miércoles, 25 de marzo de 2015

Soy una mujer


Salvador Dalí, "Mi mujer desnuda contemplando su propio cuerpo convirtiéndose en escalera, tres vértebras de una columna, cielo y arquitectura", 1945.


Los días en los que no se me ocurre nada para escribir, leo. Estoy revisando papeles viejos, hojas amarillas arrancadas de vaya a saber una dónde, en las que hay textos inspiradores que me hubiese gustado crear a mí. Este es uno que aplica para este día en el que me toca otra entrevista laboral más. Desconozco su autoría.

Soy una mujer

Soy una mujer que en ocasiones se pierde
en preguntas sin respuesta
aceptando su propia realidad 
y se resiste 
a la desesperación
 de la incomprensión del mundo.

Sólo soy así, una mujer,
cuya pasión incontrolada me lleva
a lugares invisibles para las mentes comunes,
que, segura de su alma,
se lanza al vacío de una vida
que le atrapa con la intensidad
de sus contadas horas.

Sólo soy así,
una mujer creadora de sueños,
pues imagino mundos diferentes
en los que soy y en los que no soy.

Sé que soy una mujer imperfecta,
cuya fe es su fuerza
para entender el mundo ausente,
aquella que conociéndose a sí misma,
comprende su esencia.

Sólo soy así, una mujer que ama con entrega,
con fuerza incontrolable,
sin la reserva de la duda
y con el alma desnuda;
aquella que siente la magia de los deseos,
la que se alimenta del sueño de Dios,
que halla inspiración en todo momento
y que cuando siente dolor,
indiferente, se cierra en su caparazón.

Soy así,
una mujer que cae,
que se levanta con coraje,
que no teme al mundo,
que desconoce, que ansía, que sufre,
que se apasiona, que se avergüenza,
que reconoce, que huye, que se aleja,
que no tiene nada,
que sólo se tiene a sí misma.

Tan sólo soy una mujer...

A boca de jarro

martes, 24 de marzo de 2015

El empleado público

Mafalda, Quino

“Los que trabajan para delincuentes… ¿qué son? 
¿Son delincuentes?”

Bombita Rodriguez, "Relatos salvajes"

     Es como entrar al zoológico, un bestiario del asfalto infectado de burócratas. En la puerta están los perros que te gruñen y te muestran los dientes ni bien traspasás el umbral. En el escritorio de recepción, los linces; en el escritorio de atención, las tortugas, las gatas o los cuervos, depende de cuál te toque. Incluso me pareció verle el hocico puntiagudo a alguna rata por ahí. En el piso de arriba se deslizan por el piso las víboras, y, si subís a los pisos más altos del elefante blanco que alberga al nefasto edificio, seguro te la dan en la yugular. Subas o no, salís de ahí envenenado con ganas de tener de amigo a Simón Fischer, alias Bombita Rodríguez, para que vuele el edificio sin lastimar a ningún animal, pero que lo vuele de una, eso sí, y entonces, de una puta vez, nos dejen de chupar la sangre a quienes tenemos que pagarle al fisco el impuesto al mono. Los monos venimos a ser nosotros, los que dejamos una buena parte de nuestros magros ingresos por hacer tantos malabares para poder trabajar


      En la  puerta hacés cola indefectiblemente aunque llegues con la primera orina de la mañana. Vienen los burros de carga del bar de la esquina a traerles a las bestias burócratas su café con leche con medialunas de manteca o grasa para que consuman antes de las diez de la mañana, que es la hora bacana a la que empiezan a trabajar. Bah, trabajar es una forma de decir: hacen como que trabajan, montan todo el show, y te hacen envidiar tener un laburito así, de diez a cuatro, en una oficina con aire acondicionado, numeración digitalizada y computadoras a carro a las que siempre parece colgárseles el sistema cuando llega por fin tu turno.


   Vos te sentís poco menos que un delincuente, siendo simplemente un trabajador que pretende ganar unos pesos y estar en regla. Te toman las huellas dactilares, registran tu firma, te piden fotocopia de tu documento, te dan formularios nomenclados por letra y número para llenar y te despachan rapidito a casa para que hagas todo lo importante online porque ellos ni se mosquean. Yo me la juego que si le ofrezco unos mangos como cuando le tirás lechuga fresca a una tortuga, viene a comer de tu mano antes de lo que canta un gallo, pero a mí para coimear así no me da. No soy tan rata como las que se pasean por las noches sobre el cablerío de la ciudad ni como las que anidan acá. Admito que soy muy mal pensada, como buena porteña de raza y argentina de ley.

   Justo de toda esta fauna variopinta me vino a tocar la tortuga a mí, que me carcome la ansiedad. Tenía cierto aire a Steven Hawkings a pesar de que su cerebro era claramente del tamaño de un mosquito. Le planteo escuetamente cuál es mi cuestión, siendo la segunda vez que voy en menos de un mes sin poder resolver el tema y habiendo saldado todas las deudas de intereses acumulados por pagos atrasados, y el tipo ni siquiera establece contacto visual conmigo. Con la mirada fija en la pantalla de su ordenador y relamiéndose el labio superior por algunos minutos y, por otros, que se hacen tan largos como el chicle de menta que rumiaba el lince de admisión, hurgando los restos de medialuna entre sus dientes con la lengua, me tiene frente a él en absoluto silencio indiferente durante siete minutos contados por reloj. Perpleja, miro para los costados y observo que en las otras jaulas fluye la cosa un poco más. Tamborileó los dedos sobre el escritorio, revuelvo todos los papeles que llevé prolijamente en una carpetita plástica azul, y nada, sigue colgado a la máquina dándole a la lengua sin parar. Le digo tímidamente que el lince de admisión, que mascaba su chicle alevosamente de costalete mientras me hablaba, me había derivado a él para obtener un instructivo y terminar el trámite por mi cuenta. Cuando ya no quedaba ningún resto de migas hojaldradas por limpiar dentro de su cuadrada boca de tortuga terrestre, mete la lengua adentro, tira la mandíbula para atrás y me dice, tan lentamente como ha venido procediendo, que no existe ningún instructivo para lo que requiero. Le explico que mi felina contadora me envió a solicitarlo y que el lince de la entrada me mandó a encontrarlo acá, y entonces frunce todo lo arrugado y gris de quelonio que lleva por rostro, mete el índice derecho que levanta del ratón bajo sus garras sucias y largas en la oreja, se rasca bien adentro e insiste en su tesitura exasperante de reptil urbano, vago e inútil, me manda a casa a entrar a la laberíntica página de la AFIP, accediendo por enésima vez con mi número de CUIT y mi nueva clave fiscal que tramité hace dos semanas en el mismo sector, y, una vez allí, habiendo comprobado que todos mis datos hayan sido debidamente cargados al sistema, me dirija a la sección de "Preguntas Frecuentes" para encontrar la respuesta a esta duda que me carcome el bocho hace más de un mes ya. Yo, como tantos, me pregunto frecuentemente si haber nacido en este país nos ahorrará algunos años de purgatorio, y, como soy muy mal pensada, como buena porteña y argentina de ley, me la juego que sí. Otro consuelo no hay.




                     Relatos Salvajes- fragmento de "bombita"


A boca de jarro

lunes, 16 de marzo de 2015

La entrevista

Antonio Seguí, El Dueño de la Ciudad, 1995


  A las apuradas me vestí de profesional urbana luego de haber estado fregando toda la mañana. Era un manojo de nervios empapado de sudor. Me duché, manoteé el último frasco de perfume importado que me queda, me rocié debajo de las orejas y sobre las muñecas, me puse la mejor ropa que tengo, los tacones que jamás uso y salí a la calle a cazar un taxi y así no llegar tarde con la cartera de cuero al hombro, la que reservo para ocasiones especiales. Últimamente estoy llegando tarde a todas partes, no sé por qué será, y para la entrevista hay que dar una buena primera impresión. Sí, ya sé, soy tan anticuada que aún creo que la puntualidad ayuda.

El auto estaba sucio pero fresco en su interior y en un soplo me llevó por la avenida sobre el asfalto líquido derretido por el implacable sol de febrero. A esa hora de la tarde a fines del verano en Buenos Aires el tránsito suele fluir bastante. Le pedí al taxista que me dejara en la esquina para poder darme vuelta la remera, oculta en en el hall de alguno de los edificios de la zona, ya que, en el apuro, me la había puesto al revés, y para poder peinarme otro poco porque el pelo estaba todavía algo húmedo de la ducha. Mientras me ponía a tono, me acordé de mi digna abuela asturiana que me decía que cuando te ponés algo al revés es porque vas a recibir algún regalo. Con el tiempo se aprende que en este mundo nadie te regala nada, pobre asturiana, ella también lo aprendió bien y lo digirió a fuerza de mucho mate siendo una inmigrante almacenera aporteñada.

Pasé por la puerta dos veces antes de entrar y estudié bien el lugar. No me gustaba como lugar de trabajo, en Internet se mostraba algo distinto, pero no tenía opción, había que entrar y ver de qué se trataba. Me hizo esperar debidamente mientras despachaba a dos veinteañeras mal entrazadas y me sentí horrible. Yo, en su lugar, no dejaría que los entrevistados se cruzaran pero, de nuevo, en eso también debo ser antigua. Las despidió y me hizo pasar a su oficina, sobria y sombría. Enseguida pasó al inglés, un inglés rasposo plagado de errores gramaticales que me daban ganas de corregirle aunque podía llegar a ser mi empleador. Me hizo preguntas que parecían sacadas de un libro de esos que enseñan a conducir entrevistas de trabajo exitosas y que poco tienen que ver con lo verdaderamente relevante en la profesión docente. Quedaba claro que el tipo había vivido unos años en el exterior y que había hecho algunos cursos pero que de profesor no tenía nada. Lo que llamaríamos un verdadero chanta y caradura, que es lo que hay y abunda. Me lo confirmó a medio tramo de la charla: había pasado once años viviendo en Nueva York, igual que mi abuelo vivariense que toda la vida laburó de camarero en la Argentina y nunca tuvo el tupé de ponerse a enseñar inglés. De esa estirpe honrada, trabajadora y pasada de moda vengo yo. Ahora cualquier ignoto con guita se monta un instituto y pretende contratarte a vos, que te rompiste el alma estudiando para tener un título habilitante, por dos mangos con cincuenta la hora y en negro. Ahí fue donde pisé el palito, cuando me preguntó cuánto pretendía ganar por hora de trabajo. Se le estiraron los ojos, se le dibujó una sonrisa burlona, y me dijo, sin ningún desparpajo, que si yo lograba que alguien me pagara eso en la Argentina de hoy, se venía a trabajar conmigo. Como una chiquilina recién recibida me puse toda colorada. No pedí ninguna exorbitancia, más o menos lo que alcanza para llenar un carro de supermercado en la compra grande del mes por tardes enteras de trabajo, corrección y planificación no incluida como siempre en este país, con más de veinte años de experiencia sobre el lomo y buenas referencias. Así y todo, le parecí cara, y me dijo que cualquier cosa me llamaba, me abrió la puerta y ni siquiera se quedó con el curriculum que prolijamente había imprimido, enfoliado y llevado en un sobre de cuero precioso.  

Emergí a la luz y los bocinazos de la avenida sintiéndome más perdida que cuando empecé la búsqueda y, encima, humillada y de nuevo empapada en transpiración. Pasé por una peluquería que hace belleza de pies y manos, permanente de pestañas y botox capilar. Estaba abarrotada de mujeres de mi edad. Pensé que podría hacer un curso de peluquería en algún momento del año: seguro que me va mejor que como profesora de inglés, aunque las empleadas también son todas jovencitas tatuadas y teñidas de colores raros o con las puntas del cabello largo y grueso desgastadas, y a mí ya no me da el cuero para hacerme todo eso. Ya que estaba con el curriculum bajo el brazo, me fui caminando hasta otro instituto de la zona que pinta mucho mejor, aunque nunca me llamaron, y esta vez, en lugar de mandarlo por mail como es la moda, se lo entregué en mano al secretario que me abrió la reja con un timbrazo de portero eléctrico. 

Soy profesora de inglés. Acá te dejo mi curriculum por si necesitan una profesora con experiencia en exámenes internacionales.

Me volví a casa en colectivo. Para otro taxi ya no daba. Y ahí sentada en el último asiento, junto a la ventanilla, miré al cielo límpido de aquella tarde de otro febrero de entrevistas y supe que ya no volvería a enseñar nada a nadie nunca más. Entonces, apreté los ojos, fruncí los labios, escondí mis ojos tras mis manos y me descocí en un puchero de esos que son más para adentro que para afuera cosa que casi nadie lo llegue a notar.

Antonio Seguí, Mujer Urbana, 1999, Córdoba, Argentina


A boca de jarro

viernes, 13 de marzo de 2015

A veces



Hoy me encontré con una pila de papeles donde anoto poemas o frases que me motivan por alguna razón. Este poema es un buen ejemplo, y está tomado de algún libro que pedí prestado y sólo han quedado las notas manuscritas en un anotador. El original es en inglés y dice así:

 Sometimes

Sometimes things don´t go, after all, from bad to worse.
Sometimes green thrives; the crops don´t fail,
Sometimes a man aims high, and all goes well.
A people sometimes will step back from war,
Elect an honest man, decide they care enough,
That thay can't leave some stranger poor.
Some men become what they were born for.

Sometimes our best efforts do not go amiss;
Sometimes we do as we are meant to.
The sun will sometimes melt a field of sorrow
That seemed hard frozen:
May it happen for you.

From "Poems on the Underground", 1998, Cassell.

Aquí va mi traducción, aunque se pierda la rima del original y aunque estoy muy lejos de ser poeta. Soy tan sólo una mujer que esta madrugada desvelada necesita de estos versos en su lengua materna luego de un día agotador de calor, sin novedades en el frente laboral cuando todos ya han arrancado con sus actividades y sin luz en casa. Una mujer que necesita creer que esto puede ser posible:


 A veces

A veces las cosas no van, después de todo, de mal en peor.
A veces el verde prospera, los cultivos no se malogran.
A veces un hombre apunta alto y todo sale bien.
Un pueblo a veces no hará la guerra,
Votará a un hombre honesto, decidirá que le importa lo suficiente,
Que no puede dejar a algún extraño en la pobreza.
Algunos hombres se convertirán en aquello para lo que han nacido.

A veces nuestros mayores esfuerzos marchan bien,
A veces hacemos aquello para lo que hemos sido llamados.
El sol a veces derretirá un campo de sufrimiento
Que parecía congelado:
Que así sea para ti.

 Tomado de "Poemas en el subterráneo", 1998, Cassell.


A boca de jarro

jueves, 5 de marzo de 2015

Luna llena en Buenos Aires




Luna llena en Buenos Aires esta noche
Sol viejo de verano en la calle
Miro las estrellas de este cielo
En busca de una señal en mi destino
Pero no contestan
Cansadas ya de tantas preguntas

Las respuestas no están en el aire...

A boca de jarro

domingo, 1 de marzo de 2015

Relatos Salvajes



"Relatos Salvajes", una película argentina coproducida por los españoles Agustín y Pedro Almodóvar, habrá perdido el Oscar en la categoría Mejor película de habla no inglesa en la 87 ª edición de los premios de este año pero no deja de ser una formidable apuesta del joven y brillante Damián Szifron, quien la escribió y dirigió con la promesa de que su próxima película será hablada en inglés. Sería una pena que este talentoso cineasta dejara de plasmar la idiosincrasia argentina como lo ha hecho en esta atrapante y por momentos hilarante cinta. Se trata de mucho más que una comedia negra, como algunos se empeñan en categorizarla. Es un auténtico retrato de aquello que saca lo peor de los personajes dentro del marco de su argentinidad, plasmado en seis relatos cortos con un timing perfecto, yendo del más breve al más largo hacia el final. En cada uno, por alguna situación puntual, se desata la ira del protagonista llevándolo al borde de la locura. 

No voy a adentrarme más que en un relato en particular, el que nos toca a todos siendo eso lo que lo hace especial: el cuarto de los seis de esta genial antología, protagonizado por Ricardo Darín en la piel de Simón Fisher, apodado "Bombita". Se trata de un ingeniero experto en explosivos quien, luego de tirar abajo unos enormes silos exitosamente, recibe un llamado de su esposa al celular recordándole que debe comprar una torta de cumpleaños para su hija antes de regresar a casa donde se desarrollará el festejo. Para cumplir con dicho pedido, estaciona el auto en una calle céntrica y desciende para ingresar a una confitería donde le cobran una exorbitancia por una torta de cumpleaños y le regatean el comprobante de compra, como suele sucedernos aquí cuando de comprar se trata. Al salir del comercio, descubre para su asombro que su automóvil ha sido acarreado por haber estado mal estacionado a pesar de que no había señalización alguna que advirtiera de la infracción por la cual debe dirigirse a la playa de estacionamiento de infractores en taxi para reclamar por la injusticia que se ha cometido.  




Allí comienza la lucha quijotesca de este entrañable personaje contra la burocracia y el curro argentinos. Paga la multa contra su voluntad para poder llegar al festejo pero, como es de suponer, se encuentra con un embotellamiento de tránsito típico de la hora de regreso y llega tarde. Su esposa le recrimina que su familia siempre está en segundo plano y que su idealismo lo lleva a pelear contra realidades que no podrá cambiar para finalmente anunciarle de manera sarcástica que lo va a dejar. Al día siguiente acude a hacer el reclamo por la multa al Gobierno de la Ciudad suponiendo que será atendido debidamente pero vuelve a toparse con otro engranaje de la máquina burocrática. Es entonces cuando estalla en ira, toma un matafuegos de la pared e intenta romper el panel de vidrio blindado que lo separa del empleado a quien trata de "delincuente". Consecuentemente, queda detenido por las autoridades policiales y encarcelado. Todo lo sucedido queda registrado por las cámaras de seguridad y al día siguiente, ya liberado, un compañero de trabajo que lo va a buscar le muestra el periódico y le avisa que, por lo sucedido, será desvinculado de la empresa. Por su condición de desempleado y su agresividad pierde además la tenencia de su hija en el juicio de divorcio que se da a continuación. Intenta encontrar un nuevo empleo y su automóvil es nuevamente acarreado. Paga la multa en una especie de epifanía fabulosamente musicalizada por el galardonado Gustavo Santaolalla para retirar su vehículo aunque esta vez comienza a elucubrar su venganza contra el sistema. Una vez en casa, carga su baúl de su vehículo con explosivos y aparca su auto en un lugar de estacionamiento prohibido para que lo acarreen mientras observa la escena desde una confitería tomando un café con medialunas. La grúa acude infalible, el auto es remolcado al playón de infractores, y en el momento más oportuno, al cual le da pie el magistral guión, estalla de modo tan preciso que no hiere a nadie y destruye parte de las instalaciones del centro de remolque. Por este hecho "Bombita" es encarcelado para convertirse en un suceso en las redes sociales, recibiendo mensajes de aliento de los usuarios, ya que logra que por fin se revea el contrato del Gobierno de la Ciudad con el sistema de acarreo. Sobre el cierre del relato su ex-mujer lleva un pastel de cumpleaños a la cárcel para el ingeniero quien es aplaudido por los otros presos  y los oficiales que lo custodian.



Hay detalles de filmación localistas sumamente jugosos, como la toma en la cual se ve al ingeniero descender de un típico taxi porteño amarillo y negro envuelto en el humo que arroja un puesto callejero de garrapiñada. Los efectos especiales son para destacar, sobre todo la voladura del edificio y en una toma soberbia en la que "Bombita" retira lo último de efectivo del que dispone para pagar su segunda multa de un cajero automático. Es un verdadero privilegio ver cine argentino de tamaña calidad técnica y actoral, con un guión realista y sarcástico que coquetea con nuestra más descarnada argentinidad y ahonda en realidades que nos son propias. Una película absolutamente recomendable.



                    Relatos salvajes - Trailer Oficial (2014) HD

A boca de jarro


jueves, 26 de febrero de 2015

Expresándome




Hoy me encontré con una frase inspiradora en la remera de una vendedora de uniformes que me pareció poesía simple y pura,  algo así como aquello que se conoce en términos literarios con el nombre de caligrama o poesía visual. La llevaba puesta quien me atendió en la tienda de uniformes, a la cual ya fui varias veces en estos últimos días ya que estoy ocupada acopiando materiales y vestimenta escolares para mi hija, que comienza el lunes próximo su último año de la escuela primaria, y para mi hijo, que comienza su último año de la escuela secundaria. A su vez, mañana tengo mi enésima entrevista laboral y les pido que crucen los dedos porque en verdad extraño la docencia y deseo volver a las aulas.

El caligrama dice así:

"Live 
life 
to express

 Not 


to impress.


 Work 


for a cause


 Not 


for applause.


 Dont't strive 

to make your presence noticed

 Just your absence felt."





Se las traduzco tratando de conservar al menos la rima:


"Vive 
la vida 
para expresar

no 

para impresionar.

Trabaja 

por una causa

No 

para ser aplaudida.

No intentes 
hacer notar tu presencia
Tan solo que sientan tu ausencia."


Si conocen al autor, me avisan. Gracias por la compañía de siempre.





A boca de jarro

jueves, 19 de febrero de 2015

Marcha del Silencio


Ayer participé de un acto tan conmovedor como multitudinario. Cientos de miles de seres bajo sus paraguas, como en aquel histórico 25 de mayo de 1810, marchamos en silencio bajo la lluvia para honrar la memoria de un hombre que falleció en la madrugada del 19 de enero en circunstancias confusas y violentas que aún hoy no se han esclarecido. No se decretó el duelo nacional correspondiente por la magnitud del suceso ni tuvimos nuestra bandera a media asta por la muerte de este Fiscal de la Nación Argentina quien llevaba adelante, por encomienda del Poder Ejecutivo de la Nación, el caso del atentado de la AMIA, acaecido el 18 de julio de 1994, dejando un penoso saldo de 85 víctimas fatales y alrededor de 300 heridos. No puede decirse que aquel atentado terrorista fue simplemente un ataque a la comunidad judeoargentina, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, ya que muchos otros resultaron heridos, entre ellos, por dar un ejemplo cercano, bien podría haber muerto mi propia hermana, estudiante cristiana, que pasaba cerca de la cede de la AMIA situada en el barrio porteño del Once aquella fatídica mañana camino a la Facultad de Medicina cuando se produjo la temible explosión. Como el mismo Fiscal Alberto Nisman dijera en su última y contundente aparición televisiva en televisión abierta:"Un gobierno puede escoger la política exterior que quiera, es legítimo, lo que no se puede es limpiar una causa porque sí...", como él sostenía que se estaba haciendo con la causa AMIA.  Su acusación iba a ser presentada ante el Congreso de la Nación dos días después de que falleció y había sido abalada por 90 países.

La noticia de la muerte de Nisman golpeó a gran parte del pueblo argentino con consternación, confusión y dolor, como la muerte de cualquier ser humano lo hace. Dejó dos hijas huérfanas, una madre sin hijo y un tendal de fiscales de su equipo temerosos y desorientados. Más allá de toda ideología política, lo que quedó al descubierto con esta muerte es que somos muchísimos los argentinos que sentimos hambre de verdad y de justicia, no simplemente a través de la suma de datos, sino verdaderamente desenterrando de entre los escombros de aquel derrumbado edificio de la AMIA los hechos oscuros y pútridos y la escandalosa impunidad que los recubre. Necesitamos que se nos trate con respeto como a una sociedad adulta. Lo que demostró la Marcha del Silencio bajo la lluvia, y a pesar de ella, o tal vez, gracias a ella, es que la necesidad de verdad, de justicia, de confianza en nuestras instituciones y de respeto por parte de las máximas autoridades hacia todo la ciudadanía conforman la única  manera en la que podemos sostener la mirada hacia un futuro viable para todos nosotros, el deseo de crecer y de construir una verdadera República, y todo ello se ha hecho más fuerte entre nosotros a partir del 19 de enero y llegó a su punto máximo el inolvidable día de ayer. En esta Marcha no hubo insultos, agresiones ni violentos desmanes o incidentes para lamentar. Todo se desarrolló en paz con una multitud que nunca antes había visto congregada en las calles céntricas de mi ciudad y que sólo portaba banderas argentinas e interrumpía su silencio para aplaudir, clamar por justicia, vivar el nombre del país o entonar las estrofas del himno argentino.


Ha quedado claro que queremos justicia e instituciones que cuiden del bien común. Estamos rebosantes de preguntas en ebullición que incomodan pero que a su vez  claman por ser respondidas debidamente para que se puedan abrir caminos y construir puentes que necesitamos atravesar en paz y así lograr mirarnos a los ojos y no encontrar en el "el otro" a un enemigo, como nos han tildado a quienes participamos de esta Marcha a la cual adhirió el Poder Judicial de la Nación. Quedó demostrado que nosotros tampoco tenemos miedo ya que no tenemos nada que ocultar. Somos millones de ciudadanos decentes y trabajadores que sólo deseamos vivir en paz y prosperar, abrazar lo diverso y aprender el respeto mutuo. He llegado a ver discapacitados en sus sillas de ruedas o apoyados en sus muletas marchando en silencio bajo la profusa lluvia de la tarde noche del día de ayer, familias con hijos pequeños en brazos, abuelos apoyándose en sus nietos para llegar hasta la Plaza de Mayo.


Hoy no sentimos que sigue todo igual que antes de la Marcha. Hoy nos sentimos orgullosos de haber sido partícipes de un acontecimiento histórico y sin precedentes, con fuertes ecos en todas partes del país y del mundo, que, confiamos, marcará un nuevo rumbo para nuestra vapuleada nación. Aquí les dejo el testimonio del Fiscal cuya memoria honramos ayer en las calles de Buenos Aires unas 400 mil personas.



A boca de jarro

miércoles, 18 de febrero de 2015

Como el juez a la verdad

"Lo más atroz de las cosas malas de la gente
es el silencio de la gente buena."
Mahatma Gandhi

Cuando era adolescente, allá por los años ochenta, escuché esta canción por primera vez y nunca más se me olvidó. Son esos temas que se canturrean bajo la ducha, en el auto o por lo calle toda la vida. Por entonces, se me hacía una canción de amor. Hoy por hoy, se me hace un himno a la Verdad que buscamos tantos en esta tierra. Se la dedico, pues,  hoy más que nunca, a la VERDAD y a la memoria de un hombre que no ha sido debidamente homenajeado por su valentía y su apego a la VERDAD aunque hoy no voy a cantar. Hoy marcharé en silencio en honor al respeto por la VIDA y la VERDAD.

Como el juez a la verdad 

Tengo los ojos vencidos
de andar tanta noche, tanta soledad
y si imagino tu cuerpo
mis cinco sentidos se despertarán.

¿Cómo pasó tanto tiempo,
tanta primavera, sin ninguna flor?
Y si mañana te encuentro,
te abrazo y te cuento 
mi historia mejor.

Te necesito como el juez a la Verdad,
te necesito sin perdón, sin vanidad,
Te necesito sin temor, sin vacilar
te necesito, singular.

Vengo con tanta nostalgia
de un país lejano que ya quedó atrás:
traigo tan pocas palabras
que apenas me sirven para recordar.

Tengo una aguja y un hilo
cosiendo caminos
que vienen y van
pero la vida me dice
que cierre las puertas 
este es mi lugar.

Te necesito como el juez a la verdad, 
te necesito sin perdón, sin vanidad,
te necesito sin temor, sin vacilar,
te necesito, singular.


Sandra Mihanovich, 1984




A boca de jarro

lunes, 9 de febrero de 2015

Las puertas de la percepción

William Blake, El cuerpo de Abel descubierto por Adán y Eva, 1825, acuarela sobre madera.


"Si las puertas de la percepción
quedaran depuradas,
todo se habría de mostrar al hombre
tal cual es: infinito"
WILLIAM BLAKE

Con este epígrafe del visionario, poeta, grabador, artista plástico inglés e inspirador de muchos artistas famosos tales como Jim Morrison,  William Blake  quien, a pesar de su genialidad, se consideraba a sí mismo simplemente un artesano y sufría enormemente debido a su personalidad compleja y a sus percepciones de un futuro apocalíptico para la humanidad  , abre el libro Las puertas de la percepción de Aldous Huxley, cuyo título original es Doors of Perception. Se trata de un ensayo escrito en 1954 por el autor de la genial distopía Un mundo feliz (Brave New World), obra que despertó mi admiración tanto como las novelas orwellianas. La novela precedió al ensayo de Huxley, el cual ahonda sobre los efectos de las drogas alucinógenas. Huxley describe sus propias experiencias con el principio activo del peyote, denominación mejicana del cacto o cactus, venerado como deidad por los indios de Méjico y del sudeste de los Estados Unidos, y muy conocido por sus alcaloides psicoactivos, entre ellos la mescalina, principal sustancia responsable de sus efectos psicodélicos. La mescalina posee una larga tradición de uso tanto medicinal como ritual entre los indígenas americanos y está extendida mundialmente como enteógeno y complemento de diversas prácticas, entre las que se encuentran la meditación y la psicoterapia psicodélica. Huxley asume que el cerebro humano filtra la realidad y no permite pasar todo el espectro de impresiones e imágenes que percibe bajo los efectos de alucinógenos como el que él ingiere. Así es como se logra abrir "las puertas de la percepción" que, según él, sólo se le habilitan de manera natural a los grandes artistas como Blake, a los místicos o a los iluminados, y comienza a notar que los objetos cotidianos adquieren una relevancia e interés inusuales. Espacio y tiempo son nociones que se vuelven irrelevantes y la percepción aumenta llegando a ser sobrecogedora. Huxley propone una serie de preguntas interesantes luego de hacer una contundente afirmación acerca de la percepción:

"Vernos a nosotros mismos como los demás nos ven en un don extremo conveniente. Apenas es menos importante la capacidad de ver a los demás como ellos se ven. Pero ¿qué pasa si los demás pertenecen a una especie distinta y habitan un universo radicalmente extraño? Por ejemplo, ¿cómo puede el cuerdo llegar a saber lo que realmente se siente cuando se está loco? O, a menos que también se haya nacido visionario, médium o genio musical, ¿cómo podemos visitar los mundos en los que Blake, Swedenborg o Johann Sebastian Bach se sentían como en su casa?"

A toda persona ordinaria le despierta interés y curiosidad la vida de aquellos que trascienden por algún motivo en particular, dado que todos compartimos ese genuino deseo de trascender. No obstante, como bien apunta Huxley en otra parte de su ensayo:

"La mayoría de los hombres y mujeres llevan vidas tan penosas en el peor de los casos y tan monótonas, pobres y limitadas en el mejor, que el afán de escapar, el ansia de trascender de sí mismo aunque sólo sea por breves momentos es y ha sido siempre uno de los principales apetitos del alma."

A continuación, el autor hace una lista de lo que él mismo denomina "modificadores de la conciencia", en la cual incluye al arte, la religión, los carnavales, los saturnales, el baile, el alcohol, el tabaco y las drogas prohibidas en Occidente. Ya en Mundo feliz Huxley presenta al soma como la única forma de soportar esa realidad aplastante del mundo de los personajes de la genial novela distópica, tal como hicieran los brahmanas en la época védica en la India.

Como lectora no siento que Huxley intenta hacer una exaltación del empleo de sustancias tóxicas como forma de escapismo. Sí me interesa el despliegue de su amplia cultura a través de ricas alusiones a diferentes artistas de diversos géneros y la exploración sin filtros ni tapujos que el brillante escritor realiza de esas experiencias sensoriales que, como adultos, todos buscamos de la manera que escogemos. Lo cierto es que el síndrome de la avestruz (no veo, no oigo, no hablo), está ampliamente extendido en nuestras sociedades, ese terrible miedo a enfrentar la verdad de lo que somos como comunidad y quienes somos como individuos y este no es el caso de Huxley, quien se muestra con total transparencia.

Una potente y esclarecedora lectura que coincide con un momento de apertura de las puertas de la percepción y de la búsqueda de la verdad por parte de una sociedad, la mía, indignada y harta ya de tanta impunidad y mentiras provenientes de las más altas esferas del poder. ¡Qué sean abiertas las puertas de la percepción por nuestro bien y el de nuestro porvenir!



A boca de jarro

imatge ampliada
The Marriage of Heaven and Hell ,William Blake, 1793.
"Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna."

jueves, 22 de enero de 2015

El Gran Bonete

La alusión es más que evidente...



En este país hace tiempo que estamos jugando al juego del Gran Bonete. ¿Se acuerdan? Nos sentábamos en ronda en el patio escolar o en la vereda y en el centro se ubicaba el argentino o la argentina, obvio, que hacía del Gran Bonete, ¿vos viste? Entonces decía bien alto:

- "Al Gran Bonete se le perdió un pajarito y dice que el Celeste lo tiene..." (señalando a cualquiera de los participantes, tenga éste último el color nombrado o no, para tratar de confundirlos, la típica avivada criolla).

Si el Celeste estaba atento, el juego procedía de la siguiente manera:

- "¿Yo, señor?"

- "Sí, señor."


- "No, señor."


- "Pues, entonces ¿quién lo tiene?"

- "¡El Blanco!"



Y así sucesivamente hasta que se descubría al que sí tenía al Gran Bonete. La diferencia entre este juego de niños, en el cual ya de chiquitos aprendíamos a tirarnos la pelota de uno a otro y a hacernos los giles, es que en el juego llegaba un punto en el cual la Verdad se descubría y aparecía el Gran Bonete. El que tenía al Gran Bonete se lo entregaba a otro y se continuaba jugando. En este país, en cambio, el Gran Bonete no aparece nunca a pesar de que está bien pero bien lleno. Tapa todas las Mentiras, los Afanos, la Corrupción, el Garantismo, La Desidia, la Ilegalidad, la Impunidad, el Crimen Organizado, la Mafia del Poder y un largo etcétera. Y la Gran Verdad nunca aparece. ¡Pobre de vos si sos víctima de un delito, si te matan a un familiar o si tenés un accidente de tránsito y tenés que ir a golpear las puertas de la Comisaría o de los Tribunales de Justicia! ¡Pobre de vos si sos el que destapa la olla! Olvidate. La Justicia está jugando al juego del Gran Bonete. Te van a investigar hasta los dientes, van a averiguar todo sobre vos, con pelos y señales, van a sombrar dudas sobre vos, te van a desacreditar, a vos y a los tuyos, vas a tener que sudar sangre para probar que sos la víctima y le van a dar todas las garantías al victimario, ya que los derechos humanos en este íspa son de mano única. Hace rato que cambiaron el sentido de la doble mano en ese plano. Van a pasar años hasta que alguien sensato lo restablezca, o tal vez será que nunca existió, que siempre todo fue Celeste o Blanco, que esos colores nunca formaron una sólida unidad, que el sol nunca brilló iluminando la Justicia en medio de ellos ¿quién te dice? Ya me cansé de leer libros de historia para tan sólo constatar la inoperancia de tantos que se encargaron de fundir lo que solía ser, no hace tanto, "el granero del mundo". Ahora nos salen granos por todo el cuerpo de indignación al ver como siguen jugando al Gran Bonete los encargados de hacer brillar el sol. ¡Sí, señora, se lo dije.! "¡Vamos por todo"!


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