio físico: una de mis obsesiones. De todas formas, al ver mujeres obesas, noto la diferencia entre lo que aquí han dado en llamar "sobrepeso estético" (a eso han llegado algunos médicos televisivos, es inconcebible) y obesidad.
      En cuanto a "gustar", coincido también en que hay un gustar inmaduro y otro al que se llega en la madurez, que no está atado a los cánones de belleza social.
      Es importante esto que me comentas acerca de estar "cerca" de esta alumna tuya al percibir su zozobra y su fragilidad: yo siento que conmigo, en momentos de angustia y vulnerabilidad como el que estoy atravesando ahora, también lo haces de la misma forma en que lo haces con esa chica, y te lo agradezco inmensamente, tanto como esa adolescente te lo va a agradecer explícita o silenciosamente toda su vida, te aseguro. Las mujeres necesitamos sentir que tenemos alguien confiable y sabio que nos cubra las espaldas.

      Un abrazo y muchas gracias.

      Fer

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  3. Buenisima crítica a la forma en que muchas mujeres "desperdicían" su tiempo, gustar y gustar a los demás y sentirse ttriunfadoras, egos de vanidad las llamo yo, tanto si es por el mejor cuerpo que pueda conseguir, como por ser la perfecta madre, o la super mujer que todo lo hace y sabes además de ser más magnifica que ninguna de sus amistades.
    Vacío, mucho vacío encuentro con una existencia marcada por la frivolidad de seguir el enloquecido mundo de la estupidez , consumo y no pensar.

    Besos muy fuerres,

    tRamos

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    1. Egos inflados y frivolidad, tal cual, tú lo has dicho, tRamos.

      Besos y gracias!

      Fer

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."