18 de Mayo del 2013

Queridos Mamá y Papá:
Hoy, a 15 años de aquel radiante
y eternamente recordable día en el que devine madre y los hice abuelos por
primera vez, quiero regalarles estas palabras que me cuesta poner en la voz.
No sé si habrán sido las aguas
que inundaron mi living comedor el 2 de abril y que ustedes y mi hijos me ayudaron a
sacar a baldazo limpio, o cosa del Dios en el que creo con el alma, pero lo
cierto es que, como en un nuevo Bautismo de agua, renací a una nueva vida, una
nueva “yo”, una nueva vida, una vida mejor. Resucité con esta última Pascua
que compartimos.
Y parece que se sanó mi alma. Durante largos
años sólo veía el lado vacío del vaso, y nublaban mi visión de todo y de todos,
incluida yo misma, las sombras de esas pesadas mochilas y etiquetas que yo misma
me encargué de dejarme colgar sobre el lomo desde mi adolescencia, que hoy
transita este varón nuestro, tan amado por todos, y así me lleva a revisar mi biografía en
el reflejo que emana desde nuestra humana fragilidad. Hasta busqué gente que lucró
con mi ingenuidad y mi inmadurez y las reafirmaran, haciéndolas parecer aún más
reales y pesadas de lo que resultaban para mí.
Tenía que desandar ese camino
de devaluación personal yo misma, como lo hará en su momento nuestra
depreciada moneda, que tanto nos preocupa, porque todo es cíclico en nuestra historia, y siento que lo
logré para por fin asumir la responsabilidad de mi destino sin echarle el fardo por
nada a nadie que no ha sido más que abono para esta adulta en la que me convertí.
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Escribir me permitió contactarme
con almas sensibles y afines, incluso y especialmente a través del océano, desde
la tierra de mis ancestros, causal y no casualmente, cuyas voces y ecos fueron despejando mis dudas sobre quién soy, al hacerme notar y valorar que hay inteligencia,
sensibilidad y sentido común en la visión de la vida que me tocó vivir y
que comparto en palabras que echo a correr al viento. Y me dí cuenta de que ese gran baluarte, el de mis dones, se los
debo a ustedes dos.
No tuve la suerte de dar con mucha
gente afín en la vida real fuera de la familia, pero sí acá, en este espacio que visitan almas sensibles, con sus
propias luces y sombras, como las de todos, que miran lo que les comparto de las mías con ojos más indulgentes que los propios. Al escribir e intercambiar pareceres y sentires,
me doy cuenta de que no estoy tan sola en mi visión y experiencia de mi paso
por el mundo, y de que hay más personas
como ustedes, con cabeza, corazón, sensatez, sencillez, honradez, decencia y dignidad en el mundo ahí afuera que también
me nutren y mucho. Es un gran alivio y una reafirmación que siempre busqué y encontré para así poder encontrarla dentro de mí.
Escribo sobre mi biografía, la
de ustedes, entrelazada a la mía, la de los asturianos y gallegos que viven en
mí y a quienes no les dí la debida importancia en su momento, pero con quienes
ahora me encuentro en sueños diurnos y nocturnos, y me hablan, me miran, me
entienden, les susurro y me escuchan. Y así voy exorcizando fantasmas, además
de darme el gusto de colgar sus imágenes en este mundo virtual que parece ser
el real en estos tiempos, aunque no los confundo. Vaya ésto como homenaje al
árbol que ellos plantaron y que dio buenos frutos a través de ustedes y a
través nuestro, en nuestros nobles y florecientes robles: nuestros hijos amados,
sus nietos. Es el libro de la vida que todos dejamos escrito de una manera u
otra, vida que voy andando como una rueda y buscando cerrar en su núcleo identitario, aunque quede vida
para rato, o no. No me importa tanto la cantidad como la calidad de mi paso por
este mundo, este crecimiento personal que me hace sentir bien plantada, que me
lleva a mirar, valorar y agradecer todo lo que ustedes le dieron a este árbol
cuyas ramas somos todos nosotros y que ellos primero y ustedes después regaron y abonaron con el amor que nos dan y siempre nos
dieron, ese que ahora, por ley natural, nos toca abonar y cuidar a nosotros.
Fue el mejor psicoanálisis sin
psicoanalista que hice, de ahí su trascendencia y relevancia en mi mundo, que
hoy, a pesar de lo que digan los diarios y muestre la tele, se me hace un lugar
calentito y luminoso como aquel bendito día en el que traje a ese adorado varón de 2,100 kg. a casa, hoy transformado
ya en un hombrecito, llorando de felicidad pura con él a upa al subir las escaleras con las que a
gatas podía y con ustedes como respaldo
incólume.
Logré subsanar las heridas que
mi alma endurecida no lograba cerrar: hasta voy perdonando a mi familia política y familia al fin, a quienes no les entré bien, y que desde sus humanas
limitaciones le enviaron a través de la señora que limpia su casa una cartita
de pedido de sanación al Padre Ignacio cuando me sequé con el Sjögren. Me llegó
una estampita desde Rosario como bendición y un manantial de agua fresca para seguir bebiendo y dando de beber. Yo creo en esos milagros sanadores, gestos del
amor humano del más puro y desinteresado, más que en los medicamentos y la
docena de médicos que me enfermeraron más de lo que me ayudaron a curar, porque
no había nada más ni nada menos que sanar mi espíritu, y ese era un camino que
me tocaba recorrer sola para por fin llegar a ser una mujer madura y sana para mí, con y para todos ustedes.
Tuve además, y por sobre todo
esto de escribir, desde luego, la enorme fortuna de encontrar un compañero de
ruta a quien amo profundamente y que me apuntala y valora como yo jamás lo
había hecho. Le doy gracias a Dios por él, por mis hijos, por ustedes, por mi
amorosa hermana y la bella familia que formó, que es la mía también, por la
vida que ustedes me ayudaron a construir material y espiritualmente, en
presencia y apoyo constantes, y a lo que mis genes me prodigaron y que supe
desplegar y capitalizar, aunque no cotizan en la bolsa de valores, pero cuyos
frutos fecundos son de un valor inestimable y serán lo que me lleve y deje como herencia de
este mundo.
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| (Esta es mi hermana, que pidió fotoshop...¿pueden creer? No soy yo, ¿eh? Esta es la morocha arrrgenntina...) |
No los quiero hacer llorar ni
reventar más arterias, pero permítanme pedirles perdón por esta década oscura con golpes duros que me hundieron y que
siento que dejé atrás, ya a punto de cumplir mis 45 años. Perdón por mi
ingratitud y mi ceguera, por mi egocentrismo y sordera, por esa necesidad de atención,
reafirmación y valoración que buscaba erróneamente en los demás, ignorando que
tenía que satisfacerla buceando y desenterrándola, desde lo profundo de ese
océano que somos todos, de las ostras donde se escondían las perlas que hoy son
esas heridas que voy sanando y que llevo en mí como cicatrices del buen combate
de la vida. Eso es algo de todo lo que quisiera decirles, pero me sale
más fácil por escrito.
Un beso con abrazo y un GRACIAS ENORME, aunque gracias hacen los monos,
¿no, Pá?
Fer
A boca de jarro
(Todas las fotos, excepto las mal sacadas, han sido tomadas por mi padrino, el hermano menor de mi papá, mi Tío Chaly, una rama fecunda de mi árbol)


































