miércoles, 23 de septiembre de 2015

Reunión de ex-alumnas




     Odio las reuniones de ex-alumnas, pero Andrea insistió, dijo que eran los 30 años, que no creía que iba a estar en condiciones de asistir conmigo al festejo de los próximos 30 y que entonces no quería perderse la ocasión. Me hizo ruido eso que dijo. A nuestra edad esos comentarios no se deben dejar pasar sin más. Me empilché bien, tratando de disimular todos los kilos ganados en esta década perdida, y fuimos en su autito. El colegio está casi igual: la pintura caída del frente, el patio con sus baldosas de ajedrez lustradas por las monjitas, las aulas de techos altos y ventanas grandes, y la capilla, resplandeciente. Sólo cambió la cancha donde hacíamos los quemados del recreo largo, que ahora es un gimnasio techado que no pudimos ver porque estaba cerrado, para variar, y cambiaron, eso sí, las monjitas. Las nuestras se fueron todas a la patria celestial, como decían ellas eufemísticamente.

Entrar en esa capilla es tomarse un tren a todos los fantasmas del pasado. Se me viene el día de mi primera comunión, la carita de sueño que tenía por no haber dormido bien, con miedo de tener "malos pensamientos", en palabras de la Hermana Leticia, y mis abuelos, almaceneros asturianos, parados en la puerta del frente, vestidos de lo que no eran para no desentonar. ¡Cuántos miedos me metieron esas monjitas bigotudas e ignorantes, cómo me cuesta perdonarles eso y lograr ver lo que me habrán dado de bueno! Ahí siguen parados en el altar los dos enormes ángeles de la guarda de color pastel que, según las monjas, custodian al Santísimo, y según Marguery, que un día se hizo pis encima durante una misa en uno de estos bancos porque no la dejaron ir al baño, mueven los ojos durante los recreos cortos cuando ella los va a espiar. Yo nunca los vi moverse, pero los soñé en movimiento después de aquella gris y destemplada mañana en que nos dijo la rectora, ni bien tocó el timbre y formamos, que estábamos en guerra con Inglaterra para recuperar las Malvinas. La reliquia del santo patrono de la congregación sigue tapadita con esa cortina bordada que da más impresión que el mismo hueso. Y la Virgen nos mira fijo desde allá arriba, igual que entonces, cuando le pedíamos perdón tal como nos enseñaban, con las dos manitos cruzadas sobre el regazo. Me pregunto mucho últimamente qué sería lo que habría que perdonar tanto, ¿no? Se me ha dado por pensar, como le comento siempre a Andrea, que deberíamos haber sido un poco malas, un poco traviesas, un poco desobedientes, menos sumisas y perfectitas, menos reprimidas de lo que nos obligaron a ser para nuestro mal.

Acá, en el banquete aniversario de la promoción 85, están sentadas a la mesa todas las caras que conozco de memoria, como conozco cada baldosa de este patio que fue mi territorio en la niñez, mi piedra angular, y que me vieron convertirme en una mujercita. Caras que están cambiadas, como la mía, supongo, y, sin embargo, en esas pupilas que se topan con las mías con un dejo de extrañeza después de tantos años encuentro los mismos ingredientes de ayer: Susana, con su dosis de lujuria y de vanidad, Virginia, con sus gotas de envidia y de maldad, Gaby, con su medida de nada hastiada de todo, Alejandra, con su ración de mediocridad y sus aires de feme fatal, los mismos aires que me soplaron a más de uno durante todo el secundario por sobre mi insípida inseguridad, que se evaporó cuando el primer hervor, para el cual no convidé a ninguna de ellas. 

Pero todo eso también lo tengo que dejar atrás porque Andrea está acá y es la que me trajo por algo. Ella me quiere bien, me conoce, me banca, sabe de mis escasos éxitos y mis estrepitosos fracasos, celebra los cumpleaños de mis hijos y les hace regalos. Ella, como yo, es consciente de que nuestro envase tiene fecha de vencimiento y de que hay que exprimirlo al mango. Ella no me mide por mis títulos, mis calificaciones, el número de hombres que pasaron por mi cama, la cantidad de años que llevo de casada, cuántos kilos engordé en cada embarazo o cuántos hijos tuve el coraje de traer a este mundo. No. A ella le van mis bromas, mis sueños, mis lamentos y quejas, mis sensatos razonamientos en forma de consejos trasnochados vía mail cuando se trata de su familia ensamblada, de sus viejos y sus achaques o de la perra de su cuñada y la conchuda de su suegra. Y aunque la quiero bien y la sé valorar, esto se me hace denso cuando se pone espeso. Que estás igual, boluda, que si al final te recibiste de profesora de inglés, que si al fin tu viejo aprobó tu elección de carrera, que cómo están él, tu hermana y tu mamá, que si te casaste, que a qué edad y con quién, o contra quién, que cuántos hijos tuviste y que si trajiste las consabidas fotos de billetera de tus hijos porque yo, mirá, acá te voy a mostrar a los míos, rostros de pibes que no me dicen nada porque ni conozco al papá, aunque me lo puedo imaginar porque sé qué clase de tipo te va, y ahora, acá sentada a la mesa apoyada sobre los caballetes de siempre, las tengo que mirar y poner cara de feliz cumpleaños ante esas caras vacías, y tengo que decirle qué lindos son y toda esa sarta de pelotudeces que se dicen en estos bodrios. Preferiría que nos acordáramos de nuestras travesuras, cuando nos macheteábamos en historia y la vieja no nos pescaba, cuando fumábamos en el sótano del salón de actos, nos rateábamos de geografía con la excusa de que nos teníamos que confesar con el perverso del capellán, o cuando le poníamos papelitos bañados en plasticola sobre la silla del escritorio a la de biología para que se le quedaran pegados al culo, ¿te acordás? 

Me cuentan de hazañas de las cuales, según ellas, fui yo la protagonista, pero yo ni me acuerdo ya. Les cuento de cosas de ellas que quedaron prendidas a mi memoria, pero las niegan entre risotadas, convencidas de que ellas jamás hicieron eso. Pasan de largo los sándwiches de miga porque siguen todas a dieta, pelan sus celulares y me preguntan si yo estoy en Facebook o si tengo WhatsApp para seguir "en contacto". ¿Quiénes seremos todas estas a estas alturas de este viaje sin pasaje de vuelta, me pregunto? Cierro los ojos, bajo la cabeza, miro el reloj: es tarde ya, y se viene la torta, el brindis y las selfies. Hasta para hacerme tantas preguntas es tarde ya.



A boca de jarro

23 comentarios:

  1. El pasado y las gentes del pasado me producen bien poca curiosidad. Creo que la vida de un ser humano es dispersa, caótica, con subidas a los cielos y bajadas a los infiernos. Reconozco que no soy muy sociable y que me cuesta tener eso que se llaman amigos. Es un esfuerzo grande. Me disgustaría una reunión social como esa, igual que me cuestan enormemente las reuniones sociales de cualquier tipo. Pero de todo lo que has contado hay algo que me ha pegado un latigazo y ha sido la referencia a las monjas de tu niñez. Yo fui a un colegio de monjas de los cuatro a los siete años. Luego fui a un colegio de curas, sórdido y sádico. Las monjitas de mi niñez pusieron un punto de ternura en un niño desquiciado y perdido al que no quería nadie. Por primera vez sentí qué era que alguien me quisiera y me lo mostrara. Así que guardo de aquel tiempo un recuerdo terrible pero lleno de afecto hacia Sor Ascensión que pronóstico que llegaría a obispo. Me hacían sufrir con sus historias del fin del mundo y la primera comunión, pero en conjunto el balance es cálido. Además el colegio era mixto. Había niñas!!!!!! Luego fui a uno de varones solos y fue la experiencia más demoledora que he vivido. Nueve largos años con solo varones sádicos y curas pervertidos.

    Un beso.

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    1. El mío era sólo de niñas, Joselu, ¿qué puede haber más parecido al infierno que eso, dime, por favor? Toda la primaria y la secundaria entre mujeres...
      ¡Cómo la pifió Sor Acsención contigo, que no te veo de cura y, mucho menos, de obispo, Joselu! Me has hecho reír.

      Un beso y muchas gracias.

      Fer

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  2. Pues compartimos experiencia en colegio solo para chicas- mi primer compañero lo tuve en la universidad- y religioso. Estarás conmigo que esto marca de por vida... ;)
    Un abrazo,

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    1. Claro que marca terriblemente de por vida, Carmen, que no es un tema menor. Suceden por lo menos dos cosas serias luego de semejante experiencia, al menos, de las que soy consciente: estás hastiada de las mujeres y las detestas, por exceso de trato y conocimiento, y estás ávida de buena compañía masculina y no sabes bien cómo manejarla. No me refiero a lo sexual, precisamente, simplemente se añora la amistad "neutral" de un varón simplemente, es decir, lo que esa escolaridad no te ha dado, pero se siente al varón siempre como una conquista en potencia y se le teme un poco, por falta de estrategias adquiridas para gestionar ese vínculo, no sé si me comprenderás. Siempre me ha quedado la sensación de que los hombres pueden malinterpretar mi bonhomía y nunca me he sentido libre de manifestarles mi afecto por temor a ser malinterpretada. El miedo a ser tomada por puta es muy agudo y de por vida cuando sobrevives una educación tan rígida y reprimida como la que yo he recibido en tiempos de dictadura en mi país. Pasa que a mi edad descubres que ser puta es una forma más de estar en el mundo y ya no tienes ganas ni de juzgar...

      Un abrazo y gracias por tu visita.

      Fer

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  3. Fer nunca he ido a una reunión de ex.alumnas, creo que ni aunque me pagará volvería a pisar aquel colegio de Madres Trinitarias, en la que pase sin duda los peores años de mi vida, y a las que poco tengo que agradecer...bueno quizá si que les puedo agradecer algo...y es que entre en ese internado con 12 años, siendo una niña tímida y buena y salí con 17 convertida en una jovencita alocada y dispuesta a comerse el mundo...y sin duda con una personalidad mas fuerte fraguada a base de humillaciones...y convencida que nadie me volvería a humillar...de aquellos años me queda mi vicio por el tabaco y mi ausencia de fe...
    Supongo que tu experiencia en el encuentro sirvió para reafirmarte en la idea de que hay gente a la que es mejor no volver a ver...y recuerdos que es mejor no traer...
    Por lo demás espero que tu salida del infierno vaya progresando...y si no alcanzas el cielo terrenal, al menos encuentres paz y sosiego...y sigas escribiendo.
    Un abrazo. Cuidate mucho y sobre todo aprende a quererte como eres.

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    1. Muchas gracias por compartir tan a corazón abierto tu experiencia y sabiduría de vida conmigo, Julia querida. Muchas gracias.Cuídate mucho tú también.

      Un beso grande.

      Fer

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  4. Fer, leyendo tu relato he recordado muchos los míos, cuando uno se reencuentra con antiguas amigas y compañeras de colegio, a mi me llama mucho la atención, el ver los caminos tan distintos que fuimos tomando, y en muchos casos, te das cuenta que sólo ya te une el recuerdo de aquel pasado, en el presente ya no hay puntos de unión, historias en común o sueños por realizar..., pero el recuerdo es un pegamento afectivo...
    Me gustó mucho tu historia, un gran abrazo amiga

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    1. Te das cuenta de que son extrañas a quien has conocido sólo por un ratito...

      Muchas gracias, María. Un gran abrazo para ti también!

      Fer

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  5. Ciertamente existe cierta desazón al reencontrarte con antiguos compañeros de colegio. No fue mi caso, siempre he asistido a colegios mixtos pero ver el paso del tiempo en esos rostros, ver como gente prometedora han quedado por el camino u otros menos diestros han sabido salir a flote holgadamente, te hace mirarte tu propio ombligo.
    Me encantó tu narración Fer. Sentimientos compartidos.
    Besos.

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  6. Me hiciste sentir en ésa reunión Fer! Muy real tú relato, no se por que se insiste en reunir gente que ya son como desconocidos, rescatando uno o dos jajaja te felicito un placer leerte, como siempre! Besitos amiga!

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    1. Es que de verdad odio esas reuniones, Griselda. Me alegro que estés de vuelta. Te agradezco mucho la visita!

      Besos!

      Fer

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    2. Gracias Fer, volviendo a medias !un placer leerte besos

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  7. A mí esas reuniones se me hacen tan... tan..., en fin, tan tan, que acabo por no ir a ninguna. Me gustó cómo lo describiste, Fer, a pesar de lo espeso del ambiente, lo hiciste de un modo muy ágil y ameno.

    Muchas gracias por tu comentario en mi planeta :) (estuve meses sin abrir los comentarios, por eso no pudiste dejar ninguno hasta ayer)

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Ximo. Ahora entiendo entonces. Un verdadero honor recibir tu visita en mi jarrito.

      Un abrazo!

      Fer

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  8. Hola Fer! Leí este artículo, y en el proceso me acordé de vos! http://www.jotdown.es/2015/04/usted-no-es-dios-un-breviario-sentencioso-contra-paulo-coelho/ Si bien discrepo con alguna que otra cosa que dice el artículo, en un buen porcentaje creo que acierta! Te mando un beso.... Y me parecen un bodrio las reuniones de exalumnos! No hay que dejar que Facebook una lo que la vida desunió. (por eso mi Facebook cuenta con 87 amigos, ya casi sería lo mismo no tenerlo!) Beso.

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    1. Hola, Vale!!! Siempre acordándote de mí, muchas gracias!!! Muy sabia tu visión de Facebook. Yo hace rato que ni abro mi cuenta. Gracias por el artículo: si es cuestión de darle por el lomo a Coelho, le daré su debida difusión.

      Besos, besos, besos!

      Fer

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  9. Me alegra que fueras a esa reunión aunque sólo fuera para contarlo después. Creo que está bien pasar por esos lugares con una mirada distinta, hacer bluff a todos esos fantasmas que solo eran humo pero que metían tanto miedo. me resulta muy curioso que la mayoría de las personas que conozco que han ido a colegios de monjas cuentan las mismas historias, pero como tú y tus amigas siempre encontraban la forma de ponerle a alguna el chicle en el culo como revulsivo a su tiranía.

    En fin, lo del colegio de monjas solo es un matiz de la sociedad en la que vivimos y lo que se espera de nosotras, las mujeres. No fui a colegio de monjas pero eso no me libro de muchas otras canalladas represivas que estaba a la orden del día.

    ¡Y me encanta, me encanta cómo lo cuentas!. Vamos, que parece que una está allí, con el canapé en la mano, a punto de meter baza en esas conversaciones tan intrascendentes como esperables.

    Y eso sí, a esas reuniones, ponte siempre mona, eh?

    Un besazo muy fuerte.

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    1. Pensé igual que tú, mi querida Angie: ¡qué suerte que fui! Ahora tengo algo sobre lo cual escribir una mañana lluviosa, ¡ja,ja! Es increíble cómo se repiten las historias de humillación en la educación cuando miramos hacia atrás. Han cambiado los tantos bastante, creo. Ahora quienes somos más humillados en general somos los profes, y son los padres los más propensos a hacerlo...
      Te haré caso y me pondré siempre muy mona para estas lindísimas ocasiones de canapé en la mano que tanto disfruto;)!

      Un besazo enorme y mil gracias por la visita.

      Fer

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  10. Ese retroceder al pasado por imposición no debiera serlo, querida Fer...
    Podrías, sencillamente, no haber ido si tan fustigante te iba a resultar, porque es cierto que esas "reuniones" parecen preparadas y dispuestas para demostrar, pavonearse, salir a flote aunque sea por unas horas...
    Y para quien no es el caso...para sentir la tortura de un pasado que en ocasiones es mejor dejar atrás.
    Hala, he dicho yo que parezco doña sermones, jajajaja
    Perdóname, hermosa, lo hago sin darme cuenta y por supuesto, sin mala intención.
    Besos miles guapa.

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    1. El comentario de Andrea fue el que me hizo trastabillar, pero tienes razón, Marinel: no supe ver que ella es parte de mi presente - un presente que no me termina de cerrar así como está. Creo que en todo esto se puso a liar el futuro y el temor de no volver acompañada a ese pasado que a veces parece que hace falta revisitar...

      Besos miles y mil gracias ;)!

      Fer

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  11. Yo fui a un colegio mixto y laico durante el bachillerato, algo excepcional en aquella época. Eso no impidió que nos adoctrinasen con la dichosa Formación del Espíritu Nacional.

    Solo he asistido a una reunión de exalumnos al cabo de muchos años de dejarlo y pude comprobar que la gente cambia físicamente a peor, pero mantienen casi la misma personalidad...Mantengo algunos amigos de esa época y es inevitable hacer alguna que otra rememoración, pero no me gusta mucho volver al pasado. Sin embargo, tengo que reconocer que me agradan mucho tus narraciones. Tienes técnica, estilo y mucha sensibilidad.

    Muchos besos, estimada Fer

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    1. Muchas gracias, querido Luis Antonio. Estoy trabajando mucho en todo eso que tú notas y disfruto enormemente el hecho de escribir libremente. Hice unos talleres, que así se le llaman, pero he notado, sin demasiada sorpresa, que esas reuniones de autores son muy parecidas a las de ex-alumnos. La gente saca a relucir sus títulos, sus publicaciones, sus contactos, sus tarjetas, etc., y se pierden el verdadero intercambio más sensible y profundo que realmente enriquece. Además, se imponen límites de caracteres como en Twitter - cosa que detesto- para luego publicar lo que escribimos los participantes. Yo sigo sintiéndome más a gusto en el blog, donde recibo comentarios valiosos de personas valiosas como tú.

      Muchos besos!

      Fer

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."