sábado, 6 de octubre de 2012

El profundo sentido de peregrinar



Hoy se celebra la 38° Peregrinación anual a pie al Santuario de Luján, que partió al mediodía del barrio de Liniers para cubrir un recorrido de 65 Km. hacia la imponente basílica, congregando año a año a cientos de miles de jóvenes y personas de toda índole unidas por un objetivo en común. Este escrito se lo regalé a un peregrino de la blogosfera, José Senovilla, el 6 de enero de este año, y hoy quiero reeditarlo en este espacio en homenaje a todos aquellos que caminan a Luján, ya que los acompaño con el corazón: 

Peregrinar es un rito compartido por la inmensa mayoría de los credos, y el peregrino es el símbolo viviente del tránsito de nuestra vida desde el día en que nacemos hasta el que morimos, más allá de nuestras creencias sobre qué pasa después.

Cuando era pequeña, me enseñaron que nunca caminamos solos, y que en los momentos más difíciles de nuestra travesía existencial, las huellas que vemos marcadas en la arena de nuestro pesado paso por los tramos más arduos son en realidad las marcas de quien carga con nosotros a cuestas cuando nuestras fuerzas no bastan para seguir andando. Al oírlo de pequeña, fue una bonita historia. De grande, lo experimenté en carne propia, más de una vez. Es lo que llaman una cuestión de fe.

Ya de adolescente, a los diecisiete años, decidí unirme a la peregrinación anual a pie al Santuario de la Virgen de Luján, Patrona de los argentinos. Fue aquel un año especial por varios motivos: se fueron de este mundo mis tres abuelos peregrinos inmigrantes españoles. Y terminaba yo mi recorrido por la escuela: se iniciaba en mi vida una verdadera peregrinación. Ofrecí entonces la caminata que cubre 65 Km., que logré hacer en alrededor de 20 horas, por la memoria de mis abuelos idos, quienes, según yo creía y aún creo, se fueron a seguir su peregrinación a un mundo mejor, y para ofrecerle a la Virgen mis pasos en lo que se me hacía un futuro incierto.

La experiencia de peregrinar fue sin dudas muy esclarecedora. A pesar de mi juventud, entendí que la vida se parecía mucho a esa peregrinación. Tanta gente distinta y, sin embargo, unida por lo más valioso de nuestra humanidad: nuestro sentido de fragilidad, de transitoriedad, nuestra necesidad de encomendarnos a una fuerza superior que nos ampare en nuestro recorrido por un camino que a veces parece que se angosta, porque cae la noche e inunda la oscuridad, por la lluvia, el frío, la neblina. Y a pesar de ello, todos nos encontrábamos en la misma senda, intentando llegar a un destino que nos diera una esperanza que resignificara nuestro cotidiano peregrinar.

Encontré todo tipo de gente en aquel recorrido hacia la majestuosa basílica de Nuestra Señora de Luján. Había allí gente mayor que se apoyaba en bastones, gente imposibilitada de caminar sobre sus propios pies que se desplazaba en sillas de ruedas, gente que andaba descalza, de rodillas, gente con niños pequeños, sanos o enfermos, sobre sus hombros, hombres sin trabajo portando imágenes del Santo Patrono del Trabajo, San Cayetano, y andando, mujeres con lágrimas en los ojos, embarazadas, enfermas y una multitud de jóvenes. Éramos cientos de miles.

Arrancamos con bríos, como en general se arranca toda empresa. El sol del mediodía nos obligó a hacer nuestra primera parada para comer algo liviano, hidratarnos y descansar, sin parar de caminar de golpe hasta por fin tendernos a la sombra con las piernas hacia arriba para que la sangre irrigara nuestro cansancio primero. Por la tarde nos animamos con cánticos, mates y las historias compartidas de nuestros motivos de peregrinar con el grupo de boy scouts que nos acompañaba y asistía. Y comenzaron a sentirse los efectos de la caminata al caer el sol. Con los años descubrí que además de que esa era la hora lógica para que el cuerpo mostrara los signos de fatiga naturales del peregrino, la puesta del sol es una hora del día especial en general, que tiende a acongojarnos y a llenarnos de sentimientos intensos. Aparecieron las primeras llagas en mis pies, y tuve que detenerme para que me asistieran en un puesto sanitario. Quedé atrás de mi grupo, junto a otra compañera que tuvo el mismo problema, y un boy scout que se quedó a acompañarnos. Luego de una sopa caliente y con nuestras llagas debidamente vendadas, resumimos la marcha hacia la noche que se adentraba en el horizonte. Y comenzó la lluvia. Reinaba el silencio, y se hacía muy pesada la marcha. Con escasa protección para el agua, comenzamos a sentir frío y a tiritar. Hubo algún intento de plantar, de subirnos al tren, pero aquel muchachito scout que se había quedado tenía una misión especial: él fue quien ofreció sus hombros, sus brazos y sus manos para sostenernos, así como su amena conversación para distraernos, y su corazón enorme y "siempre listo" para hacernos ilusionar con el momento en que despuntara el alba y lográramos divisar las torres de la cúpula desde la ruta.

Y así sucedió. Paró la lluvia, se despejó el cielo, y con los ojos empañados, mezcla de dolor y alegría, vimos por fin nuestro destino imponente, alzándose hasta el cielo desde lejos. Ese fue finalmente el tramo más arduo: cuando sentimos que ya habíamos alcanzado la meta, pero quedaban los últimos implacables kilómetros por cubrir. Era como ver un oasis en el desierto. Allí sí hubo que poner mucha garra y voluntad, superar el dolor mortificante y los calambres musculares encomendándonos a aquella Señora a quien queríamos llegar.

En nuestro peregrinar cotidiano nos enfrentamos con una serie de pruebas y apuros que desafían nuestra determinación y nuestra fe, sobre todo, nuestra fe en nosotros mismos y nuestras propias fuerzas, y aprendemos que para llegar a destino es necesario sortear peligros insidiosos. Peregrinar nos revela la convicción profunda de lo que San Pablo llama "Certa bonum certamen" ("Lucha la buena lucha"). Y como dice Paulo Coelho en su novela El peregrino, una intensa parábola sobre la necesidad de encontrar nuestro camino en la vida:

"El camino es el que nos enseña la mejor manera de llegar
y nos enriquece mientras lo atravesamos."

Les deseo hoy a todos los peregrinos que marchan rumbo a Luján y a los que andan peregrinando por aquí, que el camino de la vida los colme de bendiciones y hallazgos, y agradezco a la vida la inolvidable posibilidad de haber dejado mi pequeña huella, una más de tantas, en la senda de millones de peregrinos que siguen en pie y andando cargando con sus esperanzas.


A boca de jarro 

20 comentarios:

  1. Querida Fer, emocionante tu relato. No creo que lo sea ùnicamente por la impecable escritura y por la sinceridad de la autora, sino por la verdad que encierra. Un gran abrazo.

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    1. Gracias, amigo James! Es de verdad un sincero homenaje a quienes caminan a pesar de todo y de todos los que tratan hacernos creer que es inútil intentar avanzar en estos tiempos. Toda la noche incorporé el ruido de la lluvia a mis sueños como deseando que cesara para los peregrinos y soñé con aquella caminata que marcó un antes y un después en mi vida. Me encantaría poder algún día lograrlo otra vez. Pero esta no pudo ser. Aunque como buena peregrina, no pierdo las esperanzas.

      Un fuerte abrazo!

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  2. Pues no recuerdo muchas experiencias místicas, aunque suene hereje les temo, aunque en el sentido que has propuesto sean enriquecedoras, y quizás ahí si pueda animarme a una, recuerdo un retiro de joven en el colegio en el cual escape pues era algo rebelde y la comunión la hice muy rápido asimilado a los soldaditos ya que mi padre fue militar, no sé quizás algo como lo que cuentas pueda cambiar mi impresión, pero sin embargo muy a mi modo creo en Dios. un beso.

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    1. El misticismo, la espiritualidad y la idea de lo divino que cada uno de nosotros tiene, estimado Mario, puede ser despertado o reavivado por la experiencia más pedestre y mundana. No hace falta encomendarse a ningún Santo ni forzarse a rituales establecidos. Los verdaderos ritos son esas experiencias que llenan de sentido nuestra vivencia de ellas, que hacen que nos conectemos con un profundo sentido de trascendencia, más allá de nuestros prejuicios y experiencias pasadas. Hay momentos en la vida que parecen generar una sensibilidad especial para conectar y sentir en profundidad: este para mí fue un momento de esos, y resultó inolvidable. Por eso cada año lo recuerdo y acompaño a quienes caminan con el pensamiento y el corazón.

      Gracias por tu visita y tu aporte!

      Un beso.

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  3. Has narrado impecablemente el sentido que tiene el emprender un camino iniciático y sagrado. España está llena de estas peregrinaciones, cada pueblo tiene la suya en honor a su Patrón o Patrona. Aquí se les suele llamar a estos encuentros, Romería. Y Camino, al que se hace a Santiago de Compostela.
    Me ha gustado mucho la respuesta que has dejado en el comentario de Mario Salazar, la comparto totalmente.
    Un abrazo Fer.

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    1. Muchas gracias, mj! Me encantaría poder hacer el camino a Santiago de Compostela, del cual leí la intensa narración hecha por Coelho en El camino a Santiago, quien asegura que su vida cambió luego de eso y le creo.

      Y de Romerías tengo las historias de mis abuelos españoles y el sueño pendiente de ir a visitar sus pueblos natales y participar de alguna, claro.

      La respuesta que le di a Mario responde a una realidad que me embarga de tanto en tanto: esa conexión sutil que depende de la circunstancia con lo que tú bien describes como iniciático y sagrado, más allá de credos y dogmas.

      Un abrazo y un gusto enorme recibir tu visita y tu amable comentario!

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  4. Fer me ha gustado tu relato sobre la peregrinación...sobre todo la metáfora con el camino de la vida...
    espero que el tuyo sea pleno y que sepas sortear los obstáculos...al menos no te falta la fe...
    por cierto me encanta Pablo...y he leído todos sus libros...
    y un día de estos tengo que pararme a pensar en que momento de mi peregrinaje perdí la fe en un ser supremo y me quedo la fe en el ser humano...
    un abrazo

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    1. Es un relato totalmente verídico, Julia. Y no creo que debas cuestionarte demasiado acerca de la fe. Yo la vinculo mucho a lo emocional. Hay etapas en las que estoy más sensible o me siento vulnerable y me apoyo en mis creencias porque me hace bien y otras en las que me siento omnipotente y es como si no sintiera nada intensamente. Siempre pienso que la mía es una fe un tanto miedosa, por lo cual no me siento en lo más mínimo orgullosa de ella. Creo que todo esto es muy humano y nos pasa a muchos en varios órdenes de la vida.

      Creer o no en la existencia de un ser supremo es cuestión de cada uno. Lo que sí te das cuenta al peregrinar es de que todos estamos en el mismo camino, expuestos a las variaciones climáticas, que el camino tiene un principio y un fin y que en él hay que sortear dificultades y contratiempos aunque también te regala bellísimas vivencias: ¡es la vida misma!

      Tener fe en el ser humano, querida Julia, es muy loable. Si tienes fe en tu prójimo, que no es otra cosa que la gente que te es próxima o cercana, eso ya es una fuertísima conexión con lo trascendental. De nada sirve que encendamos velas y nos recluyamos a orar en templos si la persona que tenemos a nuestro lado nos resulte indiferente. Las Escrituras dicen que una fe sin obras es una fe muerta. Por lo tanto, si tú confías en el ser humano y actúas guiada por esa confianza, obras por la fe.

      Un beso y gracias por peregrinar siempre por aquí!

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  5. Muy bello texto.
    Me resulta curioso pensar que el santuario de Lujan respecto al lugar de partida de la peregrinación tiene exactamente la misma distancia que hay desde mi ciudad a Compostela: 65 km.
    No he peregrinado y nunca he traspasado la barrera que hay entre la curiosidad y el deseo de hacerlo. Quizás algún día, todo depende. Lo que llamamos Camino de Santiago son en realidad muchos caminos aunque el más célebre sea el francés:
    http://principiantes.files.wordpress.com/2008/01/mapa_caminos.gif
    Todos llegan a Santiago pero los que saben la verdad no ignoran que el final de la ruta no es allí, en una catedral católica, si no donde se mueren todos los caminos, allí donde muere el Atlántico, en la Costa da Morte, en Fisterra, el fin de la tierra.
    Sí, al final no es la religión lo que cuenta si no ese caminar hacia el fin postrero que solo se justifica por lo que hemos encontrado en la ruta.
    Besos

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    1. Muy bello comentario, Doc., siempre empapado de sabiduría de vida, de poesía y de sensibilidad.

      Sabrás sobre la época de los libros religiosos ilustrados que cumplían con la función de recordarnos el adagio que surgió para impedir la soberbia de los victoriosos generales romanos que se paseaban triunfales por las calles del imperio romano:
      "Memento Mori" ("Recuerda que morirás") y así persuadirnos de la vanitas de la existencia. Su mensaje era inequívoco: debes recordar tu mortalidad, tu finitud como ser humano.

      Es un tema frecuente, o tópico, en el arte y la literatura este de la fugacidad de la vida. Toda peregrinación lo sugiere finalmente. Y no es malo recordarlo de vez en tanto, simplemente para vivir el presente más intensamente, para abrazar el "Carpe diem" que rige en nuestros tiempos, pero no sin perder la conciencia de que llega un día en el que se acaban los días y se llega al fin del camino.

      Tú lo dices mejor que yo: esto va mucho más allá de la religión, por eso congrega a tanta gente tan diversa en origen y creencias, pero semejante en su desamparo frente a esta verdad que se nos hace tan aterradora aunque al escenificarla, le encontramos sentido gracias a la intensa vivencia del peregrinar cotidiano y lo que nos regala el camino. Regalos como los que me dejas tú a mí en tu paso por mi ruta: voy a ver ese camino, aunque no estoy en momento de emprenderlo, pero, ¿quién sabe? Ya llegará... o no. Tal vez mi ruta sea otra y deberé aceptarla sin intentar trazarla. Lo importante es que estamos andando.

      Gracias y un beso!

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  6. Caminata a Luján...algo pendiente en mi vida...

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    1. Siempre se está a tiempo cuando hay ganas. Es así de simple. Lo que sí te recomiendo es que si te decidís, entrenes y te conectes con algún grupo experimentado que te oriente sobre qué llevar para el camino y sobre todo, que te acompañe. Es arduo: sola creo que jamás podría haberlo logrado.

      Gracias por tu visita: te la voy a retribuir.

      Saludos!

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  7. No soy cristiano, pero apenas vine a la Argentina un par de amigos me invitaron a ir caminando a Luján, no era época de peregrinación, eramos 4 tipos que fuimos para pasarla bien y -la verdad- lo conseguimos.
    Tal vez un día vuelva a hacerlo.
    Un beso.
    HD

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    1. No creo que toda la gente que peregrina sea cristiana. Es una experiencia de vida que te conecta con vos mismo, con los demás y con el camino de la vida. Hay que pasarla bien en lo posible, como en la vida.

      Un beso y gracias, Humberto.

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  8. Nunca he intentado hacer el Camino de Santiago. Creo que nunca he estado preparada para ello y ahora ya es tarde.









    do preparada



    .

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    1. No tienes por qué plantearte hacerlo, Lola, pero también hay mucha gente que hace un tramo y luego se sube a un vehículo para llegar a destino: hay tantas formas distintas de peregrinar como peregrinos en el camino de la vida...

      Y es muy cierto que hay que estar física y psicológicamente para peregrinar, pero se puede entrenar de a poco. Si sientes que ya no puedes hacerlo pero te interesa la vivencia, la narración de Paulo Coelho es muy interesante: El peregrino, o El peregrino de Compostela, su primera novela, es una parábola sobre la necesidad de encontrar nuestro camino en la vida, darle un verdadero sentido, mejorar como personas y alcanzar un mayor crecimiento espiritual. A mí me gustó leerla, junto a El alquimista. Lo demás de Coelho no me gustó ya tanto.

      Un beso grande, Lola.

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  9. En estos tiempos en los que se acusa,no sin razón, al ser humano de cierta pasividad. De ser en exceso contemplativo y carente de espíritu de arrimar el hombro, este texto sirve de oportuna réplica a otra realidad.
    Ese espíritu de sana camaradería y de unión fraternal también existe. Paso a paso vamos descubriendo nuevos caminos interiores a la vez que recoremos distancias físicas. Es la búsqueda de la armonía física y espiritual. Excelente el desglose. Magnífica la disertación.Un abrazo.

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    1. Te agradezco por tan cálidas palabras, Víctor. Esa otra realidad existe pero tiene poca prensa. El texto es simplemente el fiel reflejo de una vivencia que siempre atesoraré por sus implicancias tanto físicas como espirituales.

      Un beso grande!

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  10. Fer me pierdo en tu narrativa, pero no el sentido literal, pues es de riqueza tan amena que se hacen cortos al leer.
    Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias, querido amigo verde. Pero por favor no te pierdas. Me gusta peregrinar por esta ruta contigo cerca. Y extraño a aquellos peregrinos que escogen otras rutas, aunque todos los caminos son válidos si sirven para encontrarse con uno mismo y con el prójimo.

      Un abrazo!

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."